La inclusión llega a los museos

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Duración lectura: 2m. 41s.
Autorretrato Sofonisba Anguissola, 1556

Sofonisba Anguissola,  “Autorretrato”, 1556

 

La contundente afirmación de que la historia se ha tejido con las mujeres, haya sido visible o no su protagonismo y su influjo, es algo que se va comprobando cada vez más, también en el arte.

El magnífico e interesante libro de Régine Pernoud, La mujer en el tiempo de las catedrales (1980), ensayo-viaje al mundo de las mujeres en Francia durante la Edad Media, nos descubrió la existencia de reinas, monjas, escritoras, trabajadoras de distintos oficios, guerreras o campesinas en una época considerada oscura para muchos, pero que resulta fascinante.

Clara Peeters, Lavinia Fontana, Sofonisba Anguissola, Angelica Kauffmann, Anna Maria Teresa Mengs, Judith Leyster, Camile Claudel, Dora Kallmus, Dora Maar, Gerda Pohorylles, Lotte Laserstein, Hilma Klint, Alice Guy, Helen Frankenthaler, y un largo etcétera todavía incompleto se recogen en el libro Grandes mujeres artistas (Phaidon, 2019), donde se relacionan (algo es algo, para empezar) 400 mujeres artistas.

En 2016 el Museo del Prado de Madrid realizó la primera exposición monográfica de la artista Clara Peeters (1590-1621), presente en sus fondos, quien se retrataba reflejada en los objetos metálicos de sus naturalezas muertas. En 2019 estrenó exposición, en su bicentenario, de dos mujeres artistas que también forman parte de su patrimonio y a las que nunca se les dedicó atención especial: Lavinia Fontana (1552-1614) y Sofonisba Anguissola (1535-1625). En 2017, la Galeria Ufizzi de Florencia inició el camino mostrando las obras de sor Plautilla Nelli (1524-1588) y Elisabetta Sirani (1638-1665).

El MOCA de Los Ángeles tiene un 25 % de representación de artistas mujeres, seguido del Whitney Museum of American Art, con un 22 %. En Nueva York, el MoMA alcanza un 11% y en el Met hay 7,3% artistas mujeres en su acervo.

Reescribir la historia del arte

Mujeres artistas con obras atribuidas a su maestro, a su padre, a su marido…, o simplemente no reconocidas profesionalmente. Está surgiendo un necesario movimiento de visibilidad, reconocimiento y rehabilitación de estas mujeres. Se ha contado la historia del arte sin incluirlas, y se hace necesario reparar esta omisión con ellas.

Muchos se han interesado en saber más de las artistas mujeres. Un pionero fue Giorgio Vasari (1511-1574), uno de los tratadistas del arte más importantes del Renacimiento, arquitecto, pintor de cámara de los Médici, quien publicó la primera enciclopedia de biografías artísticas (Le vite de’ più eccellenti architetti, pittori et scultori italiani). La primera edición es de 1550, ampliada y reescrita en 1568, incluyendo grabados con los retratos de los artistas –algunos inventados–. Entre otras, están presentes las biografías de Artemisia Gentileschi y Properzia de’ Rossi, mujeres artistas de su tiempo.

Hoy tenemos el reto de revisar el estatus de ciudadanía, además del discurso y contenido de las obras de mujeres artistas a lo largo de los siglos; de aunar esfuerzos para profundizar en las razones de la falta de presencia de mujeres en las colecciones de arte, en los espacios culturales y museos; de difundir y estudiar su obra, analizando el relato que se manejó para minusvalorarlas o silenciarlas.

 

María Molina León
Historiadora del Arte, Antropóloga y Museóloga. Directora del Museo Universidad Panamericana (Ciudad de México)

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