“Queríamos construir una película que emocionara, pero que también invitara a reflexionar sin caer en estereotipos”

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DURACIÓN LECTURA: 10min.
Dani Sancho, junto a parte del equipo técnico. Foto: Revolutionary

Hace 10 años, Dani Sancho conoció por medio de un amigo  la historia de Ousman Umar. Entonces no sabía que estaba ante el argumento de su primera película, y que sería presentada en Málaga, la ciudad a la que llegó el protagonista siendo apenas un adolescente. 

Tras un arduo proceso para conseguir financiación, Viaje al país de los blancos llegó al pasado Festival de Málaga y se convirtió en uno de los títulos más aplaudidos de todo el certamen. Allí pudimos conversar con su director sobre la película –su fondo y su forma– y sobre el cine español actual.

– Hay muchas películas actuales que tratan sobre el racismo y la inmigración. ¿Qué tono has buscado para contar esta historia con un sello personal? 

– Sabía que una historia como esta podía caer fácilmente en ciertos lugares comunes. No quería hacer una película condescendiente, ni triunfalista, ni tampoco regodearme en la miseria. No quería hacer una película aleccionadora, que le dijera al espectador lo que tiene que pensar. Mi intención era contar esta historia de tú a tú, mirando a los personajes como iguales, y siendo muy consciente de todas las contradicciones que encierra la historia de Ousman.

Creo que ahí estaba la clave, ser consciente de esas contradicciones y mostrarlas. Porque, aunque a veces parezca increíble, estamos hablando de una historia real. En este caso, la realidad supera a la ficción, pero precisamente por eso teníamos la responsabilidad de contarla bien y de no caer en ninguno de esos extremos.

Y una decisión que tuvo mucho que ver con esa búsqueda de autenticidad fue la de que el propio Ousman Umar se interpretara a sí mismo en la edad adulta. Para mí era una manera de acercar todavía más la película a la verdad de los hechos. Hay algo muy poderoso en que sea él mismo quien mire al espectador y le cuente su historia. Creo que eso le aporta una veracidad especial y, al mismo tiempo, hace que la película tenga una personalidad propia.

– ¿Tenías alguna referencia cinematográfica que te sirviese a la hora de afrontar tu primer largometraje como director? 

Yo capitán sin duda fue una película importante para nosotros. Cuando apareció, ya llevábamos tiempo trabajando en Viaje al País de los Blancos, pero nos vino bien que saliera, porque pudimos tomarla como referencia en algunos aspectos.

De Lion, la película de Garth Davis, me conmovió la humanidad, la emoción y la sensibilidad con la que aborda temas como la pérdida, la identidad, el desarraigo o la adopción

Dicho esto, creo que las dos películas ponen el foco en aspectos distintos. En la película de Matteo Garrone, el corazón de la historia está en el viaje físico hacia Europa, mientras que en nuestra propuesta el centro es más bien el viaje emocional de Ousman y todo lo que ocurre después de llegar. Siempre he pensado que, de alguna manera, ambas películas dialogan entre sí, porque ellos cuentan el viaje y nosotros nos interesamos por las consecuencias de ese viaje.

Para plasmar todo el universo de la falsificación de ropa y los manteros en Barcelona miramos mucho Biutiful, de Alejandro González Iñárritu. También tuve muy presentes películas de Jacques Audiard (Un profeta, Dheepan), sobre todo por la libertad de la cámara, la energía de la puesta en escena. Y otra referencia muy importante fue Cafarnaúm, especialmente por el trabajo de Nadine Labaki con actores no profesionales y por la verdad y la naturalidad que consigue transmitir en pantalla.

Pero si tuviera que señalar una gran referencia, diría que fue Lion, de Garth Davis. Para mí fue el faro de la película a nivel de tono. Recuerdo verla en el cine y salir profundamente emocionado. Fue una de las películas que más me reafirmó en mi deseo de llevar la historia de Ousman a la pantalla. Me conmovió la humanidad, la emoción y la sensibilidad con la que aborda temas como la pérdida, la identidad, el desarraigo o la adopción, cuestiones que también están muy presentes en la historia de Ousman.

El director, junto a Ousman Umar. Foto: Revolutionary

– El personaje de Montse parece fundamental en el equilibrio del guión. Gracias a ella, la película tiene una ternura y un sentido del humor que matiza la crudeza de la historia. ¿Tuviste siempre clara la elección de Emma Vilarasau para interpretar a este personaje?

– Emma Vilarasau para mí es un referente absoluto y una de las mejores actrices de su generación. De hecho, fue muy curioso porque mientras trabajábamos el guión con Guillem Clua hubo un momento en que nos preguntamos mutuamente quién nos imaginábamos interpretando a Montse, y los dos respondimos lo mismo: Emma Vilarasau. Ya estaba en nuestro imaginario mientras escribíamos el personaje. Por eso, cuando llegó el momento de plantearle el proyecto, lo teníamos clarísimo. Tuvimos la enorme suerte de que ya conocía la historia, le gustó el guion y quiso sumarse, y la verdad es que ha sido un lujo trabajar con ella.
Y en cuanto a Ousman, sí que fue una decisión arriesgada, El reto no era tanto actuar como volver a conectar con experiencias muy difíciles de su pasado y exponerse emocionalmente delante de una cámara. Le hicimos casting, vimos que había algo especial y, por suerte, fue lo bastante valiente como para aceptar el reto. Creo sinceramente que esa decisión aporta a la película verdad y singularidad.

– Con una historia tan emocional, ¿cómo has procurado que ese dramatismo estuviese medido para no caer en un cierto emotivismo sensacionalista? 

– La verdad es que estamos muy agradecidos por cómo ha conectado el público con la película. Lo vivimos en Málaga, en el BCN Film Fest y también en muchos de los coloquios que hemos hecho después. Creo que gran parte de esa emoción nace del propio viaje interior de Ousman. Al final de la película no habla una voz en off cualquiera; habla una persona real que ha pasado por todo lo que acabamos de ver y que decide abrirse y explicar cómo ha convivido con sus heridas, sus traumas y sus contradicciones. Hay algo muy poderoso en ese testimonio directo.

Estamos viendo que la película funciona muy bien con la gente joven. Y creo que tiene que ver con cómo la hemos contado

Pero para mí la clave de la película está en la culpa. Toda la historia está construida alrededor de esa culpa que Ousman arrastra y que vamos desgranando poco a poco, dejando pequeñas pistas a lo largo del segundo acto hasta que finalmente emerge con toda su fuerza en el tercero. Es esa culpa la que acaba convirtiéndose en el motor de su transformación.
En cuanto a la gestión de la emoción, intenté huir del melodrama. No quería que la película estuviera constantemente empujando al espectador a emocionarse. Siempre la imaginé más como una serie de oleadas que van llegando poco a poco. La emoción aparece, se retira y vuelve de nuevo con más fuerza. Y creo que los créditos, acompañados por la música de Kothbiro, son el último espacio donde todo lo que ha estado contenido durante la película termina de aflorar.

– La película tuvo una de las reacciones más unánimes y favorables del festival, tanto de la crítica especializada como del público ¿No te impone un poco ese entusiasmo generalizado? 

– La verdad es que todavía soy bastante prudente y no acabo de relajarme del todo. Hasta que la película no esté en salas y aparezcan más críticas, seguiré un poco en tensión. La crítica siempre ha sido muy importante para mí porque soy muy cinéfilo, llevo toda la vida leyendo críticas de cine. Me interesan tanto las opiniones de los críticos como las de los espectadores.

Un momento del rodaje. Foto: Revolutionary

Lo que más feliz me hace es sentir que han entendido la película que queríamos hacer. Queríamos construir una película con varias capas, que funcionara narrativamente, que emocionara, pero que también invitara a reflexionar, sin caer en estereotipos. Ver que muchas de las críticas están percibiendo esas intenciones me da una enorme satisfacción. Y siendo además mi primera película, basada en una historia real y alrededor de un tema tan sensible como la migración, recibir esta acogida es un auténtico chute de energía para seguir adelante y afrontar los próximos proyectos.

Hemos procurado que el espectador se ponga en la piel de otra persona y vea el mundo desde otro lugar

– La película genera bastante reflexión sobre un debate muy actual y polarizado, especialmente entre los más jóvenes. Da la sensación de que tu intención es contar una historia real de manera que pueda llegar a un público de todo tipo de edades y opiniones políticas.

– Justamente es lo que queríamos. Esta película está pensada para todo el público. Nunca quisimos hacer una producción de nicho; al contrario, queríamos hacer una película que atrapara, emocionara y llegara al máximo número de personas posible. Al final estamos hablando de migración, pero también de temas muy universales como la libertad, la identidad, las oportunidades y cómo influye el simple hecho de haber nacido en un lugar o en otro. Y además queríamos contar todo eso a través de una historia que tuviera aventura, tensión y un viaje emocional potente.
Dicho esto, sí que es verdad que estamos viendo que funciona muy bien con la gente joven. Y creo que tiene que ver con cómo la hemos contado. Con una narrativa ágil, con aventura, acción y algunos giros inesperados. Y creo que todo ello hace que entres en la película y conectes con Ousman. Que durante casi dos horas te pongas en la piel de otra persona y veas el mundo desde otro lugar.

– El pasado festival de Cannes tuvo por primera vez  tres películas españolas concursando en sección oficial. ¿Cómo ves desde tu punto de vista de director novel el momento que vive el cine español actualmente?

– Sinceramente creo que está viviendo uno de los mejores momentos de su historia. Y no es algo que haya ocurrido de repente, sino una tendencia que ya viene de hace años. Tengo la sensación de que antes existía una distancia bastante grande entre el cine más popular o industrial y el cine de autor. Ahora, en cambio, tenemos una variedad de cine espectacular. No es solo que haya cine de autor que llegue al gran público, sino que también se está haciendo cine de industria con mucha personalidad y autoría. Y creo que eso es muy sano para el cine español. Podemos pasar de directores como Bayona, Amenábar, Barrena o Alberto Rodríguez a Sorogoyen, Alauda Ruiz de Azúa, Oliver Laxe o Coixet, y creo que esa diversidad de tonos y estilos hace que el cine español sea más rico que nunca.

Además, este año en particular está siendo especialmente potente, con varias películas evento como El ser querido o La bola negra, y también muchas óperas primas muy sólidas y de gran nivel como Corredora, Balandrau o Viva, algo que también habla muy bien del gran momento que vive el cine catalán. Da la sensación de que hay una nueva generación de directoras y directores empujando con muchísima fuerza, al mismo tiempo que cineastas ya consolidados siguen firmando grandes trabajos.

Por todo ello, tengo la sensación de que el cine español despierta cada vez más interés dentro y fuera de nuestras fronteras. Y, personalmente, me siento un privilegiado por poder empezar a formar parte de esta industria.

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