Mucha fe en el látex, poca en los jóvenes

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Análisis

La última estadística del aborto en España, recién hecha pública por el Ministerio de Sanidad, no es alentadora. Desde la despenalización (1985), las cifras han subido de modo constante. En 2000 -último año del que hay datos definitivos-, el total fue de 63.756, un 9% más que en el año anterior. En 1999, el aumento fue del 8,4%. La tasa de abortos por mil mujeres en edad fértil también subió, de 6,52 en 1999 a 7,14 en 2000, un nuevo récord.

Los abortos de menores de 20 años han aumentado más aun, el 11%. Entre las más jóvenes, la tasa ha superado a la media general: 6,72 por mil en 1999 y 7,49 por mil en el año siguiente. A lo largo de la década pasada, el total de abortos ha subido un 57%, pero entre las menores de 20 años el ascenso ha sido del 74%. Aun en el único año (1997) que bajó el total de abortos, entre las adolescentes volvió a subir.

En todo este tiempo se han repetido las campañas oficiales para difundir el preservativo entre los jóvenes. A la vista de los datos, parece forzoso concluir que tal propaganda ha tenido una eficacia, a lo sumo, nula, y cabe que haya sido contraproducente. Pero obtener resultados contrarios a los pretendidos no desanima a quienes ponen su fe en el látex. La ministra de Sanidad, Celia Villalobos, que repartió preservativos gratis cuando era alcaldesa de Málaga, sigue insistiendo en la misma recomendación: “Joven, si tienes relaciones sexuales, utiliza el preservativo”, dijo el pasado 17 de enero al presentar al público las estadísticas del aborto. Y añadió: “También respeto a aquellos que desde el punto de vista moral entienden que no deben tenerlas”. Pero nunca una campaña oficial se ha propuesto fomentar entre los jóvenes la abstinencia, que es lo más recomendable desde el punto de vista no solo moral, sino también sanitario.

Anota El País (18-I-2002) que “los datos demuestran que se está bajando la guardia”. Más bien, como los embarazos y abortos en adolescentes no han bajado nunca desde 1990, los datos indican que aconsejar la guardia de goma ha fracasado siempre. No es de admirar, pues en otras partes ha ocurrido lo mismo. Un artículo del Dr. T. Stammers (St. George’s Hospital Medical School, de Londres) en el British Medical Journal (16-XII-2000) revisa las estadísticas de embarazos y enfermedades de transmisión sexual entre la juventud británica, según los medios de prevención aplicados (ver servicio 20/01). Conclusión: “Datos de 1975 a 1991 muestran una correlación positiva entre el incremento del uso de preservativos en la primera relación sexual y el del índice de embarazos en adolescentes”.

El preservativo tampoco ha parado el avance de las enfermedades de transmisión sexual, que en los últimos años se han extendido entre los jóvenes. Stammers recoge los datos epidemiológicos del Reino Unido. A la vista de los disponibles en Estados Unidos, otro científico, J.S. McIlhaney (Medical Institute for Sexual Health, de Austin), certifica el fracaso de la prevención basada en anticonceptivos en un artículo para el American Journal of Obstetrics and Gynecology (agosto 2000). Por eso anima a los médicos a predicar la abstinencia: “Ayudando a los adolescentes a retrasar su iniciación sexual, podemos ofrecer esperanza al mayor número de ellos”.

Así se ha comprobado. Stammers se refiere a estudios hechos sobre programas destinados a educar a los adolescentes en la abstinencia, que “muestran una objetiva reducción en el número de embarazos entre quienes participaron”. En cambio, “los no participantes presentaban una probabilidad 15 veces mayor de iniciar relaciones sexuales tempranas”.

También en Estados Unidos se tiene la misma experiencia. El programa “Best Friends”, desarrollado en Washington D.C., es otro de los que dan razones en vez de preservativos. Entre las chicas participantes, la tasa de embarazos está en torno al 1%, mientras que la media es del 26% para el conjunto de las alumnas de secundaria de la ciudad. Frutos similares han dado otros proyectos emprendidos en diversos lugares del país (ver servicio 63/01).

Como muestran tales éxitos, los jóvenes merecen más fe que el látex: tienen cabeza, y son capaces de responder a una educación convincente. No es verdad que sea utópico pedirles que difieran las relaciones sexuales hasta el matrimonio, y lo único realista, machacarles que no salgan de casa sin el preservativo. El Dr. Jokin de Irala (Unidad de Epidemiología y Salud Pública, de la Universidad de Navarra) se pregunta “cómo es posible que nuestros jóvenes, y nosotros todos, seamos capaces de (…) abstenernos de una dieta que nos apetezca para conservar la línea (…) y sin embargo no sea posible hablar de abstinencia en la sexualidad” (Diario de Navarra, 20-I-2002).

Lo más utópico es no educar, fomentar la promiscuidad, darla por inevitable, y esperar de los jóvenes que usen el preservativo con una fidelidad y un dominio de sí a los que no se les alienta. Eso sí es pedir demasiado.

Rafael Serrano

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