El peso de la Iglesia en una España más secularizada

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A menudo se dice que la Iglesia católica ha perdido mucho peso en una sociedad española cada vez más secularizada. Sin embargo, la reacción que suscita un pronunciamiento de los obispos que pueda influir en la vida pública indica que hasta los críticos le atribuyen un papel no desdeñable.

Durante las tres últimas décadas se registra un descenso de la práctica religiosa en España, en consonancia con la tendencia del resto de países de Europa. En 1971, el 99,4% de los españoles estaban bautizados dentro la Iglesia católica (Anuario Pontificio), y en 1973 casi el 70% de la población adulta acudía a la misa dominical (Fundación FOESSA). Desde entonces, ha ido aumentando el número de personas que, aun bautizadas, se declaran ateas o no creyentes, hasta llegar al 18,5% en 2007 (Centro de Investigaciones Sociológicas, CIS).

Según el CIS, el 78% de los españoles admite su condición de católico; y dentro de este amplio grupo, uno de cada cinco asiste a misa todos los domingos. Esto significa que, en términos generales, el 14,6% de la población vive esta práctica religiosa semanal. A este dato se suma el 7,4% que acude a misa por lo menos una vez al mes. En cambio, los que profesan otra religión no superan el 1,9%.

Desciende el porcentaje de niños bautizados

El número de niños que se bautizan es sin duda uno de los aspectos más significativos del peso de la implantación del catolicismo en el país. Para valorar la evolución de este dato hay que tener en cuenta que, con la inmigración musulmana y asiática, el porcentaje de población no católica ha ido en aumento. Entre los inmigrantes, dos de los grupos más numerosos proceden de países no católicos: Marruecos (563.000) y Rumania (407.000). Por otra parte, también influye que la fecundidad de las familias magrebíes suele ser superior a la nacional.

Con estas salvedades, el porcentaje de los recién nacidos bautizados ha bajado de casi el 70% en 2000 al 57,3% en 2005. En este tiempo, el número de nacimientos en España se ha incrementado un 17,4%, mientras que el número total de bautismos sólo ha crecido un 1,6%. En el descenso también se refleja una cierta tendencia a retrasar el bautismo de los hijos, pues hay otros 28.000 bautismos de niños entre 1 y 7 años.

En 2005, el número de primeras comuniones (265.084) y de confirmaciones (99.044) había descendido un 7% y un 20%, respectivamente, con relación a las cifras del 2000. Conviene tener en cuenta que, por las edades a que se reciben esos sacramentos, los datos reflejan, en cierta medida, el descenso de natalidad de las dos últimas décadas del siglo XX.

Influencia en los jóvenes

Es innegable un alejamiento de la fe sobre todo entre los jóvenes. En octubre de 2006, el CIS y el Instituto de la Juventud realizaron un estudio, con una muestra de 1.500 personas de 15 a 29 años. De los entrevistados, el 63,9% se identificaba como católico, y el 4,2% afirmaba pertenecer a otro credo. Dentro de los católicos, los practicantes seguían siendo una quinta parte, pero en el conjunto de jóvenes el porcentaje apenas superaba el 12%.

Todo esto es compatible con el hecho de que la Iglesia siga siendo la institución con más capacidad de convocatoria de jóvenes ante eventos específicos, como se ha visto con ocasión de visitas del Papa, Jornadas de la Juventud o de la Familia. Y si la juventud acusa una falta de compromiso, el fenómeno afecta tanto a la Iglesia como a partidos, sindicatos y ONG.

Esta actitud se refleja también en el estancamiento en el número de vocaciones sacerdotales. En los últimos tiempos, suelen ordenarse unos 200 sacerdotes diocesanos por año, lo que no basta para reemplazar a los 350 que fallecen. En consecuencia, el número de sacerdotes diocesanos ha bajado de 24.589 en 1971 a 19.329 en 2005, de los cuales el 46% están jubilados, y sólo el 12% no ha cumplido los 40 años.

Casarse por la Iglesia

Casarse por la Iglesia es otro de los signos fuertes de pertenencia a la comunidad católica. En este aspecto, las cifras del Instituto Nacional de Estadística reflejan un aumento de los matrimonios civiles y un descenso de los matrimonios canónicos. Pero, para valorar los datos, hay que descontar del total los matrimonios de divorciados, ya que estos no pueden optar por casarse en la Iglesia, los de contrayentes de otras religiones, y los de parejas del mismo sexo.

En 2006, del total de 203.453 matrimonios entre hombre y mujer, el 57% se celebraron en la iglesia, y el 42,7% acudieron al ayuntamiento o al juzgado. Pero si se descuentan los matrimonios de divorciados (en torno a 20.000), el porcentaje de matrimonios por la Iglesia sube al 63,3%.

El incremento de la secularización en la familia va en paralelo con un descenso de la cohesión dentro de los hogares. Las rupturas matrimoniales han crecido desde comienzos de los años noventa y en solo una década (1995-2005) aumentaron hasta un 81%. En 2006 se disolvieron 145.919 matrimonios (entre divorcios y separaciones), un 6,5% más que el año anterior. El mayor número de rupturas tiene lugar entre los 40 y los 49 años de edad, y la duración media de los matrimonios disueltos es de 15,1 años.

Un referéndum anual

Los datos relacionados con la educación permiten conocer otra faceta de la importancia de la religión en España. En 2005 había casi 1.400.000 alumnos en los colegios católicos, además de 120.000 en educación universitaria, casi el doble que el número de matriculados en la red universitaria civil (privada laica).

Un referéndum anual sobre el valor que las familias atribuyen a la religión, es la elección de la asignatura de religión católica en la escuela, tan combatida por la izquierda. A pesar de las polémicas, las familias eligen para sus hijos esta opción en el 77,4% de los casos (curso 2005-2006), proporción incluso superior a la de cinco años antes, que era del 76%. Por tanto, se podría deducir que aquellas personas que se identifican como católicas parecen mostrar coherencia, a la hora de decidir los valores en que quieren que se formen sus hijos.

Si se afinan más los datos por tipo de centro, la opción por la enseñanza de la religión es prácticamente total en los colegios de la Iglesia, se mantiene en un 78,2% en los centros civiles y baja al 70,1% en los públicos. En los públicos se observa que la opción por la enseñanza de la religión es muy alta en primaria, baja a la mitad en la ESO y cae al 39% en el bachillerato.

La casilla de la Iglesia

El comportamiento social de los católicos también parece contar con un peso específico. Un ejemplo lo constituye la labor asistencial y su importancia dentro de la población.

Caritas, la principal entidad de este tipo, destinó 170 millones de euros a la ayuda social (discapacitados, ancianos, sin techo, toxicómanos, etc.). Casi todo este trabajo se debe a las aportaciones monetarias de los católicos, y a la dedicación de 65.000 voluntarios.

¿Se comprometen los católicos en el sostenimiento de la Iglesia? Si nos fijamos en la asignación tributaria, el porcentaje de declaraciones de la renta que incluyen una aportación a la Iglesia, ya sea de manera exclusiva o conjunta con otros fines de interés social, fue en 2005 el 32,9%, seis puntos menos que en 2001. Ese año, la Iglesia católica obtuvo por este concepto quince millones de euros más que la suma de las demás asociaciones de interés social. Sin embargo, en 2005 ingresó una cifra nueve millones inferior al resto de entidades.

Este descenso en la proporción de ayudas a la Iglesia no se debe a que haya menos personas que rellenen la casilla correspondiente, sino al aumento de la población extranjera residente, y del número de declaraciones de la renta.

En líneas generales se observa que en algunos sectores sociales se ha producido una secularización notable, que genera ignorancia sobre la religión y su influencia en la cultura, derecho e historia de Europa. En otra parte de la población se detecta una indiferencia con respecto a los sacramentos, aunque se siga valorando como enriquecedor el legado y la fe de la Iglesia.

Sin embargo, los católicos practicantes, que participan en la labor asistencial y que pretenden influir positivamente en la sociedad, siguen siendo reconocibles, e incluso refuerzan algunas de sus actitudes. Efectivamente, no constituyen la mayoría absoluta en el país, pero sí forman un colectivo más amplio que el de no creyentes.

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