¿Made in Asia? La moda vuelve a casa

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Duración lectura: 6m. 48s.
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China, India, Vietnam, Bangladesh o Indonesia. En las etiquetas de la mayoría de las prendas colgadas de los percheros de las grandes cadenas de distribución de moda como Zara, H&M, Primark o Mango siempre ha sido habitual leer estos lugares de origen en las etiquetas. Diseño europeo, pero producción asiática.

Este fenómeno cobró auge en 2005, cuando el fin del Acuerdo Multifibras abrió una nueva etapa en el aprovisionamiento de moda, ya que permitió la desaparición de cuotas en el comercio internacional de artículos textiles y como consecuencia, alentó la huida de las grandes cadenas hacia China para abaratar costes y ganar margen.

Desde entonces, el gigante asiático y el resto de países de Asia-Pacífico dispararon sus exportaciones de artículos textiles a Europa, lo que se vio reflejado en las etiquetas de la mayoría de los productos que se encuentran en las tiendas de moda de Occidente.

Asia pierde terreno

Aunque Asia continúa como líder en el aprovisionamiento mundial de moda, en los últimos años ha ido perdiendo terreno, y competitividad, debido a diversos factores como la subida del salario de los profesionales de las fábricas, tensiones comerciales, el coste de aranceles y transporte o la carencia de habilidades técnicas, según el estudio Is apparel manufacturing coming home?, publicado por la consultora Mckinsey en 2018.

Por ello, es cada vez más frecuente leer en las etiquetas de las prendas de compañías de moda países de origen como Portugal, Marruecos, Italia y, en especial, Polonia. De hecho, antes de la pandemia, las importaciones polacas de moda a España se dispararon, registrando un incremento del 78% entre 2016 y 2019. Las compras españolas de moda a Portugal, por su parte, han crecido un 52% en el mismo periodo, según datos de Icex España Exportación e Inversiones.

Si la relocalización de la moda, o la vuelta a casa de la producción era un fenómeno sonado en los últimos años gracias también a la velocidad de los plazos de entrega, vital para las empresas de fast fashion, y traducido en un aumento de las ventas, y la inexistencia de aranceles, esta tendencia se ha incrementado tras la crisis del coronavirus.

Al igual que otros fenómenos como la digitalización de las empresas, la pandemia ha acelerado tendencias que se encontraban en un punto de inflexión y empezaban a cambiar el panorama hasta entonces conocido. En ese sentido, el cierre de las fábricas en China y en el resto de países de Asia-Pacífico a principios de 2020 desencadenó una crisis de producción sin precedentes para los gigantes de la moda.

Los efectos de la pandemia

Con las plantas de producción con el cerrojo echado para evitar la propagación del virus, los directores y responsables de aprovisionamiento de las grandes, medianas y pequeñas empresas de moda se pusieron a trabajar en alternativas para suplir esta carencia y continuar sirviendo el producto.

Entonces, el foco se puso en las fábricas en Europa. Esto se ve reflejado en las importaciones españolas de moda en febrero de 2020, cuando la pandemia causaba más estragos en Asia. Las compras españolas de productos de moda a China cayeron un 4,5% interanual en el segundo mes del año, mientras que las compras a Portugal se elevaron un 30,9% respecto a febrero del año anterior.

La producción de prendas para Europa está trasladándose de Asia a países como Polonia, Turquía, Rumanía o Portugal

Lo mismo pasó con Italia, cuyas exportaciones a España se elevaron un 6,6% durante el mismo periodo. También cobraron importancia otros hubs como los Países Bajos, donde las importaciones españolas de moda se incrementaron un 18,15% entre febrero de 2020 y febrero de 2019.

Así lo confirma el número uno de distribución de moda, Inditex, en su informe financiero del ejercicio 2020: “Los mercados de aprovisionamiento, y consecuentemente la cadena de suministro, también han sufrido los efectos de la pandemia con cierres temporales de las fábricas, retrasos en los envíos, etc. El Grupo ha implementado medidas encaminadas a mitigar su impacto sacando partido de la flexibilidad propia de su modelo de aprovisionamiento basado en el abastecimiento de proximidad”.

Y si por un lado se dispara la producción en los países en cercanía de Europa, en la fábrica del mundo ocurre a la inversa. Con la paralización de la producción, la cancelación de pedidos, y la migración de los talleres, los principales hubs de producción en Asia-Pacífico se enfrentan a pérdidas millonarias. En Bangladesh, por ejemplo, ya se han perdido más de 350.000 puestos de trabajo en la industria textil desde el inicio de la pandemia, según el medio especializado Just Style.

Además, entre 2019 y 2020 el comercio de productos textiles de Bangladesh descendió un 4%, según datos de la Organización Mundial del Comercio, mientras que en otros países como Indonesia o Myanmar la caída fue del 9% y del 4% respectivamente.

Europa no se basta

Sin embargo, pese al incremento de la producción en cercanía, la industria europea de la moda confirmó que en su territorio no puede hacer frente a la demanda de producción, dada la falta de infraestructura o la focalización de las plantas de producción en clientes de primera calidad y lujo.

Además, el sector en Europa se tiene que enfrentar a otros desafíos para ganar relevancia, como la creación de una industria vertical en cercanía, la inversión en smart sourcing y tecnología o mejorar la relación con los proveedores.

En ese sentido, el sector, liderado por Euratex (patronal de la industria de la moda en Europa), ha acelerado la relocalización de la producción en la región y la inversión de recursos en hubs productivos como Turquía, Prato (Italia), Polonia o Rumanía.

La facturación del sector textil en Europa –una industria que está formada por 160.000 empresas que cuentan con una plantilla de 1,5 millones de personas– ascendió a cerca de 162.000 millones de euros en 2019 y sus exportaciones se situaron en 61.000 millones de euros, según el informe Facts & Key figures of the European Textile and Clothing Industry publicado por Euratex.

Aunque la asociación sitúa la recuperación de la industria europea de la moda en el corto o medio plazo, no será posible sin una fuerte inversión, ya que la pandemia ha tenido un impacto de 50.000 millones de euros en el sector. El objetivo de Euratex es convertir la industria europea de la moda en la capital mundial del textil y la innovación.

Para ello, los planes de Euratex pasan por inyectar liquidez en el sector con la puesta en marcha del programa Sure, a través del que aportará cerca de 100.000 millones de euros a los fabricantes textiles con el objetivo de impulsar la flexibilidad en el mercado laboral.

Moda sostenible

Otra de las propuestas de Euratex es estimular la demanda de tejidos, además de promover la aceleración de pagos o evitar el aumento de precios y otras restricciones. Además, la patronal también insta al desarrollo de programas con el objetivo de fomentar la competitividad de empresas, reciclar los propios hubs de producción, invertir en digitalización y aumentar la integración de países no europeos pero próximos al continente, como Turquía.

Pero, sobre todo, la patronal apuesta por la sostenibilidad como punta de lanza para impulsar la industria europea de la moda. Bajo el lema Making circular economy happen, Euratex propone medidas como la utilización de hilo de corcho reciclado o fomentar el uso de residuos textiles.

Bajo este prisma, la industria europea de la moda se ha erigido como estandarte de sostenibilidad, laboral, social y medioambiental, y, combinándolo con su insignia de calidad, tiene como objetivo que en las etiquetas de los pantalones, vestidos y camisetas, vuelva a leerse Made in Europe.