Italia: batalla política por el control de la RAI

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Duración lectura: 2m. 42s.

Roma. La izquierda cultural italiana, que desde hace decenios marca las pautas del país, teme perder ahora su hegemonía ante el gobierno de centro derecha de Silvio Berlusconi. El primer ministro italiano es además una fácil diana por la anomalía que supone ser al mismo tiempo propietario de las tres principales cadenas de televisión privadas (Mediaset) y referente último de la televisión pública (RAI) (ver servicio 84/01, p. 4).

No cabe duda de que ese conflicto de intereses es el talón de Aquiles de Berlusconi: por eso, algunos analistas sostienen que la actual oposición no quiso solucionarlo en la pasada legislatura, cuando ocupaba el gobierno y tenía mayoría parlamentaria. En efecto, la ley que proponía resolverlo encalló inexplicablemente en el Parlamento. Tal vez pensaron que era políticamente más rentable dejar al descubierto esa vulnerabilidad. Lo cierto es que la propuesta actual, mucho más blanda, difícilmente les contentará, como ya demostraron en la primera votación al abandonar indignados el hemiciclo parlamentario.

Si el peligro existe sobre el papel, y exige una solución urgente, también es verdad que hasta el momento no ha habido ningún elemento que justifique el alarmismo ni los corros alrededor de las sedes de la RAI en defensa de la libertad de información. A juzgar por los comentarios de algunos políticos y personalidades del mundo de la cultura, se diría que han descubierto que la televisión pública depende del gobierno solo cuando ellos, o sus amigos, no están en el gobierno.

Pero el control de la RAI por los partidos no es una novedad. Incluso el director de cine Nanni Moretti, entre otros de los que han inspirado esos corros populares (que han nacido también como una respuesta a la falta de liderazgo de los dirigentes del centro izquierda), critican ahora que en el pasado el mismo Partido Comunista participara en los repartos de zonas de influencias en la televisión. Zonas, cabría añadir, que ante el desmembramiento de la Democracia Cristiana se convirtieron en los últimos años en verdaderos reinos.

En realidad, la información en la RAI la siguen haciendo por el momento las mismas personas que la hacían con el gobierno de centro izquierda. Lo único que ha cambiado ha sido el consejo de administración, nombrado por los presidentes de la Cámara de los Diputados y del Senado, que está integrado por cinco miembros: tres por parte del área gubernamental y dos por parte de la oposición (la misma proporción que antes). La diferencia es que el nuevo presidente es una figura que ofrece mayores garantías de independencia que el anterior. Se trata del jurista Antonio Baldassarre, que fue el presidente más joven del tribunal constitucional.

El problema ahora es saber si el nuevo presidente conseguirá traducir en la práctica sus propósitos de mejorar la calidad de la televisión pública. En sus primeras declaraciones ha sembrado cierto desconcierto al criticar la vulgaridad de algunos programas notoriamente inspirados por personas de centro-derecha, y alabar el ingenio de otros, también notoriamente patrocinados por gente de centro-izquierda.

Diego Contreras