Bélgica absuelve a los implicados en una eutanasia aplicada con irregularidades

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Actualizado el 7-02-2020

El pasado 31 de enero concluyó en Bélgica un juicio por irregularidades en la aplicación de la eutanasia. Los acusados, tres médicos que participaron en el procedimiento, fueron absueltos por un jurado de 12 miembros.

Se juzgaba la legalidad de la eutanasia aplicada a una mujer de 37 años, Tine Nys, muerta en abril de 2010. Sus hermanas habían presentado una demanda contra el equipo de tres especialistas encargado de quitarle la vida, al entender que habían obrado precipitadamente. Pero el jurado determinó que todo fue conforme con la ley belga, que autoriza la eutanasia no solo a quienes padezcan una enfermedad física incurable –menores incluidos–, sino también a quienes aleguen un sufrimiento psíquico insoportable.

La demanda alegó que no se tomó en cuenta que, a consecuencia de una ruptura sentimental, la joven estaba atravesando una depresión, factor que le impedía tomar decisiones equilibradas con total libertad y que precisaba de un tratamiento que no recibió.

Para que se le administrara la muerte, Tine logró que un médico le expidiera apresuradamente un certificado de “autismo”, la enfermedad psíquica necesaria para que se admitiera su petición. Además, de los dos facultativos que supervisarían el procedimiento y que tenían que estar de pleno acuerdo en que se aplicara, uno no lo estaba, si bien decidió seguirle la corriente a Tine porque “era la decisión de ella”. Y la comisión gubernamental encargada de analizar las peticiones de eutanasia no se tomó el mes preceptivo para avalarla, sino que le dio luz verde rápidamente.

La ley belga autoriza la eutanasia no solo a quienes padezcan una enfermedad física incurable, sino a quienes aleguen un sufrimiento psíquico insoportable

Donde la eutanasia no es problema

Los implicados en la muerte de Tine fueron los doctores Frank De Greef, Lieve Thienpont (psiquiatra) y Joris Van Hove, quien le aplicó la inyección. El abogado de este último, Walter Van Steenbrugge, asegura que su cliente está “muy aliviado” con la absolución, y que había mucho en juego en este caso, “no solo en Bélgica, sino en Europa en general”.

Según el letrado, al que cita el New York Times, tanto él como los representantes de los otros acusados habían recibido docenas de cartas de médicos belgas, preocupados por una posible sentencia adversa que los empujaría a dejar de aplicar el procedimiento por temor a las consecuencias. Hubiera supuesto, dice Van Steenbrugge, un peligroso precedente para quienes lo realizan.

La ausencia de una condena supone, sin embargo, la constatación de que se pueden violar varios pasos del protocolo de la eutanasia –como ha sucedido– sin que ello implique, al final, la posibilidad de un reproche penal. Que, por otra parte, no era el deseo de los familiares de Tine.

Según Joris van Cauter, abogado de Lotte y Sophie, hermanas de Tine, el objetivo de la familia no era que los médicos entraran en prisión. Se conformaban con un reconocimiento oficial de que no debía haberse aplicado la eutanasia en un caso como este, en que no concurrían todos los requisitos legales. Pero no ha habido finalmente tal reconocimiento.

Con el caso de Tine, ya van dos en menos de seis meses en que los ejecutores de la eutanasia salen absueltos pese a las irregularidades en el procedimiento. El otro se resolvió en los Países Bajos, donde en 2016 una doctora inyectó una sustancia letal a una anciana, aquejada de alzhéimer, que previamente había dado su consentimiento a morir de esa manera. En el momento de aplicársele la droga mortífera, forcejeó para evitarlo y la médica, con ayuda de los familiares, la sujetó y terminó el procedimiento. Para el tribunal, sin embargo, todos los requisitos se cumplieron escrupulosamente, y la implicada quedó en libertad.

Las sentencias absolutorias en ambas causas pudieran verse, de alguna manera, como el eco de la aceptación de que es objeto la eutanasia en ambas sociedades. Las propias hermanas de Tine dicen no estar, en principio, opuestas a dicha práctica, mientras que un sondeo del diario belga Le Soir ha hallado que el 40% de los consultados están a favor de que se suspendan los costosos tratamientos vitales a los mayores de 85 años. “El 69% de los belgas considera legítimo gastar 50.000 euros en tratamientos que salvan vidas, pero solo el 28% mantiene esta opinión si el paciente tiene más de 85 años”, señala el rotativo.

Incertidumbre sobre los requisitos legales

El abogado Léopold Vanbellingen, del European Institute of Bioethics, en Bruselas, asegura a Aceprensa que el veredicto en el caso de la eutanasia de Tine Nys trae consigo grandes incertidumbres:

“Primero, la absolución de los médicos acusados transmite la impresión de que pasar por alto las condiciones legales de la práctica de la eutanasia no tiene consecuencias. Hay muchos indicios de que se ha violado la ley, pero ello no ha impedido la absolución. Dada la ausencia de una sanción específica en la legislación de la eutanasia, y la negativa de los jueces a juzgarlos por envenenamiento, todo esto lleva a la total impunidad de los médicos que apliquen el procedimiento en violación de la ley”.

“En segundo lugar, hay incertidumbre acerca de las condiciones previstas en la ley, y más específicamente respecto a la eutanasia que se aplica en casos de sufrimiento psicológico. Muchos expertos mostraron durante el juicio lo difícil que es llegar con toda certeza a la conclusión de que el sufrimiento mental de un paciente es insoportable, algo que es, no obstante, el principal requisito de la eutanasia”.

Vanbellingen añade que, desde la aprobación de la ley en 2002, se ha evidenciado una rápida banalización de la práctica. “Sobre todo en Flandes. Y la mayoría de la población no la considera sensible o controvertida. La idea, muy difundida, es que la eutanasia es en algunos casos la única vía para morir con dignidad y autonomía, aunque sabemos que los cuidados paliativos, incluida la sedación, ofrecen una solución digna y genuina para todas las potenciales situaciones de dolor”.

“Concebir la eutanasia como un modo real de ‘tratar’ a personas con sufrimiento psicológico envía una señal a muchos pacientes depresivos en Bélgica y más allá de que sus vidas no tienen valor. Además de que, en el ambiente social del paciente, tiene un impacto que puede ser devastador no solo para sus familiares, sino para sus cuidadores”.

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