Es significativo que León XIV, tras la recepción oficial, haya querido que el primer acto de su visita a España fuera a un centro de ayuda a personas sin hogar, inmigrantes en buena parte. CEDIA 24 Horas está abierto día y noche a cualquiera que acuda, y el Papa señaló esa característica como una encarnación concreta del espíritu evangélico.
Este centro de Cáritas está situado en Lucero, un barrio modesto del suroeste de Madrid. Brinda, en primer lugar, acogida a quien no tiene techo, y a continuación, ayuda para salir adelante. Como dijo al Papa el director de CEDIA, Luis Hernández Vozmediano, por el centro pasan anualmente más de 2.500 personas, y la estancia media es inferior a tres meses.
El Papa escucha
En CEDIA, el Papa escuchó más que habló. Visitó las instalaciones del centro, habló y bromeó con personas acogidas y con voluntarios, dejó un recuerdo escrito en el libro de firmas –confeccionado por uno de los beneficiarios y en blanco hasta entonces, y se sentó en el exterior, ante el escaso público que cabía en el pequeño jardín, a oír.
Oyó la historia de Niurka, cubana de 33 años, que llegó a Madrid el año pasado, con un poco de dinero y embarazada de mellizos. Encontró ayuda en un hogar llevado por religiosas, el pasado marzo nacieron sus hijos –niña y niño–, a los que el Papa ha bendecido este 6 de junio.
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También le contó su caso Khadri, de Senegal, llegado a España hace seis años, con lo puesto. Con el apoyo de la ONG SERCADE y una parroquia madrileña, adquirió formación laboral y obtuvo trabajo. Quiso regalar a León XIV una réplica de su permiso de residencia, que “cuenta –dijo luego el Papa– una historia de esfuerzo, pero sobre todo de compromiso, honestidad y acogida”. Khadri comenzó hablando de memoria, pero se emocionó y no supo seguir; tuvo que sacar su papel del bolsillo para leer. Más tarde, cuando al Papa le llegó el momento de tomar la palabra, le echó un capote mostrando el texto preparado y diciendo: “Yo tampoco he memorizado mi discurso… Estamos en familia”.
A continuación habló Alicia, que trabaja en el Proyecto Esperanza, que asiste a mujeres que han sido víctimas de la trata y la explotación.
El Papa, en su discurso, llamó a esas historias “milagros de amor”, que ocurren sonde, como en CEDIA, “la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos”. Tales milagros no son resultados de una fórmula o receta: viene porque, “al escucharnos mutuamente, afrontamos juntos los retos, sin ignorar la complejidad de las situaciones y, al mismo tiempo, sin dejar de lado las exigencias de la caridad y la justicia”.
Es necesario “cultivar un corazón sensible ante las necesidades de los demás”
Con esta perspectiva, se aprecia que la transformación social se alcanza, en definitiva, caso por caso. “Vuestros testimonios –dijo el Papa– nos abren una ventana a un panorama inmenso, poblado por un sinfín de madres como Niurka, (…) de mujeres y hombres como Khadri, de voluntarios y voluntarias como Alicia: tantas personas, tantos hermanos y hermanas, tantas historias, tan numerosas”.
La llamada de la indigencia
Es preciso, para eso , que los cristianos atiendan la llamada de la indigencia humana. “Esta es nuestra responsabilidad ante quienes están necesitados: una responsabilidad que consagra cada encuentro con el otro como un kairós, un momento de gracia único e irrepetible para amar, que no hay que perder ni posponer. El amor de Cristo nos empuja hacia los hermanos (cf. 2 Co 5,14) y la caridad y la solicitud con que respondemos a sus impulsos son la prueba de nuestra fe”.
Por eso, León XIV lamentó, con una cita de su exhortación apostólica Dilexi te (n. 15), que “también los cristianos, en muchas ocasiones, se dejan contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por posicionamientos políticos y económicos que llevan a injustas generalizaciones y a conclusiones engañosas. (…) No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio y fecunda todo momento histórico”. Por el contrario, hay que “cultivar un corazón sensible ante las necesidades de los demás”.
El Papa volverá a resaltar el amor a los pobres como distintivo de su mensaje en otras etapas de su viaje a España. En Barcelona visitará una cárcel y se reunirá con las organizaciones de caridad y de asistencia. Después, tendrá sendos encuentros con migrantes en Gran Canaria y en Tenerife, más uno con iniciativas para que trabajan por integrarlos en esta segunda isla.