El papel de un museo en la labor de una Universidad

Los museos de arte contemporáneo han proliferado últimamente en España. Pero un museo de este estilo en una universidad es algo novedoso, que no se reduce a un espacio de exposición. El Museo Universidad de Navarra, inaugurado el pasado 22 de enero, se integra en el campus universitario, no solo a través del trabajo arquitectónico de Rafael Moneo, sino también por la triple vocación con la que nació: la difusión, la investigación y la docencia.


Una versión de este artículo se publicó en el servicio impreso 18/15

El Museo Universidad de Navarra (MUN) nace gracias a la generosidad de dos personas: María Josefa Huarte, fallecida el pasado 8 de febrero a los 87 años, propició su creación, cuando en 2008 donó su colección de arte, compuesta por obras de Rothko, Kandinsy, Picasso y Chillida, entre otros. A esta colección se le suma el antiguo Fondo Fotográfico de la Universidad, iniciado hace más de veinte años con el legado de uno de los principales fotógrafos españoles del siglo XX, José Ortiz-Echagüe.

El MUN quiere ser, en palabras de su director, Jaime García del Barrio, “un entorno de investigación que resulte atractivo para el artista”, una oportunidad para “mejorar la formación humanística de los alumnos” y “estimular la investigación interdisciplinar”, y un “altavoz de los mensajes positivos del arte contemporáneo”.

“No tenemos especial interés en ser propietarios de obras, nuestro objetivo es que las obras estén asequibles al público”

Más de un mes después de la inauguración y tras estas semanas de puertas abiertas, ¿cómo ha sido acogido el Museo?

— En este primer mes nos han visitado casi 30.000 personas. Nosotros hicimos nuestros números y calculamos unos 70.000 en todo un año. Así que ha superado las expectativas, no esperábamos tanto.

Un museo enraizado en la ciudad

— Se habla mucho del Museo como puente hacia la ciudad, ¿en qué sentido se dice esto?

— Queremos impulsar la interacción entre la universidad y la ciudad. En cualquier lugar, parte de la identidad de un centro universitario es servir a una comunidad y, por supuesto, estar enraizada en ella. En ese sentido siempre se puede mejorar. En la Universidad de Navarra, las cuestiones de seguridad que hemos tenido que observar puede que hayan hecho que resultara en ocasiones poco accesible. Ahora es el momento en el que todo eso puede cambiar y el Museo es una de las vías para generar ese cambio.

¿Qué plus puede ofrecer el MUN a los artistas frente a otro tipo de museos?

— Aporta un entorno de investigación y de acompañamiento al artista. Nosotros intentamos hacer algo que es lo que mejor podemos hacer: ser un museo universitario. No podemos ser el Guggenheim, pero lo que podemos aportar al mundo del arte es un entorno estimulante de investigación que resulta atractivo para el artista.

Cuando vino Íñigo Manglano-Ovalle para preparar su proyecto The Black Forest, pudo hablar con la Cátedra de Madera de la Escuela de Arquitectura, con Filosofía y Letras para profundizar en Heidegger –ya que su obra está basada en un ensayo del filósofo alemán–, con el Fondo Fotográfico, para saber más sobre la técnica del revelado del carbón de Ortiz-Echagüe; profesores de botánica le aconsejaron sobre los bosques de la zona… Manglano-Ovalle decía que no era fácil encontrar un lugar donde conversar con gente de áreas tan distintas que pueden aportar mucho en tu trabajo.

Nosotros pensamos que acompañar al artista en todo ese proceso es como entrar en su taller. Y eso es lo que queremos, porque vemos que es necesario, lo hace poca gente y una universidad puede hacerlo.

“Queremos que las humanidades estén presentes en todo, y el Museo es una manera de llevarlo a cabo”

Además, llevan más de diez años entrenándose, con el proyecto de fotografía “Tender Puentes”…

— Sí, “Tender Puentes” consiste en invitar a artistas actuales a que realicen una reinterpretación de nuestros fondos, que investiguen y propongan algo nuevo. Lo hemos llevado a cabo ya con dieciocho artistas y nos hemos dado cuenta de que ellos están muy cómodos. Nos interesa trabajar especialmente con artistas jóvenes, en ese momento en el que necesitan un empujón, y luego poder tener una relación a largo plazo con ellos.

Formación humanística a través del museo

— ¿El Museo es un añadido artístico a la Universidad o algo que forma parte de su labor docente e investigadora? Puede que resulte más claro su interés para alumnos de Humanidades o Arquitectura pero, ¿para el resto de carreras?

— Pretendemos que cualquier alumno de la Universidad, curse el grado que curse, tenga una completa formación universitaria. Y aquí es donde desempeña un papel necesario el Museo. La formación humanística es fundamental para ser realmente universitario y para tener una visión global, crítica y constructiva del mundo. Queremos que las humanidades estén presentes en todo, y el Museo es una manera de llevarlo a cabo.

Como parte de la docencia que quiere impulsar el Museo, se ha lanzado este año, junto con la Facultad de Filosofía y Letras, el Diploma en Estudios Curatoriales. ¿Se ha pensado en un grado en Bellas Artes?

— Hemos venido a crecer y hay que hacerlo orgánicamente, poco a poco. Este diploma nos parecía un esfuerzo asequible con los recursos y conocimiento con los que contamos en este momento: ha funcionado bien y ha servido como experiencia previa para poder dar un paso más a un Máster de Estudios Curatoriales y Dirección de Proyectos Artísticos, que nos gustaría tener listo para septiembre de 2016. Hay una demanda de esto y en Europa no está aún muy desarrollado.

También hemos empezado un doctorado en creatividad con la Escuela de Arquitectura y con el ISEM Fashion Business School. El diseño es otro tema importante y en auge. Incluso podría ahondarse en la rama de artes escénicas. ¿Un grado en Bellas Artes? Tengo mis dudas. Creo que ahora mismo ese concepto en España es mejorable…

“No podemos ser el Guggenheim, pero podemos aportar un entorno de investigación que resulta muy atractivo para el artista”

Arte con el que poder dialogar

— La colección de María Josefa Huarte se compone de un total de 48 obras de 19 artistas, pero no están expuestas todas las obras de su legado. ¿Se ha pensado en una rotación?

— Exposición permanente significa que expones tus fondos pero no que eso sea estático. Ahora mismo nos parecía que la colección de María Josefa se entendía mejor así e incluir otras obras casi distorsionaba. En un futuro se irán exponiendo otras, incluso con obras de otros artistas, habrá otras lecturas…

¿Está en sus planes ampliar la colección permanente y aumentar el fondo de fotografía?

— De momento estamos intentando terminar la financiación del edificio y no nos hemos lanzado a crecer con la colección, aunque sí nos gustaría y María Josefa, al realizar su donación, también lo quería así: que esto fuera el inicio de una colección mayor. De todos modos, nosotros no tenemos especial interés en ser propietarios de obras, nuestro objetivo es que las obras estén asequibles al público, a la investigación… La colección crecerá, sí, pero ya veremos cómo: con depósitos, con donaciones, con daciones…

En el fondo fotográfico tenemos más de 15.000 piezas y hay 4.000 que no son nuestras. En la compra de fotografía sí tenemos un papel más activo, también porque es más asequible económicamente y porque llevamos veinte años comprando con mucho sentido y completando la colección. Es una colección de referencia mundial y queremos que siga siéndolo.

Es un Museo de Arte Contemporáneo, ¿tienen pensado centrarse en algunos movimientos o artistas en concreto?

— Más que de movimientos, yo hablaría de un tipo de artista: el tipo de artista que va a venir al Museo es un artista interesado en nuestra colección, en investigar, en un contexto universitario. Le interesa que el estudiante viva todo eso y vea que detrás de un artista no hay un hombre caprichoso sino alguien que trabaja muchísimo, muy disciplinado, sacrificado y generoso. Ese es el perfil de artista que buscamos.

Solidaridad entre museos

— “L’esperit català”, de Tàpies, o el Rothko, han estado en otros museos antes de exponerse en el MUN. ¿Han pensado en cómo desarrollar la relación con otros museos?

— Es obligado que colaboremos. En cuanto entras en este mundo, ves que funciona así: prestas obras, te prestan a ti. El Rothko ha estado en el Thyssen y en el Marmottan de París, Millares en el Reina Sofía, Palazuelo en el Museo Oteiza, “L’esperit català” en el Museo de Bellas Artes de Bilbao… Hay bastante solidaridad entre museos. Cuando a veces en la sociedad se da tanta división y enfrentamiento es bonito ver que hay sectores donde se intenta colaborar y entenderse. Nosotros vamos a prestar obra y nos prestarán obra y queremos establecer redes con otros museos.

Estamos trabajando con los museos locales viendo las posibles colaboraciones, y también con los agentes culturales de la zona, ya que la preocupación por los de lejos sería poco genuina, si no te preocuparas primero por los más cercanos, geográfica y conceptualmente. Por ejemplo: los museos universitarios, que no son museos convencionales. Además de la red local, tenemos programado un espacio pirenaico de arte contemporáneo con centros de arte contemporáneo ubicados en las comunidades autónomas vecinas de Navarra o que comparten con ella limitar al norte con los Pirineos.

Asimismo hemos visto que a veces a los museos latinoamericanos les falta representación en Europa y nos gustaría colaborar con ellos y mejorar esa situación.

¿Cree que estas redes van a influir positivamente en la internacionalización de la Universidad de Navarra?

— Muchos museos universitarios y universidades del mundo se están dirigiendo a nosotros con un interés mayor, suscitado por el Museo. Entras en un circuito mundial y en una primera división de universidades que te puede llevar no solo a un intercambio de obras de arte sino también de profesorado, de alumnos, de doctorandos, y todo eso es positivo.

También el traer artistas extranjeros. Y, aunque los dos artistas que exponen en estos momentos son nacionales, también son internacionales: Manglano-Ovalle, que ha estrenado la sala de exposiciones temporales, está afincado en Chicago, y Carlos Irijalba es un artista local pero también es el único español con residencia en la prestigiosa Rijksakademie de Amsterdam.

Locuras que te hacen crecer

— ¿Por qué meterse en la locura de un proyecto así de grande con un escenario complicado económicamente?

— Nos metimos antes de que el escenario se pusiera complicado y cuando llegó la crisis decidimos no pararlo. ¿Locura? Cuando se empezó la Universidad también parecía una locura. Venir a hacer el Edificio Central en mitad de unas huertas lejos de la ciudad, otra locura… Montar una Facultad de Comunicación cuando no existía en España la carrera de periodismo: locura… Como el IESE o la Clínica. Esas locuras son las que te hacen crecer. El Museo se pone en marcha después de 20 años trabajando con el Fondo Fotográfico, o sea que las locuras en esta Universidad están muy pensadas.

Hay gente que a veces tiene una visión del arte contemporáneo con muchas sombras, pero también hay luces. Hay mucho por aprender y a veces la sociedad nos manda otro mensaje, sobre un arte contemporáneo agresivo; así que ser altavoz de los mensajes positivos del arte contemporáneo es motivante. También es motivante el tipo de gente que estamos conociendo a través del Museo: los artistas, los agentes culturales, los mecenas, los coleccionistas… Esta locura nos está haciendo crecer muchísimo en todos los sentidos.

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