Hace unos días hablábamos del auge del vídeo narrativo vertical y del éxito de las frutinovelas. Pero, antes de que las frutas antropomórficas generadas por IA aparecieran en nuestros scrolls, los microdramas chinos llevaban años erosionando la industria audiovisual.
Antes de entrar en materia, un aviso al lector: las millonarias visualizaciones de los microdramas chinos me parecen un fenómeno casi extraterrestre. Para realizar este artículo, he visto bastantes capítulos haciendo un esfuerzo ímprobo para conseguir llegar al final (y eso que duran 3 minutos). Las actuaciones impostadas, las frases imposibles, las tramas rocambolescas y los recursos visuales me han parecido más propios de vídeos caseros con nulo talento. Quizás no he dado con los microdramas apropiados… o quizás dedicarme a ver cine –bueno y malo, pero cine– me ha protegido e inmunizado contra el género…. Un consejo: vean buen cine.
Los duanju –o microdramas chinos– son seriales de entre 60 y 100 capítulos rodados en vertical para consumir en el móvil. Cada capítulo dura entre 60 y 180 segundos y el conflicto estalla en los 3 primeros. Los episodios terminan con un cliffhanger para enganchar al espectador. Normalmente, los primeros 5 o 10 episodios son gratuitos y el resto de la serie es de pago: en realidad, de micropagos, a veces con moneda digital. La temática suele girar en torno a romances apasionados con venganzas, infidelidades, secretos, relaciones imposibles y embarazos, muchos embarazos. Con otras palabras, el culebrón de toda la vida. ¿Los protagonistas? CEOs y huérfanas, cenicientas y multimillonarios y, en la vertiente fantástica, hombres lobo y vampiros. Los títulos de algunas de estas series lo dicen todo: El multimillonario cautivado por su exesposa, Mi boda secreta con un multimillonario, Me casé con el rival de mi ex, Mi esposo de hielo lee mi mente, Divorciados en la boda, Mimada por mi esposo rico, Destinada a mi alfa prohibido, Te quise tarde pero no a deshora.
Los duanju nacieron en 2018 en dos plataformas chinas de vídeo corto —Douyin y Kuaishou—, precursoras de TikTok. Con la pandemia, y la población encerrada y pegada al móvil, el fenómeno estalló en China. En 2022 nace ReelShort, la primera aplicación de duanju orientada al mercado internacional, en la que conviven microdramas chinos doblados con producciones nuevas protagonizadas por actores occidentales. A partir de ese momento surgen GoodShorts, WeTV, DramaBox y otras plataformas que ofrecen microseries en distintos idiomas, dobladas o subtituladas. En el primer semestre de 2025, más de 300 aplicaciones de microdramas estaban activas fuera de China.
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En 2025, el mercado chino de microdramas generó alrededor de 9.400 millones de dólares y superó por primera vez la taquilla cinematográfica del país
Es curioso, porque el origen de algunas de estas plataformas conecta bastante, en el fondo y en la forma, con el fenómeno Wattpad. De hecho, los fundadores de My Drama (una exitosa app ucraniana) impulsaron también My Passion, un espacio de autoedición en el que predomina la literatura romántica y erótica. Los argumentos de los duanju y de los relatos de Wattpad son muy similares, al igual que los enfoques y la manera de afrontar las relaciones amorosas, en ocasiones sumamente tóxicas. También coincide el público al que van dirigidos: las principales consumidoras de microdramas son mujeres entre los 25 y los 44 años; en Wattpad, mujeres de 18 a 24 años.
Money, money
El crecimiento económico del género es sorprendente y explica que las plataformas se multipliquen. Los datos, aunque bailan según los informes, son llamativos. En 2025, el mercado chino de microdramas generó alrededor de 9.400 millones de dólares y superó por primera vez la taquilla cinematográfica del país. Se estima que más de 830 millones de chinos consumen este contenido. Solo en 2024 se produjeron allí más de 3.000 títulos. Esta cifra se ha disparado en 2026 con la entrada de la IA: solo en enero se publicaron 14.600 títulos generados por inteligencia artificial, unos 470 al día.
En cuanto al mercado internacional, se prevé que estas piezas generen en 2026 alrededor de 3.000 millones de dólares fuera de China, de los cuales la mitad corresponderá a Estados Unidos. Según un informe de la consultora china DataEye, los próximos mercados clave para la expansión de los microdramas serán Latinoamérica, Oriente Medio e India.
Alrededor de este formato, todos los números crecen: los de las series, los de los usuarios, los de las plataformas y los de los ingresos. Pero hay un dato que ha hecho saltar las alarmas de la industria audiovisual: el tiempo de consumo. O, dicho con otras palabras, el tiempo de atención, el valor más preciado para todo el que crea contenido.

Según la consultora Omdia, aplicaciones como ReelShort generan una media de 35,7 minutos de visualización móvil diaria por usuario, frente a los 26,9 minutos de Prime Video, los 24,8 de Netflix o los 23 de Disney+. Es decir: la gente empieza a pasar más tiempo enganchada a los microdramas que viendo series en streaming convencional. Por eso, los grandes operadores están estudiando cómo entrar en el mercado del vídeo vertical. El pasado mes de febrero Disney+ lanzó su primer microdrama, Locker Diaries; Netflix está probando feeds verticales dentro de su aplicación; Televisa Univision ha lanzado ViX Micro, una plataforma de microdramas en español; Fox ha entrado en la plataforma My Drama; y Atresplayer ha probado el formato en Flooxer (su marca joven) con Una novia por Navidad, una serie en vertical de 60 capítulos de uno a tres minutos.
El salto cualitativo llegó hace apenas dos meses. En abril, ReelShort firmó un acuerdo con AIS, la mayor operadora de telefonía móvil de Tailandia, con 46 millones de clientes en su red 5G. Por algo más de un euro al mes, cualquier usuario tailandés puede acceder al catálogo completo de microdramas de la plataforma –casi 3.000 títulos–, empaquetado con su tarifa de datos móviles. Es la primera vez que una compañía de telecomunicaciones integra los microdramas como parte de su oferta básica, al mismo nivel que la conexión a internet.
Las críticas: máquinas tragaperras y porno “soft”
Mientras algunos se pliegan –o buscan cómo plegarse– a esta lucrativa tendencia, hay otros que resisten por motivos distintos. Casi nadie duda del poder adictivo de unos vídeos diseñados específicamente para atrapar al espectador y obligarle a ir pagando para desbloquear capítulos. El que las cuotas sean pequeñas o se acepten monedas digitales y otras formas de pago solo habla de un umbral de entrada bajo y de un mecanismo muy parecido al de los juegos de azar o las máquinas tragaperras. Psicólogos y educadores advierten, por su parte, del nefasto efecto de este consumo sobre la atención, especialmente entre los más jóvenes.
No pocos profesionales de Hollywood tachan directamente estas piezas de basura barata y hablan además de un contenido sexista y que fomenta los estereotipos de género
También se resisten las distribuidoras tradicionales, que ven cómo sus películas son sustituidas por vídeos de bajísimo nivel de producción, interpretación y guion. No pocos profesionales de Hollywood tachan directamente estas piezas de basura barata y hablan además de un contenido sexista y que fomenta los estereotipos de género.
La productora británica Nadine Marsh-Edwards reconoció, en un evento reciente sobre series, su desolación por la ínfima calidad de los microdramas: “Estamos yendo hacia atrás. He hecho un análisis profundo y tengo que decir que estoy genuinamente impactada por la representación de mujeres y hombres. Son títulos de porno blando. Me preocupa que estén reforzando algo que está muy presente en este momento, donde algunos hombres intentan recuperar un poder de hace siglos. Y hay mujeres jóvenes que lo están aceptando. Tenemos que estar muy atentos a lo que está pasando”.
Además de la calidad narrativa, se resiente la calidad audiovisual. Producir una serie completa cuesta entre 14.000 y 300.000 dólares (unos 200 a 4.000 dólares por episodio): un coste prácticamente irrisorio para los estándares audiovisuales. Además, existen estudios en Asia, y cada vez más en Latinoamérica, que pueden producir una temporada completa en dos semanas por 14.000 dólares. El uso de la IA –cada vez más presente en estas producciones– ha terminado de reventar las costuras. Ya no hace falta pagar a actores, ni a guionistas: pueden producirse series completas por menos de 400 dólares.
China: formatos vendo que para mí no quiero
De todas formas, probablemente la cuestión más curiosa de la expansión de los microdramas es el papel de China y su Gobierno, porque, mientras exportan el formato y se enriquecen a costa de él, lo someten a una férrea censura en casa.
A principios de 2023, las autoridades chinas retiraron 25.300 series y eliminaron más de 1,3 millones de episodios por contenido sexual, violento o vulgar. Un año después, volvieron a regular los microdramas, en este caso, los llamados romances de CEO (un género omnipresente y de mucho éxito). Son relatos protagonizados por empresarios multimillonarios que se enamoran y casan con chicas huérfanas y pobres. En su explicación, el gobierno advertía que era necesario evitar la glorificación del triunfo económico, el materialismo, la ostentación, el hedonismo o el afán de casarse con ricos y poderosos. Se llegaba incluso a señalar la conveniencia de no utilizar el término “ejecutivo dominante” en el título. Estas medidas podrían parecer un meme, pero lo cierto es que un número considerable de estos dramas cuentan historias de mujeres que hacen lo imposible por encontrar un marido rico. Antes de encontrarlo, o después, otro hombre o el mismo les hace la vida imposible. Lo dicho: toxicidad en vena.
En su afán de regular estas producciones, la NRTA (Administración Nacional de Radio y Televisión China) introdujo en el año 2025 la obligación de obtener licencia para publicar estas series y una revisión previa del contenido, especialmente si se aborda alguna cuestión política, militar o religiosa. Ese mismo año, incorporó el etiquetado obligatorio de IA: los microdramas realizados con inteligencia artificial debían señalarlo expresamente. A comienzos de 2026, una nueva directiva prohibió que los niños interpretaran roles de adultos y exhortó a las aplicaciones a proteger a la infancia, cuidando las temáticas de las microseries infantiles y evitando la explotación de los actores más jóvenes
Toda esta tutela y este despliegue legislativo son sospechosos en un país que, por otra parte, está tratando de expandir su formato al mundo y ganando mucho dinero con ello.
China no solo es la cuna de los microdramas: también es el país que más ha estudiado el efecto que los vídeos verticales pueden tener en los usuarios y el más consciente de que no todo es tan inocuo, entretenido y simple como parece.
Pero, de esto, de las consecuencias de los microdramas, hablaremos en un próximo capítulo. Continuará.
Ana Sánchez de la Nieta
@AnaSanchezNieta