Óscar Restrepo –Osquítar– es un pobre diablo. Alcohólico, inestable, divorciado vive por y para la poesía. Aunque nadie valora su talento literario. Ni su hija, con la que tiene una relación conflictiva. Óscar trabaja como profesor en un colegio y descubre entre sus alumnas un alma gemela, alguien que sí podría triunfar en el mundo de la poesía.
Esta película colombiana fue premio del Jurado en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes y ha recibido un aplauso casi unánime de la crítica. Entiendo los elogios, pero reconozco que no conseguí conectar tanto con la propuesta. Y eso que Un poeta tiene una primera hora brillante. Con sus toques de realismo sucio y su humor surrealista, compone un personaje entrañable. Un perdedor, siempre al borde de la locura, que combina su falta de voluntad, sus adicciones y su torpeza con su aspiración a lo bello y a lo noble. De la mezcla surgen momentos hilarantes y una lúcida crítica a la sociedad de la apariencia y al postureo del mundo editorial.
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El problema es que, una vez presentado el personaje –que es el gran hallazgo, junto con Ubeimar Ríos, el actor primerizo que lo interpreta–, la historia no da mucho más de sí, y el último tramo se vuelve reiterativo y mucho menos inspirado, también por su excesivo recurso a lo escatológico.