Espectáculo visual imponente y técnicamente brillante que, lastrado por una duración excesiva y un guion endeble, deja una sensación de escasa profundidad narrativa.
La saga jurásica recupera su mejor versión con una aventura llena de acción, guiños nostálgicos y un claro mensaje contra la falta de ética en la ciencia.
Una propuesta de acción trepidante, con algún giro inesperado, pero el exceso de metraje y tramas previsibles la alejan de los grandes títulos del género.
Más de dos décadas después de “Gladiator”, Ridley Scott vuelve con esta nueva entrega, en la que consigue no repetirse y, en algunos aspectos, superarse.