Verdad y leyenda en la investigación con células madre

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Duración lectura: 3m. 14s.

Roma. La investigación sobre las células madres concentra el interés de los pacientes, de los científicos y de los medios de comunicación, a la vez que suscita un debate político que tampoco conoce fronteras. Se está demostrando, además, que tras la complejidad de un campo altamente especializado se esconden también abundantes tergiversaciones, fruto de intereses ideológicos o económicos. Casos emblemáticos, pero no únicos, son los episodios protagonizados recientemente por los doctores Robert Lanza o Woo Suk Hwang, que publicaron en prestigiosas revistas científicas descubrimientos que luego se demostraron falsos.

Para debatir sobre “Futuro terapéutico de las células madres. Aspectos científicos y problemas bioéticos”, se reunieron en Roma, del 14 al 16 de septiembre, doscientos cincuenta especialistas de 35 países, entre los que figuraban investigadores que están en primera línea en esta especialidad. El congreso fue organizado por la Academia Pontificia para la Vida, en colaboración con la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos y la Fundación Lejeune, de París.

El dato cierto -ya conocido, pero a veces silenciado- es que son más de setenta las terapias descubiertas en la investigación con células madres adultas, que no plantean problemas éticos, mientras que no se ha llegado a ninguna terapia a través de la investigación con células madres embrionarias, cuya utilización implica la destrucción del embrión. Esa realidad desmiente la propaganda -de fuerte carga emotiva- que identifica las objeciones éticas a la investigación con células embrionarias con la “condena a muerte de los pacientes”.

Entre las aplicaciones clínicas que se presentaron en el congreso despertaron particular interés el uso de las células madres adultas procedentes del bulbo olfativo. El neuropatólogo Carlos Lima, de Lisboa, mostró cómo esas células han regenerado el tejido nervioso en siete pacientes. “Es la naturaleza quien hace la mayor parte del trabajo, no nosotros”, afirmó. Por su parte, el equipo japonés de la Universidad de Kyoto presentó su reciente investigación que prueba cómo las células madre adultas, después de un oportuno tratamiento, son capaces de adquirir una pluripotencialidad insospechada hasta ahora, de modo que se pueden especializar en un segundo momento siguiendo vías diversas.

A pesar de la evidencia de los hechos, parece que las células embrionarias gozan todavía de mayor popularidad en la opinión pública, que las rodea de una especie de halo mítico y milagroso. Es un fenómeno que el experto en bioética Richard Doerflinger explicó recordando cómo para iniciar y financiar grandes proyectos se necesitan “historias prodigiosas”. Para aprobar y financiar la investigación en células madre embrionarias, y para superar las objeciones éticas, se presentaron promesas de curaciones portentosas. Es una leyenda propagada por científicos, políticos y empresarios, y que ha contado a veces con la colaboración de reconocidas revistas científicas.

En la audiencia que concedió a los participantes, Benedicto XVI expresó su apoyo y aliento a cuantos financian y trabajan en la investigación con células madre, “que conjuga felizmente el saber científico, la tecnología más avanzada en ámbito biológico y la ética que postula el respeto del ser humano en todas las fases de su existencia”.

Ante quienes tachan la postura de la Iglesia de “insensible”, el Papa recordó su historia bimilenaria de asistencia a los enfermos, y añadió: “si ha habido resistencia -y todavía la hay- es en relación con aquellas formas de investigación que prevén la supresión programada de seres humanos ya existentes, aunque no nacidos”. Y es que frente a la supresión directa del ser humano, concluyó, “no puede haber ni compromisos ni tergiversaciones”.

Diego Contreras