El apasionado y breve romance entre dos jóvenes músicos -una violonchelista de carrera prometedora y el rebelde guitarrista de un grupo de rock- tendrá como consecuencia el nacimiento de August Rush. August, que crece en un orfanato, es un niño prodigio con un talento innato para la música. No parará hasta encontrar a sus padres.
Kirsten Sheridan, hija del irlandés Jim Sheridan y coguionista de la estupenda En América, dirige su segunda película a partir de un guión de James V. Hart y Nick Castle, los autores de la popular Hook. De En América toma el tono melodramático, el retrato de la inocencia -aquí personalizada en un Freddie Highmore que va dejando de ser niño pero sigue siendo un estupendo actor-, unas gotas de hiperromanticismo y la defensa a ultranza del valor de la familia. De Hook, toma el ritmo narrativo propio de una fábula.
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August Rush es un cuento navideño, con todos sus pros y sus contras. Es cierto que Sheridan no es Capra y que el guión, a ratos, es inverosímil (como ocurre en casi todos los cuentos) y roza peligrosamente el exceso melodramático. Pero salvados estos escollos, a la joven realizadora irlandesa le ha quedado una película más que correcta; con un buen reparto y un mejor casting -poner a Robin Williams de malo es un acierto-, una original banda sonora y un planteamiento muy positivo que incluye un simpático elogio de la fe y de la familia.
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