Adela es hija única de una familia muy religiosa y conservadora. Desde hace años vive en silencio su intersexualidad, hasta que un sacerdote amigo provoca en ella una reacción personal.
Aunque la historia está basada en el guion de Jaime de Armiñan y José Luis Borau para Mi querida señorita, nominada a mejor película de habla no inglesa en 1972, este remake tiene más influencia del cine queer de Almodóvar y Los Javis. Buena muestra es el personaje que interpreta Paco León, un presunto sacerdote más fascinado por el orgullo gay que por el Evangelio, que cada vez que aparece en pantalla muestra su mejor sonrisa junto a su discurso más evidente.
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El trabajo de Elisabeth Martínez, intérprete primeriza, es valioso, pero resulta incomparable con la composición original de José Luis López Vázquez. Por otro lado, Fernando González Molina arriesga más que en el resto de sus películas (Legado en los huesos, Tengo ganas de ti), y acompaña con cierta eficacia a un reparto en el que hay actrices tan imponentes como Nagore Aranburu, Anna Castillo o María Galiana. Pero estos méritos quedan ensombrecidos por un guion tan subrayado como carente de profundidad y sutileza.