Otros estrenos (1 septiembre 2017)

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Duración lectura: 1m. 59s.

Breves notas sobre algunas películas que se estrenan el 1 de septiembre.

Barry Seal: El traficante 

American Made

Director: Doug Liman. Guion: Gary Spinelli. Intérpretes: Tom Cruise, Domhnall Gleeson, Jayma Mays, Sarah Wright, Jesse Plemons, Lola Kirke, Caleb Landry Jones, Benito Martinez, Connor Trinneer, E. Roger Mitchell. 114 min. Jóvenes-adultos. (VXD)

Abigarrada semblanza de Barry Seal, un piloto aéreo que en 1976 comenzó a trabajar a la vez como transportista de diversos narcotraficantes de Latinoamérica, mercenario de la CIA e informante de la agencia antidroga estadounidense. Cuando en 1981 se asoció con el cruel cartel de Medellín, llevó a su punto álgido el Irán-Contra, una de las mayores operaciones secretas y uno de los más sonados escándalos políticos de la historia de Estados Unidos.

Como siempre, Tom Cruise se deja la piel en su caracterización de Barry Seal, aportando la suficiente veracidad a la trepidante puesta en escena de Doug Liman (El caso Bourne, Caza a la espía), que ya dirigió al actor en Al filo del mañana. Sin embargo, su personaje no alcanza la hondura dramática que debería tener por culpa de un guion demasiado ligero y convencional, que se limita a hilvanar historias ya conocidas, sin un claro enfoque ético y con un discutible afán de aliviar la tragedia con toques cómicos, a veces excesivos o de dudoso gusto. Queda así una película entretenida, pero olvidable.

 

Rehenes

Hostages / Mzevlebi

Director: Rezo Gigineishvili. Guion: Lasha Bugadze y Rezo Gigineishvili. Intérpretes: Merab Ninidze, Darejan Kharshiladze, Avto Makharadze, Tina Dalakishvili, Mikheil Gomiashvili. 103 min. Jóvenes-adultos. (VSD)

1983, en plena decadencia del comunismo en todo el Este de Europa. Un grupo de jóvenes de Georgia, pertenecientes a familias de la élite intelectual, preparan en secreto un demencial plan de huida de la Unión Soviética, que pasa por secuestrar un avión.

A través de una excelente ambientación, una tristísima fotografía, una lánguida puesta en escena y una sólida dirección de actores, el georgiano Rezo Gigineishvili genera en el espectador una angustia y un desaliento crecientes. Esos sentimientos sostienen muy bien la intriga al tiempo que desarrollan una inteligente crítica al marxismo, sobre todo por sus constantes ataques a las libertades personales, con la consiguiente desesperanza y degradación moral que provocan en tantas personas.