La pastoral católica con inmigrantes: mirar para otro lado no es una opción

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Varios migrantes son atendidos en el puerto de Arguineguín (Gran Canaria), allí donde tendrá lugar el encuentro con León XIV. Foto: Europa Press Canarias (29-12-2024)

La paz está siendo, sin duda, uno de los temas clave del pontificado de León XIV, y no se trata únicamente de una respuesta a la coyuntura geopolítica actual. En consonancia con el Magisterio de la Iglesia, y especialmente el de los últimos papas, el pontífice norteamericano no la entiende solo como la ausencia de guerra, sino como el respeto efectivo a la dignidad del ser humano frente a cualquier forma de violencia.

No es casualidad que la estancia de León XIV en España haya querido incluir una visita a un centro de acogida en Madrid y al muelle de Arguineguín, en Gran Canaria, donde se reunirá con inmigrantes y con miembros de asociaciones dedicadas a la atención de los que llegan a ese y otros puertos. Como ya hiciera el Papa Francisco en Lampedusa, León XIV rendirá homenaje a los fallecidos en la ruta migratoria hacia las islas. 

El gesto del Papa servirá quiere ser un símbolo tangible del espíritu que mueve a la Iglesia en esta labor. Hace unos meses, León XIV señalaba que “[los inmigrantes] son seres humanos y tenemos que tratar a los seres humanos de un modo humanitario, y no peor que a las mascotas de casa o a los animales”. 

Así lo explica también, en declaraciones a Aceprensa, el sacerdote Fernando Redondo Pavón, director del Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española: “El Evangelio invita a mirar a cada persona como un hermano o una hermana, más allá de su origen, cultura o situación administrativa”. Refiriéndose en concreto a los migrantes, señala que la atención que se les presta desde distintas entidades católicas “no nace solo de la solidaridad o pura filantropía, sino también de la convicción de que en cada persona se refleja una dignidad que merece ser acogida, respetada y promovida, como corresponde a todos los hijos de Dios”. “Además –explica–, la experiencia cristiana recuerda que Jesús mismo vivió la condición de migrante y extranjero, por lo que las comunidades de creyentes deberían desarrollar una sensibilidad especial hacia quienes se ven obligados a dejar su tierra”.

La atención que ofrecen las entidades católicas no se queda solo en lo material, sino que busca compartir también el tesoro de valores que están en su identidad misma: “La ayuda material es importante, pero el mensaje evangélico va más allá: busca favorecer la integración, crear vínculos de fraternidad y ofrecer espacios donde las personas migrantes puedan sentirse valoradas y parte de una comunidad”. “En la práctica –nos cuenta–, este mensaje se traduce en gestos concretos de hospitalidad, escucha, acompañamiento y defensa de sus derechos”.

Las Islas Canarias: en la frontera del dolor

De esta presencia junto a los inmigrantes saben mucho quienes a diario trabajan con los que llegan a las costas españolas o a algunas de las grandes ciudades del país. Su trabajo no entiende de otras prioridades que las que marca la necesidad. El hoy y el ahora, aunque también pensando en el después, cuando las cámaras de los medios ya se hayan ido.

En primera línea de este drama está Jesús Alberto González, delegado de Migraciones en el obispado de Tenerife. “Ahora –nos dice– ha bajado un poco el número de llegadas por la ruta atlántica o africana, y los medios para atender a los que llegan están bien dimensionados”. Pero no conviene confiarse: “En verano, la buena mar suele hacer que aumente el flujo. Además, como el control en algunos países de origen se ha vuelto mayor, cada vez las rutas están partiendo desde más lejos, por ejemplo desde Gambia. Y recorridos más largos significa más peligros, y más muertes”.

Entre la ayuda que se presta a los inmigrantes, lo más acuciante, en muchos casos, es enseñarles el idioma

Con todo, comenta, no hay que olvidar que la mayor parte de la inmigración que llega a las Islas Canarias viene en avión y tiene origen latinoamericano. Sus condiciones no son tan precarias, “pero muchos, que llegan con un visado de turista, necesitan ayuda para regularizar su situación cuando este expira”.

Tanto los de origen latinoamericano como los de origen africano, a los que su departamento se dedica especialmente, comparten necesidades (alojamiento, papeles, preparación para el empleo, entre otras), pero también ilusiones: “En todos los casos que me he encontrado –nos dice Jesús Alberto–, llegan con la presión, en primer lugar, de hacer saber a sus familias que están bien, pero después, enseguida, de poder trabajar para ganar algo de dinero y mandarlo a sus países de origen. También tienen la ilusión de ser elementos constructores de la sociedad de acogida, de aportar lo que saben”. El problema es que su situación administrativa no se lo permite, y con frecuencia los tiempos de la Administración pública son lentos. “Por ejemplo, a veces encuentran muchas trabas burocráticas para conseguir el empadronamiento, que es la puerta para poder disfrutar de otros derechos”.

La labor de las entidades católicas empieza cuando las cámaras de los medios se han ido (de la atención “en caliente” a los que llegan a las costas se encargan organismos públicos y la Cruz Roja). Además de la propia delegación de Migraciones del obispado, entidades como Cáritas, Fundación Canaria Buen Samaritano o Fundación Don Bosco ofrecen ayuda con las necesidades básicas, asesoramiento jurídico o cualificación para el empleo, entre otros servicios. “Algo especialmente importante –cuenta Jesús– es la actividad que se hace con los menores que llegan sin acompañantes familiares. Hasta que cumplen 18 están en servicios de tutela a cargo de la Administración, pero después salen de esos centros y están desamparados, sin nadie que les atienda”.

Entre la ayuda que se presta a los inmigrantes, lo más acuciante, en muchos casos, es enseñarles el idioma. Es algo que hacen distintas entidades católicas. En el obispado de Tenerife existe el proyecto Sansofé (palabra guanche que significa ‘bienvenido a mi casa’), que ofrece clases de español y momentos para el encuentro que ayudan mucho en la integración. 

Este es el objetivo final de todas estas entidades. “Como creyentes –explica Jesús Alberto– tenemos que hacer algo. Aunque la mayoría de los inmigrantes que vienen por la ruta africana no son cristianos, se crea un clima de convivencia muy respetuoso y cordial: se dan cuenta de que detrás hay una apuesta por su dignidad como personas”. Y quienes ponen rostro a esa apuesta son los voluntarios, que tienen un perfil muy variado: “Hay jóvenes universitarios, pero también amas de casa y jubilados”.

Braval: poniendo “patas” a la integración

Los voluntarios son también el alma de otro proyecto de atención a los inmigrantes en el Raval, el barrio más multicultural de Barcelona. Se trata de Braval, una iniciativa de apoyo socioeducativo que pretende “prevenir la exclusión social de los jóvenes y facilitar la incorporación de los inmigrantes a nuestra sociedad”, tal como la describe Josep Masabeu, su presidente, en declaraciones a Aceprensa. En total, nos dice, participan jóvenes de 30 países, que hablan 10 lenguas y profesan 9 religiones. Entre las actividades que se ofrecen está el deporte, el refuerzo escolar o el apoyo psicológico. “Y todo exclusivamente con voluntariado”. 

“Es un error comportarse como si todos fuéramos aconfesionales. La religión es un factor estabilizador y que da seguridad” (Josep Masabeu, presidente de Braval)

La diversidad religiosa de quienes acuden a Braval (y también de los propios voluntarios) no merma en nada la raíz cristiana del proyecto: “Respetamos todas las creencias, pero no escondemos nuestra identidad cristiana”. Además, son los propios chicos los que hablan con total naturalidad del tema: “Se preguntan y nos preguntan: ¿qué haces? ¿Por qué no comes esto? ¿Qué celebráis?”

Por su parte, Braval cuenta con actividades de acercamiento a la fe: “A los que lo desean, les facilitamos catequesis y medios de formación cristiana. Por ejemplo, este fin de semana pasado ha recibido la Confirmación un buen grupo. Y, naturalmente, a la ceremonia han invitado y asistido los de sus equipos de fútbol o baloncesto, de muchas religiones. Porque ‘si es tu fiesta y me invitas, yo vengo. Y cuando sea mi fiesta, tú vendrás’. Esta interrelación mutua es muy atractiva y beneficiosa para todos”.

Masabeu tiene muy claro que ofrecerles este tipo de actividades religiosas no supone ningún tipo de intrusismo. Al contrario, ayuda a reforzar su arraigo. “Es un error comportarse como si todos fuéramos aconfesionales. La religión es un factor estabilizador y que da seguridad”. Lo explica de forma muy gráfica: “Todos tenemos cinco patas que configuran la personalidad: familia, trabajo, amigos, costumbres y creencias. Los inmigrantes lo han perdido casi todo. De lo que tenían en su lugar de origen solo les quedan aquí las creencias. Pues que estas sean su soporte, y luego ya le crecerán las otras patas”.

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