El Papa invita al arrepentimiento y a la renovación

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Duración lectura: 10m. 6s.

Benedicto XVI ha dirigido una extensa carta pastoral a los católicos de Irlanda en que afronta de nuevo los abusos de menores cometidos en escuelas y otras instituciones de la Iglesia durante décadas pasadas. El Papa subraya el grave daño causado a las víctimas y el consiguiente escándalo. Para superar la crisis señala un camino de penitencia y renovación, que incluye terminar de esclarecer los hechos por completo y reconocer el mal cometido; ofrecer reparación a las víctimas y satisfacer las exigencias de la justicia; aplicar las medidas necesarias para proteger a los menores; elevar el nivel espiritual de todos, fieles y pastores. A la vez, no deja de recordar que la misericordia de Dios perdona y renueva a los culpables arrepentidos, y cura las heridas de quienes han sufrido el mal. Seleccionamos a continuación los principales puntos de la carta.

Al principio de la carta, Benedicto XVI recalca la gravedad de los abusos, que califica de “actos pecaminosos y criminales”, así como “la respuesta a menudo inadecuada que han recibido por parte de las autoridades eclesiásticas”.

“Para recuperarse de esta dolorosa herida, la Iglesia en Irlanda, debe reconocer en primer lugar ante Dios y ante los demás, los graves pecados cometidos contra niños indefensos. Ese reconocimiento, junto con un sincero pesar por el daño causado a las víctimas y sus familias, debe desembocar en un esfuerzo conjunto para garantizar que en el futuro los niños estén protegidos de semejantes delitos”.

Las causas

A continuación, el Papa recuerda la historia de la Iglesia irlandesa, que tanto en la antigüedad como en épocas más recientes, sobre todo desde el siglo XIX, manifestó una fe vigorosa y fue origen de muchos evangelizadores que trabajaron en el país y en todo el mundo. Pero después se produjo un decaimiento. “En las últimas décadas (…) la Iglesia en vuestro país ha tenido que enfrentarse a nuevos y graves retos para la fe debidos a la rápida transformación y secularización de la sociedad irlandesa. (…) Asimismo, las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los retiros anuales se dejaron, con frecuencia, de lado.

”También fue significativa en este período la tendencia, incluso por parte de los sacerdotes y religiosos, a adoptar formas de pensar y de valorar las realidades seculares sin referencia suficiente al Evangelio. El programa de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II fue a veces mal entendido (…) Hubo una tendencia, bienintencionada pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares. En este contexto general debemos tratar de entender el inquietante problema de abuso sexual de niños, que ha contribuido no poco al debilitamiento de la fe y la pérdida de respeto por la Iglesia y sus enseñanzas.

”Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que han dado lugar a la crisis actual es posible efectuar un diagnóstico claro de las causas y encontrar las soluciones eficaces. Ciertamente, entre los factores que han contribuido a ella, podemos enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa; la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados; la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad, y una mal entendida preocupación por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos, que llevó a no aplicar las penas canónicas en vigor y a omisiones en la salvaguardia de la dignidad de cada persona”.

Luego el Papa se dirige a los distintos grupos de personas afectadas por la crisis.

A las víctimas

“Habéis sufrido tremendamente, lo que me apena de verdad. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada y violada vuestra dignidad. Muchos de vosotros han experimentado que cuando tuvieron el valor suficiente para hablar de lo que les había pasado, nadie quería escucharlos. Aquellos que sufrieron abusos en los internados deben de haber sentido que no había manera de escapar de su dolor.

”Es comprensible que os sea difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre, expreso abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos. Al mismo tiempo, os pido que no perdáis la esperanza. En la comunión con la Iglesia es donde nos encontramos con la persona de Jesucristo, que fue Él mismo una víctima de la injusticia y el pecado. (…) Os pido humildemente que reflexionéis sobre lo que he dicho. Ruego que, acercándoos a Cristo y participando en la vida de su Iglesia -una Iglesia purificada por la penitencia y renovada en la caridad pastoral- podáis descubrir de nuevo el amor infinito de Cristo por cada uno de vosotros. Estoy seguro de que de esta manera seréis capaces de encontrar reconciliación, profunda curación interior y paz”.

A los culpables

“Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes”.

“Debéis tratar de expiar personalmente vuestras acciones ofreciendo oración y penitencia por aquellos que habéis ofendido. El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de perdonar incluso el más grave de los pecados y extraer el bien incluso del más terrible de los males. Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos llama a dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios”.

A los padres

“Os habéis sentido profundamente indignados y conmocionados al conocer los hechos terribles que sucedían en lo que debía haber sido el entorno más seguro para todos. (…) Os invito a desempeñar vuestro papel para garantizar a los niños los mejores cuidados posibles, tanto en el hogar como en la sociedad en general, mientras la Iglesia, por su parte, sigue aplicando las medidas adoptadas en los últimos años para proteger a los jóvenes en los ambientes parroquiales y escolares”.

A los sacerdotes y religiosos

“A la luz del escándalo y la indignación que estos hechos han causado (…) muchos os sentís desanimados e incluso abandonados. Soy también consciente de que a los ojos de algunos aparecéis tachados de culpables por asociación, y de que os consideran como si fuerais de alguna forma responsable de los delitos de los demás”.

“Sé que muchos estáis decepcionados, desconcertados e indignados por la manera en que algunos de vuestros superiores abordaron esas cuestiones. Sin embargo, es esencial que cooperéis estrechamente con los que ostentan la autoridad y colaboréis en garantizar que las medidas adoptadas para responder a la crisis sean verdaderamente evangélicas, justas y eficaces. Por encima de todo, os pido que seáis cada vez más claramente hombres y mujeres de oración, que siguen con valentía el camino de la conversión, la purificación y la reconciliación”.

A los obispos

“No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fallado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones. Reconozco que era muy difícil comprender la magnitud y la complejidad del problema, obtener información fiable y tomar decisiones adecuadas en función de los pareceres contradictorios de los expertos. No obstante, hay que reconocer que se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos de dirección. Todo esto ha socavado gravemente vuestra credibilidad y eficacia.

”Aprecio los esfuerzos llevados a cabo para remediar los errores del pasado y para garantizar que no vuelvan a ocurrir. Además de aplicar plenamente las normas del derecho canónico concernientes a los casos de abusos de niños, seguid cooperando con las autoridades civiles en el ámbito de su competencia”.

Medidas

Hacia el final de la carta, el Papa recuerda las medidas tomadas en los últimos años para corregir los abusos cometidos y evitar que se repitan, e indica otras que se aplicarán de ahora en adelante.

“En varias ocasiones, desde mi elección a la Sede de Pedro, me he reunido con víctimas de abusos sexuales y estoy dispuesto a seguir haciéndolo. He hablado con ellos, he escuchado sus historias, he comprobado su sufrimiento, he rezado con ellos y por ellos. Hace algún tiempo, preocupado por esta cuestión, pedí a los obispos de Irlanda, durante la visita ad limina de 2006, ‘averiguar la verdad de lo sucedido en el pasado, dar todos los pasos necesarios para evitar que se repita, garantizar que se respeten plenamente los principios de justicia y, sobre todo, curar a las víctimas y a todos los afectados por esos crímenes abominables’ (Discurso a los obispos de Irlanda, 28 de octubre de 2006)”.

Más recientemente, “al final de mi reunión con los obispos de Irlanda [15-16 de febrero de 2010], les pedí que la Cuaresma de este año fuese un tiempo de oración por la efusión de la misericordia de Dios y de los dones de santidad y fortaleza del Espíritu Santo sobre la Iglesia en vuestro país”. Este esfuerzo deberá prolongarse: “Os invito a todos a ofrecer durante un año, desde ahora hasta la Pascua de 2011, la penitencia de los viernes para este fin. Os pido que ofrezcáis el ayuno, las oraciones, la lectura de la Sagrada Escritura y las obras de misericordia por la gracia de la curación y la renovación de la Iglesia en Irlanda. Os animo a redescubrir el sacramento de la Reconciliación y a utilizar con más frecuencia el poder transformador de su gracia.

”Hay que prestar también especial atención a la adoración eucarística, y en cada diócesis debe haber iglesias o capillas específicamente dedicadas a ella. Pido a las parroquias, seminarios, casas religiosas y monasterios que organicen tiempos de adoración eucarística, para que todos tengan la oportunidad de participar. Mediante la oración ferviente ante la presencia real del Señor, podéis cumplir la reparación por los pecados de abusos que han causado tanto daño y al mismo tiempo, implorar la gracia de una fuerza renovada y un sentido más profundo de misión por parte de todos los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles”.

“Además, después de haber rezado y consultado sobre el tema, tengo la intención de convocar una visita apostólica en algunas diócesis de Irlanda, así como en los seminarios y congregaciones religiosas. La visita tiene por objeto ayudar a la Iglesia local en su camino de renovación y se establecerá en cooperación con las oficinas competentes de la Curia Romana y de la Conferencia Episcopal Irlandesa. (…) También propongo que se convoque una misión de ámbito nacional para todos los obispos, sacerdotes y religiosos. Espero que con la pericia de experimentados predicadores y directores de retiros, irlandeses o de otros lugares, así como volviendo a estudiar los documentos conciliares, los ritos litúrgicos de la ordenación y profesión, y las recientes enseñanzas pontificias, lleguéis a una valoración más profunda de vuestras vocaciones respectivas, a fin de redescubrir las raíces de vuestra fe en Jesucristo y de beber a fondo en las fuentes de agua viva que os ofrece a través de su Iglesia”.

La carta termina con una oración por la Iglesia de Irlanda.