Umbriel. Barcelona (2005). 704 págs. 19 €. Traducción: Eduardo G. Murillo.
Dicen que la autora de “La historiadora” recibió, como anticipo editorial, más de 1,6 millones de dólares, y que en pocas semanas la novela se encaramó a la lista de libros los más vendidos en Estados Unidos.
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La novela narra cómo Paul, prestigioso profesor de Oxford, después de muchos años investigando y ocultando un peligroso secreto, decide sincerarse con su hija y le cuenta los extraños acontecimientos que envolvieron la desaparición de su mentor y catedrático, el profesor Rossi. Durante años, Paul llevó a cabo una desesperada búsqueda de su amigo, recorriendo algunos países tras el telón de acero y sumergiéndose en la historia del mítico conde Drácula.
La estructura de la novela hace todo lo posible para estirar y mantener la acción, lo que provoca que muchos de sus pasajes sean bastante previsibles. “La historiadora” contiene rasgos literarios muy simplones: investigación de un hecho histórico que da una pista en algún lugar del planeta, viaje al lugar en cuestión donde hay otra pista, y vuelta a viajar. Además, los ingredientes de terror y “suspense”, que se venden como los más sabrosos, no lo son tanto. También es muy débil la caracterización de los personajes, sobre todo de los malos -como, por ejemplo, los vampiros o los espías del Partido Comunista-, que no consigue crear tensión alguna por estar encajada en descripciones pueriles. El peregrino final de la novela, después de setecientas páginas, no ayuda precisamente a quedarse con buen sabor de boca.
José María Fernández Fuentes