Las emociones y los sentimientos han sustituido a la argumentación racional en la esfera pública y se han convertido en la clave de muchas decisiones políticas.
Frente a la rapidez de la era digital, el neurobiólogo Lamberto Maffei reivindica las ventajas de un estilo de vida que deja espacio al asombro y a la reflexión.
La desigualdad no supone solo un desequilibrio en la distribución de recursos, sino también diferentes grados de libertad, respeto y desarrollo personal.
Según los autores, la protección de la propiedad privada, la libertad de intercambio y el estado de derecho son elementos indispensables para el desarrollo económico.
Una adecuada comprensión de la neutralidad estatal, sostiene Santamaría, no debe llevar a erradicar el fenómeno religioso, sino a darle cabida en espacios públicos democráticos y plurales.
Los nuevos descubrimientos sobre el sistema nervioso central pueden servir para alcanzar una mejor comprensión de dos de los problemas bioéticos más importantes: el estado vegetativo y la muerte cerebral.
Dos textos póstumos revelan la evolución de las ideas religiosas de John Rawls, quien en un escrito temprano utilizó la teología para fundamentar la ética política.
Dianine-Havard sostiene que el verdadero líder ha de ejercitarse en la práctica de las virtudes tradicionales y cree que son imprescindibles la humildad y la magnanimidad.
Frente a las tendencias gnósticas y totalitarias de la filosofía política moderna, Voegelin reflexiona sobre la necesidad de reconocer el orden del ser y la naturaleza de las cosas para superar la crisis de nuestro tiempo.
Saber aunar lo diverso y promover la virtud de los ciudadanos son las características de la visión clásica de la política, que en estas páginas se explica recurriendo a la teoría de la constitución mixta del gobierno.