Estonia, pionera del voto electrónico

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Riga (Letonia). La composición del Parlamento de Estonia no va a sufrir grandes alteraciones tras las elecciones del 4 de marzo. El Partido de las Reformas encabezado por el primer ministro Andrus Ansip se situó en primer lugar, con un 27,7% de los votos, seguido del Partido de Centro, encabezado por el ministro de Economía Edgarg Savisaar, con un 26,2%. Ambas formaciones son centristas y constituyen actualmente la coalición de gobierno. El recuento les da a ambos 60 escaños en total, de los 101 en disputa.

El índice de participación es estas elecciones parlamentarias, las primeras después del ingreso del país en la UE y en la OTAN, no ha dejado de sorprender a sus habitantes. Votó el 61% del censo, cifrado en cerca de 900.000 electores. Una razón de la gran afluencia es que han sido las primeras elecciones nacionales -en Estonia y en todo el mundo- en las que se ha podido emitir el voto por Internet.

Estonia ya permitido el voto por Internet en las elecciones locales de 2005, en las que lo usaron unas 10.000 personas. Esta vez, más de 30.000 electores han recurrido a este sistema para votar.

Este pequeño país a orillas del mar Báltico cuenta con una población de casi 1,4 millones de habitantes (68% estonios, 26% rusos, 2% ucranianos, 3% bielorrusos, 1% fineses). La mayoría de esta población se concentra en Tallinn, capital del país. El 20 de agosto de 1991 logró restaurar su independencia, después de largos años formando parte de la antigua Unión Soviética. Desde el 1 de mayo de 2004 es miembro de la UE.

Tras la independencia se apresuró a modernizarse, y en la actualidad, si lo comparamos con otras naciones de la Europa del Este, es el país puntero en nuevas tecnologías. Durante el VI Foro mundial sobre democracia en línea que tuvo lugar en 2005, en Issy-les-Moulineaux, (Francia), Estonia se situó en la cuarta posición entre los países que están cambiando el mundo de Internet y la política, por tener la infraestructura de información más avanzada de entre todos los países ex comunistas del Este de Europa.

Uno de cada tres estonios usa Internet

El uso de Internet alcanza alrededor del 33% de la población, igual que en Francia, casi tanto como en Alemania (36%) y muy por encima del registrado en países mucho más ricos, como Italia (30%) o España (26%). Al menos un 6% de los estonios ya ha efectuado transacciones por Internet, es decir, la mitad que en Francia, y el doble que sus vecinos de Lituania y Letonia, según datos de un estudio de Taylor Nelson Sofres Interactive.

La utilización de Internet demuestra la rapidez con la que Estonia se adaptó a las nuevas tecnologías después de “la incomunicación” sufrida mientras formaba parte de la Unión Soviética. Que sea un país puntero en nuevas tecnologías se debe en gran parte a la proximidad geográfica y cultural de Finlandia, país que está en la vanguardia de la informática. A principios de los años noventa, Estonia presentó la liberalización más radical de todos los Estados ex comunistas, e hizo nacer rápidamente un sector privado de las ruinas de la economía soviética. Las nuevas sociedades, en particular los bancos, volvieron entonces la mirada hacia sus vecinos nórdicos (cuyos medios de comunicación usaban los estonios desde hacía tiempo como antídoto de la propaganda soviética) en busca de asesoramiento y soluciones informáticas.

El pionero de ese proceso fue Hansapank, un proyecto floreciente que se convirtió rápidamente en el primer prestatario de servicios financieros de Estonia y, tras varias adquisiciones en Letonia y Lituania, en una de las pocas marcas bálticas. Como no existía ninguna infraestructura bancaria privada, Hansapank saltó por encima de sus homólogos europeos bien establecidos lanzando una banca “online” puntera. Alrededor del 30 % de los clientes de Hansapank utilizan sus servicios a través de la red.

Los informatizados llegan al poder

En este sentido, parece que las dimensiones de un país desempeñan un papel importante. En Estonia, con una población inferior a un millón y medio de habitantes, el número de personas que tienen la edad y los medios económicos para moverse en el sector de la tecnología de la información es relativamente pequeño, lo que lo hace más asequible. Los hombres de negocios estonios que iniciaron la revolución digital frecuentan los mismos lugares y muchos estudiaron juntos. Estonia, alejándose de la órbita comunista, instaló inmediatamente en el gobierno a su nueva generación, guardando distancia de los burócratas que habían dirigido el antiguo sistema soviético.

Esta nueva elite no tardó en ver la importancia de las insignias electrónicas para dirigir su avance hacia Occidente. Así, por ejemplo, el gabinete del gobierno estonio no utiliza en absoluto el papel, lo que supone toda una primicia a escala mundial. En Tallinn existe un sistema que permite a los conductores reservar sus aparcamientos por teléfono móvil.

Las diferencias de penetración de Internet en las tres repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania) están relacionadas, por un lado, con el volumen de población y, por el otro, con los diferentes ritmos de la liberalización de las telecomunicaciones. Estonia se benefició de la venta del 25% de su empresa nacional de telecomunicaciones, Eesti Telekom, a la finlandesa Sonera entre 1991 y 1993, y de otro 25% a la sueca Telia, empresas que le aportaron el “saber hacer” nórdico en tecnologías de la información. Posteriormente, Letonia y Lituania también vendieron acciones de sus empresas de telecomunicaciones a inversores escandinavos, pero todavía subsisten monopolios de telefonía fija, que mantienen tarifas prohibitivas.

En Estonia, la temprana adopción de Internet no se ha concretado en beneficios gigantescos para todos los bálticos. Hansapank cobra gastos por las transacciones “online” y realiza considerables ahorros de gastos generales en las agencias canalizando a sus clientes a través de sus portales de la red mundial; pero el negocio en Internet de esta empresa no es rentable en sí. El comercio electrónico B2C (con el consumidor) está en ciernes en los tres países bálticos. En Letonia, por ejemplo, hay unas 30 empresas que utilizan el B2C, con una cifra de negocios conjunta de sólo 21.875 millones de euros. Fuera de los sectores del desarrollo de software y de hardware, el B2B (comercio entre empresas) también se utiliza poco.

Crecimiento sin “burbujas”

Las empresas como Tilde (Letonia), Microlink (Estonia) y Alna (Lituania) han ocupado nichos construyendo aplicaciones informáticas externas para clientes internacionales, pero tienen dificultades para contratar trabajadores capacitados y evitar que su talento emigre al extranjero en busca de puestos mejor pagados. Asimismo, hay poca armonización legal entre los tres países, que representan en conjunto un mercado del tamaño de Suecia, pero mucho más pobre, y en el que las rivalidades bien ancladas y las diferencias lingüísticas son serias barreras para las inversiones. Microlink, dueño del portal Delfi, ha logrado traspasar las fronteras bálticas, pero el contenido de Delfi tiene que ser adaptado a diferentes segmentos del mercado, incluidas las minorías que hablan ruso en Estonia y Letonia.

No obstante, hasta la fecha, estos países se han librado de los excesos extremos del ciclo de prosperidad y fracaso de la alta tecnología. Las Bolsas locales nunca tuvieron liquidez suficiente para atraer a inversores que participasen en ofertas públicas iniciales sobrevaloradas y, sencillamente, no había suficientes “start-ups” para suscitar la ilusión local. Con respecto a la mediocre gestión económica soviética, los Estados bálticos alzan con orgullo sus banderas informáticas, aunque los beneficios económicos de la transición informática no sean todavía físicamente patentes.

Conociendo el pasado histórico del país y observada su trayectoria socio-económica desde su independencia en 1991, es normal que el gobierno de Estonia invitara a la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) a vigilar el desarrollo de sus elecciones legislativas del 4 de marzo. “El voto por Internet es una novedad en toda la región de la OSCE”, declaró el ministro de Relaciones Exteriores estonio, en una carta dirigida a la unidad de observadores de la organización. “Por esto -seguía- solicitamos al organismo encargado de velar por las elecciones libres en los 56 países de la OSCE, la oficina de Instituciones democráticas y Derechos del Hombre, que estudie la posibilidad de supervisar las elecciones legislativas el 4 de marzo de 2007”.

Raquel Moreno García

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares