Se tiene que morir mucha gente, la serie creada por Victoria Martín a partir de su novela, utiliza una mezcla de humor negro, caricatura y provocación para retratar a un grupo de amigas treintañeras atrapadas entre las expectativas con las que crecieron y la realidad con la que se han encontrado.
El gran acierto radica en captar una sensación generacional reconocible: la decepción. Sus personajes parecen odiar el mundo, pero en realidad están frustrados consigo mismos. Victoria Martín aprovecha la trama para reírse de todo. Se ríe de los ricos, de los pijos, de ciertos ambientes católicos, de los discursos progresistas de moda, del narcisismo que esconde la cultura terapéutica y de sus propias protagonistas. Nadie sale indemne, pero hay más…
Contenido para suscriptores
Suscríbete a Aceprensa o inicia sesión para continuar leyendo el artículo.