Incendios mediáticos, con el Corán y el Papa

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El pastor Terry Jones, líder de una pequeña iglesia de Gainesville (Florida) con unos 50 fieles, ha logrado crear la amenaza de una crisis entre Occidente y los países islámicos con su peregrina idea de quemar ejemplares del Corán, finalmente abandonada. En el Reino Unido, en vísperas del viaje de Benedicto XVI, unos minoritarios grupos de activistas se empeñan en crear a gritos un incendio mediático para dar la impresión de que la opinión pública está contra del viaje. Lo más descorazonador es comprobar qué fácilmente, en cuestiones religiosas, los extremistas consiguen acaparar la atención mediática en detrimento de los que intercambian ideas y no insultos.

El pastor Jones, con su pistola del calibre 40 al cinto, se retrata muy serio delante de unos carteles con la frase “El islam es del diablo”. Decía que con la quema del Corán quería lanzar a los radicales islámicos el mensaje de que América no se dejará dominar por su terror.

“La hoguera es el recurso de un idiota”, ha comentado el fiscal general del estado, Eric Holder, aunque no por ello deje de ser “peligroso”. Al final, las idioteces de este estilo las acaba pagando algún cristiano de Pakistán o de Sudán, al que le cortarán el cuello o le quemarán la casa, aunque nunca haya oído hablar del pastor Jones.

El temor era que se repitieran los brotes violentos que se produjeron ante situaciones como las de las caricaturas de Mahoma en 2006. Es seguro que los extremistas radicales sacarán partido de este “mensaje” que el pastor quiere enviarles. Pero sería deseable que los responsables islámicos supieran distinguir entre el cristianismo y un pastor que solo responde ante sí mismo; entre lo que en bloque se llama Occidente y las manifestaciones estrafalarias de un provocador. Después de todo, también la gran mayoría de musulmanes piden que se distinga entre el islam como religión y las acciones de los terroristas islámicos.

Las Naciones Unidas, la Casa Blanca, el Vaticano y líderes musulmanes, judíos y católicos en EE.UU., pidieron a Jones que cancelara sus planes. Supongo que se habrá sentido halagado ante tanta atención pública. Y quizá el mejor modo de evitar estas hogueras sería que los medios de comunicación no brindaran tanta publicidad gratuita a exaltados. Quemar un Corán en un pueblo de Florida no pasa de ser un hecho aislado y estúpido. Sólo se convierte en la mecha de una crisis si los medios de comunicación hacen de altavoces del mensaje, magnificando su insignificancia.

Esperando al Papa en el Reino Unido

Los extremistas se crecen cuanta más atención se les presta. También en el Reino Unido es curioso el clima mediático que se ha creado en los días previos al viaje de Benedicto XVI. Una serie de activistas han decidido aprovechar la visita no solo para defender sus causas particulares -homosexualidad, ordenación de mujeres, ateísmo…-, sino para arremeter contra el Papa que no comparte sus ideas. Quieren dar la impresión de que son la voz de una gran mayoría de británicos, opuestos al viaje del Papa.

Sin embargo, los sondeos que se han realizado demuestran que estos se arrogan una representatividad ficticia. La encuesta realizada en Escocia revela que solo el 5% de la población escocesa se opone, frente a un 31% que está a favor, mientras que el 63% ni entra ni sale. Otra, encargada por la revista de Tablet en todo el Reino Unido, confirma que el 25% está a favor (entre los católicos, es un 71%), un 11% en contra y de nuevo un 63% neutral.

Donde es difícil encontrar neutralidad es en algunos medios periodísticos, que deberían extremar su objetividad al ser canales públicos. La BBC Radio 4 ha emitido un docu-drama sobre la vida de Newman, cuyo argumento central es lanzar sospechas sobre su amistad con su colaborador Ambrose Saint John, como si fuera una relación homosexual, según la tesis que intentan difundir activistas homosexuales. También la BBC2 emitirá un documental sobre abusos sexuales cometidos por clérigos católicos, programa que ha sido realizado por Peter Tatchell, activista homosexual. Aquellos que se quejan de que se utilicen fondos públicos para gastos relacionados con la visita del Papa, deberían preguntarse por qué la BBC utiliza el dinero recaudado por el obligatorio canon televisivo para hacer programas tan sesgados al servicio de lobbies determinados.

La agresividad de los tolerantes

Nadie está obligado a estar a favor de la visita del Papa. Pero lo que llama la atención en estos profesionales de la protesta es la agresividad y la intolerancia que demuestran, tan lejana a la proverbial flema británica.

En un reciente debate, organizado por Central London Humanist Group -organización antirreligiosa-, la agresividad fue tal que hasta el comentarista de New Humanist (de la misma cuerda), reconocía en su reseña: “En la audiencia de la pasada noche, los opuestos a la visita [del Papa] sobrepasaban en gran número a los partidarios, y a menudo hacían callar a gritos a los católicos (incluidos a los que planteaban preguntas desde el público), en vez de escuchar sus puntos de vista y argumentar contra ellos racionalmente. Hubo muchos gritos -incluidos muchas palabrotas- y en ocasiones a los ponentes no se les permitía terminar sus intervenciones”.

Parece que la agresividad está resultando contraproducente, pues la protesta encuentra más eco en la prensa que en la calle. De hecho, la lista de las organizaciones que apoyan la campaña “Protest the Pope” es muy reducida, y limitada al filón de los secularistas y “humanistas”.

Desde el punto de vista informativo, el problema es que los extremistas ocupen el centro de la atención mediática, cuando no son más que una minoría gritona.

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