Cómo convertir la TV en un instrumento educativo

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Duración lectura: 7m. 40s.

Los padres tienen la clave
Muchos padres reservan los peores denuestos para la televisión, a la que consideran un intruso y un peligro para la formación de los hijos. Aunque los que se quejan son más numerosos que los que la apagan, no pocos parecen haber desesperado de sacar provecho de la “caja tonta” y aspiran sólo a evitar que cause daño a los niños. En cambio, el especialista norteamericano Milton Chen sostiene que el televisor puede ser un eficaz instrumento educativo, como dijo en un reciente congreso mundial celebrado en Melbourne. La condición es que la familia siga una buena “dieta” televisiva y que los padres no dejen solos a los niños frente al receptor. La revista australiana Perspective (abril 1995) recoge en un artículo, aquí resumido, las opiniones de Chen.

La mayoría de los ponentes que hablaron en la cumbre mundial sobre “La Televisión y los Niños”, celebrada en Melbourne en marzo pasado, daban la impresión de que eran ellos, no los padres, los encargados de decidir qué deben ver los niños en la televisión. La presidenta de la Australian Children’s Television Foundation y principal organizadora de la cumbre, la Dra. Patricia Edgar, dijo que “desde el principio, en la Fundación tuvimos claro que nuestra misión es hacer programas para los niños, no para los padres”.

En una de las sesiones, altos responsables de cadenas de Australia, Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Filipinas y Pakistán coincidieron en que parte de su cometido era derribar los límites de lo aceptable en la sociedad, incluso en cuestiones consideradas tabú.

Los padres, los grandes ausentes

Muchos productores de programas infantiles se sienten obligados a actuar in loco parentis y se han atribuido la responsabilidad de educar a los hijos de otros.

En cambio, un experto estadounidense presente en la cumbre ofreció un mensaje completamente distinto: la televisión de los niños debe convertirse en la televisión de los padres.

Milton Chen, que ha trabajado durante 20 años en la investigación de audiencias y en la producción de programas -ha intervenido en la popular serie Barrio Sésamo-, dijo que los padres son la primera línea de defensa contra la violencia, el consumismo y los estereotipos que presenta la televisión. “Esta conferencia -dijo- debería haberse llamado ‘Cumbre mundial sobre Televisión, Niños y Padres’. Los padres son los grandes ausentes en la relación entre los niños y la televisión. Los padres pueden amplificar los mensajes positivos de la televisión y anular los negativos”.

En unas declaraciones a Perspective, Milton Chen aseguró -con palabras de una conocida personalidad norteamericana del mundo de la televisión- que “quizá la televisión sea el único aparato cuya utilidad aumenta después de apagarlo”. Según Chen, “eso se debe a que la verdadera enseñanza de un programa educativo de televisión empieza cuando los padres lo comentan con sus hijos. Así refuerzan los contenidos, ayudan a los chicos a entenderlos y los relacionan con la propia experiencia familiar”.

A diferencia de otros expertos, Chen cree que la televisión no es una fuerza destructiva que debería ser erradicada de la vida de los niños. Si los padres saben manejar la televisión, pueden contar con ella para educar e informar a sus hijos. “Los padres son los primeros y más importantes profesores. Yo pienso que pueden hacer mucho más para respaldar los mensajes positivos que transmiten los programas educativos de la televisión”.

Chen, que actualmente trabaja en San Francisco, afirma que la televisión debe ser una experiencia centrada en la familia. Reconoce que se necesitan producciones de más calidad y más programas infantiles en horarios adecuados a los niños. Pero en el horario de tarde-noche, el papel de los padres resulta más decisivo.

Recuperar el control de la televisión

Muchos padres y madres, sin embargo, han perdido el control del televisor en sus casas. Las encuestas citadas por Chen indican que los niños norteamercanos de 2 a 11 años ven una media de tres horas diarias de televisión. Muchos, hasta seis horas diarias. Cuando un chico empieza la enseñanza media, ha visto 18.000 horas de televisión y ha pasado 13.000 en la escuela.

¿Y qué ven? Un adolescente medio ha podido llegar a ver, entre programas y publicidad, unas 14.000 escenas con contenido sexual, según un estudio norteamericano de 1992. Un niño norteamericano corriente ve cada año 20.000 anuncios. Al concluir la enseñanza primaria, se calcula que un niño ha visto por televisión unos 100.000 actos violentos, incluidos 8.000 asesinatos. Sin embargo, según una encuesta, sólo el 40% de los niños norteamericanos dicen que sus padres restringen de algún modo el uso del televisor en casa.

Los padres de hoy están, por lo general, poco preparados para seleccionar la programación televisiva. “Nosotros crecimos con la televisión y salió bien -señala Chen-. Y hemos dado por supuesto que nuestros hijos van a ver televisión, y mucha. Pero nuestra generación no es consciente de los cambios que ha experimentado la televisión desde que éramos jóvenes. Ahora es mucho más violenta, mucho más comercial”.

Con la intención de ofrecer alguna ayuda, Chen ha publicado recientemente el libro The Smart Parent’s Guide to Kids’ TV (KQED Books, San Francisco). Es una obra positiva y comprensible, pensada para ayudar a los padres a controlar la televisión. Aunque se basa en los 20 años de experiencia profesional del autor, también se inspira en las observaciones de su hija de ocho años y en su propia formación como hijo de inmigrantes chinos.

En el libro hay ideas realistas sobre la manera de inculcar a los hijos que “no vean la televisión, sino programas de televisión”. “El truco es conseguir ver la televisión de manera consciente: lograr que, si el niño enciende la televisión, sea porque lo ha decidido, no porque no tiene otra cosa que hacer. Cuanto más consciente es una familia ante el televisor, más posibilidades tiene de darle un uso educativo. Si se consigue ver la televisión de modo deliberado, se puede llegar a verla de modo inteligente”.

No más de dos horas diarias

En su libro, este especialista presenta su mensaje mediante comparaciones. Dice que ver televisión es semejante a comer. Al igual que los padres pueden suprimir o reducir las grasas y las porquerías que comen los niños, también pueden -y deben- reducir el tiempo que la familia pasa viendo programas-basura. Chen aconseja una “dieta familiar de televisión” para que el “plato fuerte” sea más nutritivo, con programas que ayuden a los niños a aprender y a desarrollar la imaginación.

El objetivo es rebajar a dos horas el tiempo diario máximo de televisión. He aquí algunas de las sugerencias de Chen:

– Llevar un diario para registrar cuánto tiempo se ve realmente la televisión.

– Para que la dieta familiar sea efectiva, también los propios padres tienen que ver menos televisión.

– Tener normas claras sobre el uso de la televisión. Los niños las respetan si las conocen.

– Escoger una comida televisiva equilibrada, con platos fuertes que tengan valor educativo.

– No limitarse a ver la televisión: complementar los programas con actividades que se puedan hacer con los niños.

– Tener un aparato de vídeo fácil de programar, para aprovechar los abundantes recursos disponibles: películas, videotecas o programas grabados de la televisión.

“Hay estudios norteamericanos -dice Chen- que se han fijado en las familias que funcionan bien, para descubrir cómo organizan la vida familiar para atender a las necesidades de los hijos y de los padres. Y una de las cosas más importantes que hacen estas familias con sus hijos es invertir unas treinta horas semanales en actividades educativas, como leer, hacer juntos las tareas domésticas, montar rompecabezas, jugar, conversar unos con otros o con amigos, visitar un museo o hacer una excursión al campo. Y en esas treinta horas pueden entrar también algunos programas infantiles de televisión”.

Los padres pueden sacar partido educativo a la televisión si acompañan activamente a los hijos ante la pantalla. Las explicaciones sobre los sucesos cotidianos suscitan un diálogo educativo que estimula en los niños el afán de aprender. De modo análogo, un comentario de pasada sobre un vídeo, seguido de una tertulia, servirá para que los niños aprendan.

“Ser un padre consciente exige saber. Los padres deben saber qué contienen los aparatos electrónicos que sus hijos tienen en casa, ya sea la televisión, el ordenador o los videojuegos”, dice Chen en su libro. Para la mayoría de los padres es una demanda exigente. Pero si tienen éxito, la televisión no será un peligroso intruso, sino un profesor ameno y de confianza”.

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