“Thérèse es una historia de amor sencilla y luminosa”

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DURACIÓN LECTURA: 3min.

Va camino de los 80 y sigue en activo. Cavalier transmite vitalidad y entusiasmo. Ha estrenado película hace poco (Irène) y tiene muchas ganas de trabajar.

— “Thérèse” ha tardado 25 años en estrenarse en España.

— Debo decir que ha sido una sorpresa agradable. Primero fue una sorpresa que no se estrenara. Fue algo misterioso, no lo entiendo. El país de santa Teresa y de san Juan de la Cruz, y no querían esta película…

Así es España: nos gusta ser muy clericales o muy anticlericales…

— Sí, tal vez tenga que ver con el extremismo español. En todo caso, estoy muy contento con este estreno, que ha llegado como una feliz sorpresa.

¿No cree que esta película puede resultar complicada, que hay que estar iniciado, conocer la vida de Teresa de Lisieux para entenderla?

— No, no creo. Es una historia de amor sencilla y luminosa. Ilustra la “tensión amorosa”, su manera de vivir su amor. Ella está enamorada de un hombre que vivió hace dos mil años.

¿Es una película para lo que tienen fe?

— En realidad la fe no es necesaria para ver esta película. Una persona sin fe entiende lo que hace Teresa; ella ama y ese amor la hace amar también a los demás. Eso se ve en la película.

Formalmente, la película me ha hecho pensar en Robert Bresson. ¿Puede decirme si la película está influída por él o por otros cineastas?

— Todos somos alumnos de Jean Renoir y de Robert Bresson. El primero era muy amable. El segundo extremadamente severo, exigente, muy purista, muy estilista. Pero los dos nos han formado y de ellos lo hemos aprendido todo.

Bresson también ha tratado temas parecidos, aunque mi manera de trabajar es muy distinta. Bresson era lento y repetía una y otra vez hasta conseguir lo que quería. Mi manera de trabajar es mucho más rápida y distendida. En cuanto decía algo a Catherine Mouchet, lo hacíamos corriendo.

A propósito de la actriz protagonista de “Thérèse”, Catherine Mouchet, resulta asombroso que sea su primera película: está maravillosa. ¿Cómo la eligió?

— ¿Dónde la encontré? En la escuela de arte dramático. Estaba sentada en el suelo y recitaba el texto de la muerte de Mouchette, de Bernanos, ya sabe: el monólogo de Mouchette antes de lanzarse al agua para morir ahogada (por cierto, Bresson hizo esa película), y tenía una pelota, y a medida que hablaba salía agua de la pelota que corría hacia el espectador. No llevaba más de diez frases cuando me decidí a hacer la película con ella.

— “Thérèse” marca una divisoria en su filmografía. ¿Hay un antes y un después de esta película?

— Sí, coincide justo con la mitad de mi carrera. Para mí fue una especie de punto final, la conclusión de un trabajo que llevaba haciendo veinticinco años: escribir una historia, reunir un equipo, encontrar al actor adecuado, rodar en 35mm.

Después de “Thérèse” ha trabajado mucho con vídeo.

— Con el vídeo todo es inmediato, puedes ver algo y decidir grabarlo, y contemplar el resultado inmediatamente. En ese sentido, trabajas más como un pintor.

Eso es lo que cuenta en su película “Le filmeur”, estrenada en 2005…

— Sí, y también en Irène, que se estrenó hace dos años.

¿Sus películas son siempre autobiográficas?

— Tienen que ver conmigo. Me interesa la vida y cuando algo me impresiona o me interesa, creo que puede interesar también a otros de la misma manera que yo viví esa experiencia, y por eso lo hago.

En el caso de Thérèse, también, yo partí de un material conocido, de lo que publicaron las carmelitas, de su diario, y también de mi propia experiencia en una institución religiosa durante años [Cavalier se refiere al colegio donde estudió]. De modo que también refleja una experiencia vivida por mí.

Termina la entrevista y le deseo lo mejor en este tardío estreno español. Me dice que espera que los españoles la acojan bien. Añade que tiene tres grandes amores en el corazón: Francia, España e Italia.

Un colega ha preguntado sobre la canonización de Teresa en 1925 y yo escucho su respuesta: “En muy poco tiempo (cinco años) fueron canonizadas Juana de Arco, una joven guerrera, muy activa, y una joven carmelita mística. Son como dos manifestaciones distintas del espíritu religioso francés”.

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