El “Brexit” y el Estado de derecho

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El Tribunal Supremo del Reino Unido ha ratificado la sentencia de la High Court que obliga al gobierno a consultar al Parlamento la puesta en marcha del Brexit. Los partidarios de abandonar la UE consideran el fallo como una injerencia antidemocrática por parte de una élite, y apelan a la “soberanía del pueblo”. En cambio, los remainers se congratulan porque ha prevalecido “el imperio de la ley”. Ambos piensan que el “estado de derecho” está de su parte.

Casi nada está claro en torno al Brexit. No lo está, en primer lugar, el modelo concreto de salida –y de posteriores acuerdos– por el que va a optar el gobierno de May. A pesar de que algunos sectores (sobre todo los partidarios de abandonar la UE) celebraron el discurso de la primera ministra de hace unos días como si hubiera puesto negro sobre blanco la hoja de ruta del ejecutivo, lo cierto es que no resulta fácil, después de escucharlo, adivinar qué alternativas al mercado único se van a buscar. Por otro lado, el Parlamento Europeo ha recordado recientemente que pretende sentarse a la mesa de negociación, cuando se constituya, y que su voz tenga tanto peso como la del Parlamento británico.

Tampoco está clara la postura del principal partido de la oposición. Los laboristas han prometido su apoyo genérico al Brexit, pero quieren que los detalles se discutan con profundidad en el Parlamento: en concreto, piden que se haga a través de un “libro blanco”, un documento guía que permite mayor margen de negociación que el “decreto exprés” (de un solo artículo y tramitada apenas en unos días) anunciado por el gobierno tras la sentencia del Supremo. Además, algunos miembros del partido laborista han declarado públicamente su intención de votar en contra de invocar el ya famoso artículo 50, por el que se inicia el proceso de salida. Se calcula que podría haber hasta 60 rebeldes, a los que se sumarían otros 15 o 20 de las filas conservadoras, aunque no parecen suficientes para derrotar al gobierno.

¿Quién defiende la democracia?

Pero más allá de las dudas sobre el modelo concreto de Brexit que propondrá el gobierno, sobre el proceso de negociación o sobre qué margen darán los partidos a sus disidentes, la sentencia del Supremo ha confirmado que existe otra fuente de desacuerdo aún más profunda, que atañe al significado del Estado de derecho.

Los que apoyan el Brexit consideran que el pueblo, en quien reside la soberanía nacional, ha hablado a través del referéndum. El papel del Parlamento debe reducirse a obedecer y ejecutar este mandato. Cualquier injerencia, por tanto, resulta antidemocrática. Parte de la prensa inglesa se ha hecho portavoz de esta postura, calificando de traidores del pueblo a los parlamentarios contrarios al Brexit, a los principales demandantes ante el Supremo y a los propios jueces. El gobierno ha compartido, aunque en términos menos airados, esta interpretación.

No obstante, fuera de este sector las posturas están siendo más matizadas. Gina Miller, la principal demandante en el caso juzgado por la High Court y ratificado por el Supremo, ha señalado que las dos sentencias se limitan a condenar el procedimiento por el que el gobierno quería poner en marcha el Brexit, sin valorar la legalidad o ilegalidad –y menos aún el contenido– de un eventual acuerdo.

The Economist recuerda que la sentencia del Supremo refuerza, precisamente, la soberanía nacional que tanto reclaman los partidarios del Brexit, pero situándola en su contexto apropiado: el Parlamento. No obstante, reconoce que la falta de una constitución escrita provoca ambigüedad en la interpretación del significado de “imperio de la ley” en el ordenamiento británico. Quizá, sugiere, haya llegado el momento de redactar una.

Por su parte, Owen Smith, diputado laborista, explica en The Guardian sus motivos personales para votar no al Brexit. Además de que no confía en el escenario de acuerdos comerciales fáciles y beneficiosos pintado por May, considera que hay importantes razones políticas para oponerse. Por ejemplo, el auge de los populismos de derecha en Europa, que podrían ver en el Brexit una confirmación de sus tesis. Además, Owen reivindica el papel que la UE ha tenido en la cimentación de un periodo de paz y cooperación como no ha habido otro.

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