La moda eterna de la novela histórica

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La receta de la novela histórica parece haber cundido y los editores que desean vender mucho y arriesgar poco publican sin parar novelas sobre Juana la Loca, Leonardo da Vinci o la princesa de los Ursinos. Aunque la mayoría de estos libros no tienen grandes pretensiones, sin duda responden a una demanda sostenida por el efecto sugestivo de lo que “realmente sucedió”. ¿Pero de qué pasado estamos hablando? ¿Cuál es el trasfondo ideológico de las novelas históricas actuales?

Hace diez años ya era posible comprobar una inclinación a proponer versiones alternativas a las impuestas durante siglos por el poder. Esta reescritura de la historia se fundamentaba en el afán postmoderno de destruir la hegemonía de los “grandes relatos” de la modernidad (según terminología del gurú Lyotard), de manera que sería más interesante reflejar la visión de los vencidos, las minorías derrotadas por una visión eurocéntrica del pasado. Hoy en día estos planteamientos siguen vigentes en muchos novelistas históricos, aunque hayan evolucionado ligeramente.

Una reescritura femenina de la historia

Una tendencia sobresaliente de los últimos años es la proliferación de novelas que tienen como protagonista a mujeres que manejan su destino con una determinación más firme que la de los varones en todos los órdenes: en las batallas más terribles o en las intrigas cortesanas, en los negocios familiares o en las exploraciones de nuevas tierras. En no pocas ocasiones esta fuerza de carácter también se manifiesta en relaciones amorosas más propias de nuestra era postmoderna que de cualquier otro período histórico. Un caso interesante es el de Isabel la Católica, blanco de la fabulación ya desde hace bastantes años, cuando Salman Rushdie en un cuento y Alejo Carpentier en su última novela la pintaron como una desinhibida amante de Cristóbal Colón.

Otros narradores han vuelto la mirada hacia mujeres con un papel más oscuro. Al poner el acento en los personajes secundarios, no sólo hay un deseo de fabular, de escribir con libertad sin las ataduras de la historia conocida por todos, sino también un deseo de mostrar una versión alternativa. El mundo de las mujeres pertenece a ese ámbito, sin duda, como el de las minorías étnicas o los grupos de los “perdedores” de la Historia (judíos y musulmanes en la España medieval, por ejemplo).

Si hay un denominador común en estas novelas es la puesta en escena de una nueva heroína que compite con el varón a pesar de las convenciones sociales. En este sentido, el tiempo predilecto parece ser la Edad Media. Por ejemplo, la última novela de Rosa Montero (“Historia del Rey Transparente”, ver Aceprensa 114/05) se sirve de los numerosos relatos y leyendas medievales sobre una muchacha que se viste de varón para guerrear. Otras escritoras también recrean la vida de “mujeres fuertes” que dominaron la sociedad como reinas, princesas, abadesas…: Ángeles de Irisarri (“El viaje de la reina”, “Isabel la reina”, etc.), Toti Martínez de Lecea (“La abadesa”), Almudena Arteaga (“La princesa de Éboli”, “María de Molina”), etc. A esta nómina también se añaden autores varones como César Vidal (“Yo, Isabel”). Aunque sería injusto valorar una novela sólo por su fidelidad histórica, no cabe duda de que los prejuicios modernos sobre la Edad Media perviven en algunas de las novelistas mencionadas.

Fusión de novela histórica y novela policiaca

Si la novela histórica es un género muy permeable a los gustos del mercado, no extrañará entonces que sus límites se confundan con otras modalidades de éxito comercial, como el relato policial. Es lo que sucede, por ejemplo, con las entretenidas novelas de Lindsay Davis sobre Marco Didio Falco, detective romano, o la reciente “El enigma de la calle Blanc-Manteaux” de Jean-François Parot, ubicada en el París rococó.

También podemos recordar uno de los últimos “best sellers”, “El Club Dante” de Matthew Pearl (ver Aceprensa 83/04), ambientado en Nueva York en los años de la Guerra de Secesión. Juega un papel importante la traducción de la “Divina Comedia” a cargo de una serie de poetas norteamericanos y tiene como protagonista a un improbable detective negro.

En España Pérez Reverte ya echó mano del mismo recurso desde “El maestro de esgrima”, y, por supuesto, no le han faltado imitadores. La exitosa saga del capitán Alatriste (folletín, aventuras e intriga en el Siglo de Oro) han hecho posible novelas como “El manuscrito de Calderón” de José Calvo Poyato. De todas formas, una vez más el origen de estas mezclas tan interesantes para las economías de las editoriales hay que buscarlo en “El nombre de la rosa”, donde Umberto Eco aunaba las investigaciones de los protagonistas Guillermo de Baskerville y su discípulo Adso (o sea, Sherlock Holmes y Watson) con un trasfondo medieval trufado de referencias a la filosofía escolástica y a la espiritualidad postfranciscana.

Países y épocas de moda

Por supuesto, la moda de la novela histórica no afecta sólo a España. En la mayoría de los países occidentales es enorme el número de esta clase de libros editados al año. Según cada país, se puede observar una preferencia por tal o cual época, de acuerdo con las circunstancias sociopolíticas del momento presente.

En Francia, por ejemplo, durante la década de los noventa un buen número de novelistas (Claude Simon, Jean Rouaud, Pierre Bergounioux, Richard Millet, etc.) escribieron sobre la Primera Guerra Mundial. En Argentina se observa, en cambio, una inclinación por el siglo XIX, época en la que se forjó la nación.

Otro país con fuerte tradición histórica es Inglaterra. La excelente saga náutica de Patrick O’Brian y la vulgar serie de aventuras del fusilero Richard Sharpe sobre las guerras napoleónicas, exaltan el poder de Gran Bretaña en un tiempo en el que la nación se consagró como primera potencia mundial. No hay que ser muy perspicaz para advertir una nostalgia profunda detrás de todo esto. En España, por el contrario, la tendencia parece indicar una atracción por el Siglo de Oro, cuyo éxito ha capitalizado Pérez Reverte. En cierto sentido estas novelas españolas vienen a suponer el espejo invertido de las británicas.

Sin embargo, las épocas que parecen concitar el entusiasmo de los lectores aficionados al género son la Antigüedad y la Edad Media. La afición por Alejandro Magno y, sobre todo, por Roma, tiene sus antecedentes en las novelas piadosas del siglo XIX (del tipo “Los últimos días de Pompeya”, “Ben-Hur” o “Fabiola”). Sin embargo, en el siglo XX las interpretaciones son más diversas. Si encontramos defensores de los valores del cristianismo (Taylor Caldwell), la Roma pagana también resulta sumamente atractiva y los cristianos, cuando salen, son unos fanáticos peligrosos. Tal es el caso de algunas novelas sobre el enigmático emperador Juliano el Apóstata.

En cuanto a la Edad Media, de sobra se puede advertir que la tendencia general es la deconstrucción del sistema de valores que le dio vida. Ciertos novelistas de los años ochenta, como Peter Berling o Umberto Eco, han preparado el camino. No obstante, se encuentran visiones más equilibradas como las de Jesús Sánchez Adalid (“El mozárabe”) o César Vidal (“El médico de Sefarad”).

La novela de investigación histórica

No es que sea precisamente una novela histórica, pero “El código da Vinci” ha generado una serie de imitaciones directas o indirectas (“La Biblia de barro” de Julia Navarro, ver Aceprensa 55/05), en las que la trama de la novela se basa en una investigación, totalmente apócrifa, que trastoca lo que hasta ahora se había creído como cierto. En este tipo de libro suele suceder, además, que por medio se encuentra alguna misteriosísima y secreta organización con fines no demasiado claros, pero muy eficaz en todo lo que se refiera a manipular datos.

Se trataría, una vez más, de esa tendencia general a desconfiar de las versiones tradicionales de la historia, en un formato de “best seller” y con pocas explicaciones enfadosas sobre el rigor de las nuevas teorías. La receta, desde luego tiene éxito. La citada Julia Navarro con otra novela suya, “La hermandad de la Sábana Santa” (ver Aceprensa 68/04) ha conseguido vender medio millón de ejemplares el pasado año.

En general, estas novelas no pretenden tanto recrear una época o un personaje, sino internarse en los vericuetos de una investigación. A veces recurren a variantes más románticas como la del arqueólogo (“El egiptólogo” de Arthur Phillips) o a los buscadores de vampiros disfrazados de eruditos, como sucede con la amenaza fantasma de la temporada, “La historiadora” de Elizabeth Kostova (ver Aceprensa 114/05).

Hay también novelas serias que han atestiguado ese proceso tortuoso y difícil que es llegar a la verdad histórica, porque los historiadores, como los demás seres humanos, pueden verse engañados por sus propios prejuicios, por sus fobias y sus filias. En el ámbito hispánico existen libros de culto en esta dirección, como “Respiración artificial” del argentino Ricardo Piglia. Y han tenido también gran predicamento otros como “Santa Evita” o “La novela de Perón”, de su compatriota Tomás Eloy Martínez. En España, una de las mejores novelas de la última década, “Soldados de Salamina” de Javier Cercas (ver Aceprensa 69/01), relata una investigación acerca de la Guerra Civil: novela que, a pesar de sus virtudes literarias y su planteamiento innovador, acaba doblegándose a la versión histórica políticamente correcta en el momento en que se escribe.

El derecho a cambiar la historia

Así pues, si la historia no es neutral, la novela con su mixtura de ficción y subjetividad, mucho menos. En realidad, aquí entramos en el terreno erizadísimo de los derechos de los novelistas a entrar de lleno en el campo de la historia. Un maestro del género, el cubano Alejo Carpentier, se escudaba en Aristóteles para sus ficciones que, deliberadamente, cambiaban la historia: “No es oficio del poeta (o digamos del novelista) el contar las cosas como sucedieron, sino como debieron o pudieron haber sucedido”.

Ahora bien, si podemos aceptar este razonamiento aristotélico, no conviene tampoco pensar que en la novela histórica todo vale. En realidad, cuando leemos este tipo de textos inevitablemente vamos juzgando las situaciones con los ojos de nuestra mentalidad contemporánea. Por eso es necesario que interpretemos que la trama de la novela alude a problemas que no pertenecen en exclusiva al pasado, sino que afectan a nuestro presente.

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Javier de Navascués es
Profesor de literatura en la Universidad de Navarra, poeta y ensayista.
Premio Juan Rulfo de crítica literaria.
E-mail: [email protected]


SUGERENCIAS DE NOVELA HISTÓRICA

::Mundo clásico::


Thornton Wilder: Los idus de marzo

Construida con una original estructura epistolar, recrea los prolegómenos del asesinato de Julio César.

Marguerite Yourcenar: Memorias de Adriano

Este libro de 1951 es fundamental no sólo por su estilo depurado, sino también por ser uno de los primeros en explorar el recurso de las falsas memorias del protagonista. Robert Graves en su “Yo, Claudio” (1935) también influyó grandemente.

 

::Edad Media::


Walter Scott: Ivanhoe

Una Edad Media de cartón piedra que, sin embargo, tuvo un enorme influjo en los novelistas históricos del siglo XIX.

Robert L. Stevenson: La flecha negra

Trepidante novela de aventuras durante la Guerra de las Dos Rosas (s. XV) en Inglaterra. Lo que distingue a Stevenson es que no resulta nada retórico en las escenas de acción ni melindroso a la hora de describir los caracteres femeninos.

Sigrid Undset: Cristina, hija de Lavrans

Espléndida trilogía sobre la vida de una mujer, desde su juventud hasta su muerte, ambientada en la Escandinavia medieval. La escritora, premio Nobel, también sobresale con otra novela de tema y extensión semejantes, “Olav Audunsson”.

César Vidal: El médico de Sefarad

Novela a contra corriente de las versiones más divulgadas sobre la mentalidad medieval y el “encuentro” de las culturas. En este año ha aparecido su continuación, “El médico del Sultán”.

Amin Maalouf: León el africano

Maalouf, libanés afincado en Francia, proclama en sus novelas la necesidad del diálogo entre las culturas. El protagonista, aquí un musulmán, conoce la enorme diversidad del mundo a través de la experiencia de un viaje.

 

::Edad Moderna (siglos XVI, XVII y XVIII)::


Alessandro Manzoni: Los novios

La primera obra maestra del género tras su fundación. A caballo entre el romanticismo y el realismo, Manzoni cuenta las aventuras y desventuras de una pareja enamorada en medio de la Lombardía del siglo XVII.

Ismail Kadaré: Los tambores de la lluvia

Una curiosa novela bélica que enfrenta a un poderoso ejército turco que trata infructuosamente de conquistar una fortaleza albanesa.

Leo Perutz: El Judas de Leonardo

En medio de un exquisita recreación del Milán de Ludovico el Moro, se cuenta una historia que pone a prueba el valor del amor y el arte frente al dinero. Puede servir como antídoto cultural contra la espectacular vulgaridad de “El Código Da Vinci”.

Tracy Chevalier: La joven de la perla

De acuerdo con la variante de la novela histórica de artista, esta obra es una fábula sobre la génesis de uno de los cuadros más famosos de Jan Vermeer. El resultado es una historia de amor contada con delicadeza.

Ramón J. Sender.: La aventura equinoccial de Lope de Aguirre

Gracias a la sobriedad de su estilo, es la mejor de una serie de novelas dedicadas al genuino antihéroe de la conquista española de América.

Thornton Wilder: El puente de San Luis rey

Extraordinaria novela sobre el destino de un pequeño grupo de personajes que sufren un accidente en el Perú del siglo XVII.

Leonardo Sciascia: El archivo de Egipto

Ubicada en Sicilia en el siglo XVIII, es una reflexión sobre la manipulación interesada de la historia desde la perspectiva izquierdista de este autor italiano.

Italo Calvino: El barón rampante

Fábula irónica sobre la situación del intelectual ilustrado ante los fenómenos revolucionarios. El texto más difundido e ingenioso de su autor.

 

::Edad Contemporánea (siglos XIX y XX)::


Patrick O´Brian: Capitán de mar y guerra

Primera entrega de la famosa serie de veinte novelas sobre la Armada inglesa en tiempos de Nelson. Además de sus cualidades literarias y su amenidad, en esta obra, el autor hace gala de un excelente dominio de la vida cotidiana en los barcos de la época.

Benito Pérez Galdós: Trafalgar

El primer libro de los Episodios Nacionales sigue siendo la mejor novela bélica de la literatura española.

Patrick Rambaud: La batalla y Nevaba

Estas dos novelas forman parte de una excelente trilogía sobre las guerras napoleónicas (la tercera no está traducida todavía). Prosa cuidada y documentación excelente.

Lev Tolstoi: Guerra y paz

Una de las cumbres del género de la novela histórica. Aparte del interés novelesco y filosófico del texto, llama la atención la fuerza de los numerosos episodios bélicos, la extremada documentación y las digresiones sobre teoría de la historia.

Giuseppe Tomasi di Lampedusa: El gatopardo

Una absoluta obra maestra del género. Narra la decadencia de los Salina, familia aristocrática de Sicilia, en el tránsito entre el Antiguo y el nuevo Régimen.

Jean Giono: El húsar en el tejado

En medio de un espectáculo sobrecogedor de muerte y destrucción durante la epidemia de cólera en Provenza a mediados del siglo XIX, el libro da entrada a un puñado de personajes heroicos.

Stephen Crane: La roja insignia del valor

Recoge la vivencia de una batalla de la Guerra de Secesión norteamericana desde la óptica de un soldado novato. Un clásico de la literatura de su país.

Willa Cather: Pioneros

Amena reconstrucción de la vida cotidiana de los primeros colonos en el Medio Oeste norteamericano. La autora, dueña de un estilo poderoso y expresivo, también situó otras excelentes ficciones suyas en el siglo XIX, como La muerte llama al arzobispo.

Arturo Uslar Pietri: Las lanzas coloradas

Novela histórica de los años treinta sobre las guerras de independencia en Venezuela. Muestra, desde una rara objetividad, la violencia de las batallas, la leva, los saqueos, etc. Es la mejor obra de Uslar.

Mario Vargas Llosa: La guerra del fin del mundo

Vargas Llosa estudió el conflicto civil de Canudos, a fines del siglo XIX en el noroeste brasileño. El resultado es esta novela difícil, densa, violenta y ambiciosa, que trata de mostrar el sinsentido de los fanatismos ideológicos. Acusa, por el contrario, un fuerte relativismo.

Joseph Roth: La marcha Radetzky

Bella recreación de la decadencia del Imperio austrohúngaro, simbolizada en el fracaso vital del último descendiente de una familia ilustre, los Trotta.

Javier Cercas: Soldados de Salamina

 

Una de las mejores novelas que se han escrito sobre la Guerra Civil Española, por el interés de su estructura, la facilidad de su prosa y la novedad, sólo aparente, de sus interpretaciones ideológicas.

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