El abuso de un formato prefabricado

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La información religiosa nunca ha sido un filón muy atractivo para la prensa no especializada. Demasiado alejada de la polémica, por lo general. Demasiado espiritual para producir noticias de carne y hueso. Demasiado complicada para el que no se esfuerza en conocer el mundo religioso. Así que cuando se produce un fenómeno con sex appeal como el de los abusos sexuales del clero, el informador agarra la presa y no está dispuesto a retirarla del titular, cueste lo que cueste, pase lo que pase o lo que no pase.

Sin duda, es un tema importante que merece atención y rigor. Lo malo es cuando se convierte en el tema único de la información religiosa referida a la Iglesia católica, y se repite un esquema hasta convertirse en un género periodístico prefabricado.

El formato puede resumirse así

La información religiosa solo se centrará en los abusos sexuales, y todo se verá en función de eso. Sin duda el Papa habla de muchos temas: de oración, de caridad, de la fe, de la liturgia, de familia… Pero si en una intervención pública no habla de los abusos sexuales, sus palabras no interesan o bien sirven para un titular de este estilo: “El Papa no mencionó los abusos sexuales”, aun cuando hayan sido unas palabras dirigidas a un grupo de bibliotecarios recibidos en audiencia. Se sugiere así una actitud de silencio, de ocultación, de falta de atención a las víctimas.

¿Menciona los abusos? “El Papa reconoce los abusos que ocultó la Iglesia”. Lo importante, diga lo que diga el Papa, es que sirva para mantener en titulares el tema de los abusos, haya o no haya algún hecho nuevo.

Pero incluso cuando el Papa habla del tema hay que dejar claro que no basta. Es obligado mencionar que algunos grupos de víctimas (innominadas muchas veces) dicen que “el Papa no ha ido suficientemente lejos”, por lo que manifiestan su “decepción por esta ocasión perdida”. Ellos esperan que la Iglesia tome medidas, y no se quede en palabras. Por supuesto, nunca se mencionan las medidas que ya ha tomado la Iglesia desde hace tiempo.

El formato exige también dar la impresión de que los abusos se están produciendo ahora, aunque cuando se desciende a los hechos resulta que la gran mayoría son de hace más de treinta años. Pero no importa, Benedicto XVI es responsable como cabeza de la Iglesia. Es como si se exhumaran ahora nuevos casos de las matanzas cometidas por algunos militares americanos durante la guerra de Vietnam -que es de la misma época que estos abusos sexuales- y se pidiera cuenta a Obama por ellos.

El formato incluye no poner nunca estas informaciones en un contexto que permita hacer comparaciones con lo que ocurre en otros ámbitos. Como ha escrito un experto del tema, Philip Jenkins, todo esto provoca que “la opinión pública se haya familiarizado con la figura del ‘cura pederasta’, mientras que los abusadores de otros ámbitos pasan desapercibidos. Se informa de los casos de sacerdotes como si se tratara de una crisis endémica de la Iglesia, mientras que los culpables no católicos son vistos como malhechores aislados, simples manzanas podridas de su profesión”.

Ciertamente, no se trata de matar al mensajero. Pero sí hay que pedirle que informe mejor y de más cosas. En la época de Franco, a un ministro de Exteriores que solo se ocupaba de reivindicar Gibraltar le llamaban “el ministro del Asunto Exterior”. Ahora a algunos informadores religiosos se les podría llamar informadores de abusos sexuales.

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