Francisco, rumbo al “continente de la esperanza”

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Duración lectura: 11m. 59s.

“Mi deseo es estar con ustedes, compartir sus preocupaciones, manifestarles mi afecto y cercanía, y alegrarme con ustedes también”, ha dicho el Papa Francisco en un videomensaje enviado a los católicos y al pueblo en general de tres naciones del que Juan Pablo II llamó “el continente de la esperanza”: Ecuador, Bolivia y Paraguay.

El domingo 5 de julio, cuando aterrice en el aeropuerto de Quito, el Pontífice comenzará a estrechar las manos de aquellos a quienes adelantó su saludo. En Ecuador, Francisco celebrará misas en la capital y en Guayaquil. El día 6, en esta última ciudad –la más poblada del país–, visitará el Santuario de la Divina Misericordia, pero por razones de espacio no oficiará allí la eucaristía, sino en el Parque de los Samanes.

Unos 81.000 paraguayos se han alistado como voluntarios durante la visita de Francisco

Un presidente bolivariano y católico

Según el programa publicado, entre los días 7 y 8, además de la mencionada celebración litúrgica en Quito –en la que se escuchará la melodía inca que acompañó el funeral del emperador Atahualpa–, el Papa se reunirá con los obispos ecuatorianos, con los representantes de la escuela y la universidad, y con miembros de la sociedad civil. Antes de concluir su estancia, el miércoles 8 visitará la Casa de Reposo de la Misioneras de la Caridad, lugar donde los ancianos, parte de esos desplazados a las periferias existenciales en los que tanto se enfoca el Pontífice argentino, encuentran la necesaria asistencia.

El encuentro de cortesía con el presidente Rafael Correa tendrá lugar al segundo día. Aunque políticamente sea un mandatario de corte bolivariano, Correa se define como católico practicante y comparte con la Iglesia el rechazo al “matrimonio” gay y el aborto, así como su defensa de la institución familiar. Además, ha manifestado su simpatía por el trabajo eclesial en la esfera social y ha promovido restricciones al juego, al consumo de alcohol y a una plena legalización del consumo de estupefacientes.

Como católico, pero también como mandatario, Correa asistiría a la misa papal en Quito. Sin embargo, ha dicho que si su presencia en la celebración politiza la visita del Pontífice, preferirá ausentarse. Las crecientes manifestaciones opositoras de estos días –la Iglesia ha pedido espacio para el diálogo y la calma, y que no se “satanice” ninguna expresión a favor o en contra del gobierno– pueden condicionar de alguna manera la actuación del presidente.

La Constitución paraguaya reconoce “el protagonismo de la Iglesia Católica en la formación histórica y cultural de la Nación”

Fuerte arraigo de la fe

La Constitución ecuatoriana, en el Preámbulo, comienza “invocando el nombre de Dios y reconociendo nuestras diversas formas de religiosidad y espiritualidad”. Es la Carta Magna adoptada por referéndum en 2008, la cual, aun siendo impulsada por un gobierno de ideología izquierdista, al menos no se lanzó al vacío “políticamente correcto” de desterrar los ecos del elemento religioso en la sociedad.

Según recapitula el Observatorio Pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano-Celam (OPC), la historia de la Iglesia en este país se remonta a 1546, cuando el papa Paulo III erigió la diócesis de Quito, al separar parte del territorio de la arquidiócesis de Lima y colocar al frente al obispo dominico Jerónimo de Loayza. Otra diócesis, la de Cuenca, fue erigida dos siglos más tarde, en 1786. Hoy, con las de Guayaquil y Portoviejo, son cuatro.

Y la fe arraigó con fuerza. El Latinobarómetro 2014 ubica en 81% la masa de católicos respecto al total de la población. El índice, correspondiente a 2013, denota una disminución de ocho puntos respecto a 1995, pero aun así, sigue constituyendo un alto porcentaje.

La Iglesia local desarrolla una intensa labor pastoral y social, con programas como Amanecer (para mejorar la educación y la comunicación social comunitaria), Unión Católica para el Desarrollo Comunitario (que pone énfasis en una economía solidaria) y otros de defensa de la vida y de la familia.

Asimismo, la acción de una Pastoral Afroecuatoriana y una Pastoral Indígena da cuenta del interés de la Iglesia por estas comunidades, a las que ofrece servicios de formación y animación, siempre con respeto hacia su riqueza cultural, litúrgica e identitaria.

Los obispos han estado con frecuencia en la diana de los ataques del gobierno bolivianos

Una parada en el infierno de Palmasola

Bolivia es la siguiente estación del recorrido. Francisco llegará al Altiplano en la tarde del 8 de julio, y del aeropuerto de El Alto partirá en coche hacia el Arzobispado de La Paz. En el camino, hará una parada para rendir tributo al sacerdote jesuita español Luis Espinal, justo en el sitio en que fue asesinado a manos de sicarios del régimen de Luis García Meza, el 21 de marzo de 1980, tres días antes de que le arrancaran la vida a Monseñor Oscar A. Romero en El Salvador.

La última actividad del día en La Paz será su visita al presidente Morales, con el que ya se ha reunido en ocasiones anteriores. Tras el encuentro, el Papa volará hacia el este, a la ciudad de Santa Cruz, donde desarrollará la mayor parte de su visita a Bolivia. Desde allí, el periodista Osmán Patzzi refiere a Aceprensa la dinámica de los preparativos.

En las últimas horas se han hecho varios simulacros de seguridad. En tiempo récord, y frente al monumento al Cristo Redentor (donde se celebrará la eucaristía en la mañana del jueves 9), se ha armado un altar de estilo barroco mestizo, característico de las Misiones de Chiquitos, que son Patrimonio de la Humanidad. Se espera la participación de más de un millón de personas”.

“Las ediciones de diarios y los espacios noticiosos en la radio y televisión –prosigue– han generado mucha expectativa, y como ya se conoce el recorrido de la comitiva, se hacen arreglos en las fachadas y se alistan banderas. Se ha generado un movimiento mayor al de 1988, cuando Juan Pablo II, el Papa viajero, estuvo en siete ciudades bolivianas, incluida Santa Cruz, en una visita maratónica del 9 al 14 de mayo”.

Añade Patzzi que también se apuran los trabajos en los accesos al centro penitenciario más poblado de Bolivia, Palmasola, al sur del centro de la ciudad. Allí, como va siendo su signo distintivo, el Papa llevará el mensaje de Cristo a los reclusos. Y es que, si hay un lugar en el mundo donde la Palabra es necesaria, es justo este eufemísticamente llamado “centro de rehabilitación”, en el que los internos viven en inimaginables condiciones, y donde comparten espacio los hijos pequeños de los condenados. En 2013, un artículo de El País describía el horror de una instalación en la que se hacinaban 5.200 presos y 200 menores acompañantes, y un reportaje televisivo más reciente ofrecía las voces y estampas del infierno.

En Bolivia, la visita papal mayor genera mayor movimiento que el suscitado por S. Juan Pablo II en 1988

Entre Dios y la “Pachamama”

Según el OPC-Celam, los primeros misioneros mercedarios, dominicos, franciscanos, agustinos y jesuitas arribaron al territorio de la actual Bolivia en el siglo XVI, para colaborar con el clero diocesano en la evangelización. El de La Plata o Charcas fue erigido por el Papa Julio III como el primer obispado, en 1552.

En el presente, la Iglesia católica boliviana está organizada en cuatro arquidiócesis (Cochabamba, La Paz, Santa Cruz, Sucre), seis diócesis y cinco vicariatos apostólicos. Su contribución a la sociedad pasa por el servicio de unas 1.900 instituciones educativas y de 635 obras de beneficencia para los más desfavorecidos, y ello en un clima de tensión con el gobierno de Morales, quien ha llegado a definir al catolicismo como un rezago “colonial”.

Sobre el papel de la Carta Magna boliviana, de 2009, se dan gracias a Dios y a la Pachamama (la “Madre Tierra”), y se explica que el Estado “respeta y garantiza la libertad de religión y creencias espirituales, de acuerdo con sus cosmovisiones”, pero este se reserva en exclusiva la formación del profesorado, con lo cual, los docentes de religión han pasado a ser “profesores de cosmovisiones tradicionales”.

En una Carta Pastoral de 2011, los obispos ya advertían contra “la utilización de la riqueza cultural del pueblo para fines ideológicos e intereses particulares y partidistas” y afirmaban que había “una tendencia a utilizar la experiencia religiosa de nuestros pueblos para crear ritos en paralelo con los sacramentos cristianos católicos o con otras expresiones populares de la fe de nuestra Iglesia, a veces derivados de una concepción muy superficial de la fe y de la cultura imperante en el mundo boliviano”.

Estas observaciones les han valido acusaciones serias desde el entorno de Morales, quien, ante las masivas protestas por la disolución de la enseñanza de la religión católica en los programas escolares, acusó a los prelados de “buscar todavía cierta ostentación de poder”.

Quizás por ello, su actitud amistosa hacia el Francisco es poco menos que curiosa. Tal vez le han calado los gestos sociales más visibles del Pontífice, por lo que ha llegado a decir: “¡Ahora sí tengo Papa!”, como si la postura moral y doctrinal de este no estuviera conectada fuertemente a la de sus predecesores. La falta de solidez de Morales en el tema y su tendencia a la improvisación le empujaron incluso una vez a pedirle Benedicto XVI que aboliera el celibato y aceptara el “sacerdocio” femenino, una simpática injerencia en cuestiones que le son bastante lejanas.

“Mi deseo es estar con ustedes, compartir sus preocupaciones, manifestarles mi afecto y cercanía, y alegrarme con ustedes también”, ha dicho el Papa Francisco en un videomensaje enviado a los católicos y al pueblo en general de tres naciones del que Juan Pablo II llamó “el continente de la esperanza”: Ecuador, Bolivia y Paraguay.

En Paraguay, la Iglesia genera confianza

La última parada del Sucesor de Pedro será en Paraguay, país donde, según el Latinobarómetro, un 88% de sus habitantes se definen como católicos. A la pequeña nación –que acogerá al Papa entre el 10 y el 12 de julio– llegó la fe en 1536 de la mano de los frailes mercedarios. Más tarde, en 1588, arribaron los jesuitas, que fundaron numerosas misiones en el país y dejaron una huella positiva y perdurable en la organización social y económica de los aborígenes guaraníes y en la cultura local.

Tan es así, que el artículo 82 de la Constitución reconoce “el protagonismo de la Iglesia Católica en la formación histórica y cultural de la Nación”. A efectos de su organización pastoral, la Iglesia paraguaya cuenta con una arquidiócesis: Asunción, y 11 diócesis. Su labor no se restringe al interior de los templos, sino que sirve a la sociedad con unos 38 centros de salud, 14 hogares para ancianos y discapacitados, 26 orfanatos y jardines infantiles y 684 instituciones educativas (incluidas las universitarias), entre otras obras. Vale destacar que, si bien la enseñanza religiosa está fuera del programa de las escuelas públicas, el Estado no interfiere en la libertad de los padres para enviar a los hijos a los centros de su elección, ni a estos les impide incluir esta materia en sus programas.

La pujanza de la Iglesia en el país se advierte, además, a través de sus múltiples medios de comunicación. Emisoras radiales, diarios y revistas visibilizan el trabajo de la comunidad de fe y abordan temas de la actualidad nacional, internacional, deportiva, cultural, etc.

“Que Francisco nos traiga alegría y paz”

La llegada de Francisco a tierra guaraní encontrará un clima evangelizador. La Iglesia ha distribuido unos 100.000 ejemplares del Evangelio de San Lucas “para que la gente que tiene tanta religiosidad popular conozca más a Jesucristo”, según palabras del arzobispo Edmundo Valenzuela.

Entre otras actividades en Paraguay, el Papa celebrará la eucaristía en el santuario mariano de Caacupé, visitará un hospital pediátrico, se reunirá con los jóvenes, con representantes de la sociedad civil y con los pastores, religiosos y seminaristas. La misa en Caacupé será un momento especial, toda vez que, como refiere Mons. Valenzuela, cuando Francisco era el arzobispo Bergoglio, ya acompañaba a los inmigrantes paraguayos (hay un millón de ellos en Buenos Aires) en la celebración de su fiesta, cada 8 de diciembre.

Respecto al encuentro con los jóvenes, el prelado arquidiocesano destaca que se celebrará junto al río Paraguay, en la avenida La Costanera, con una capacidad para unas 200.000 personas. “Si cupieran más, tendríamos más jóvenes, porque el Paraguay es un país eminentemente joven”, acota.

El entusiasmo se palpa al conocer que el número de inscritos como voluntarios durante la visita papal ha llegado a las 81.000 personas de entre 16 y 60 años de edad, según nos explica Nilza Florentín, periodista católica y docente de la Universidad Nacional de Asunción. “En todas las celebraciones –añade– ha habido muchísimas personas, y te comento que para la mayoría es un gran desafío aprender a rezar el Padrenuestro en guaraní, nuestro idioma oficial”.

“Como dice el eslogan de la visita, Francisco es Mensajero de la Alegría y de la Paz, por lo que todos los paraguayos esperamos que nos traiga esos dos grandes valores y que su presencia entre nosotros deje impregnada la necesidad de seguir cultivando alegría en todo lo que hacemos, principalmente como agentes de misión y de cambio como cristianos. Y que cada paraguayo contribuya a que este país tenga paz en todos los sentido, para lo que necesitamos una verdadera justicia social, una reforma agraria que dé tierra a los campesinos e indígenas, que se respeten los derechos de todos los hermanos por igual, y que se solucionen de raíz los innumerables casos de corrupción”.