Guía para no perderse en el laberinto de los subgéneros literarios actuales

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DURACIÓN LECTURA: 11min.
ClarissaBell / Pixabay

En los últimos años estamos asistiendo en el mercado editorial a la explosión de una cierta nomenclatura paraliteraria para designar nuevos subgéneros, todos en torno a la novela, el género popular y comercial por excelencia. Romantasy, Cozy Crime, New Adult, Domestic Noir, Feel-good, Healing Fiction o Chick-lit son algunas de las etiquetas que están gozando de más popularidad. La mayoría se encuadran dentro de géneros muy leídos en la actualidad, como son la literatura romántica, la novela juvenil y la novela policiaca. 

Esta proliferación de micro-géneros, que nace con la generalización de internet, ha sido popularizada por influencers dedicados a la promoción de libros en diferentes plataformas digitales como TikTok, Instagram, Wattpad y Pinterest. Ni que decir tiene que las editoriales han entendido el mensaje y están inundando el mercado de estos tipos de novelas.

Estas etiquetas intentan, de manera didáctica, clasificar muchos libros actuales con el fin de que, con solo designarlas, los lectores –sobre todo los jóvenes, que son quienes más leen– sepan a qué atenerse. También sirve esta clasificación para alimentar el espíritu corporativo de ciertas comunidades literarias que, en sintonía con lo que ocurre en otras manifestaciones culturales, buscan la máxima parcelación. 

Estos subgéneros tienen las mismas pretensiones literarias que los best sellers comerciales: libros asequibles a todo el mundo, con epidérmicos planteamientos existenciales, con mensajes políticamente correctos, con mucha sociología, que buscan entretener de manera ligera, sin muchos sobresaltos (y con poca calidad). Muchas son novelas de “laboratorio”, prefabricadas, hechas por encargo para alimentar una tendencia cultural, psicológica y costumbrista que se ha visto que funciona en el mercado. Atentos a la espuma de los valores dominantes, también en el terreno de la sexualidad, la mayoría de los títulos más de moda están dirigidos a lectoras y, además, están escritos por mujeres (a veces escondidas tras seudónimos masculinos).

Subliteratura, pero con pedigrí

Ciertamente, siempre han existido subgéneros diseñados para el éxito popular. En España, en los años de la posguerra del siglo XX, hubo dos que arrasaron en los quioscos: las novelas rosas (con Corín Tellado como escritora más prolífica) y las novelas del Oeste (muchas de ellas escritas por Marcial Lafuente Estefanía). 

La diferencia entre la llamada por aquel entonces subliteratura y los subgéneros actuales es que ahora estas modalidades están perfectamente integradas en el sistema editorial y literario, sin apenas diferencias con la literatura que podemos llamar “seria” ni en los puntos de venta, ni en el diseño, ni en las colecciones. Antes, la subliteratura era perfectamente reconocible, apenas tenía visibilidad, solo se vendía en los quioscos y ocupaba un lugar muy secundario en el canon literario. Ahora, la subliteratura se ha transformado en un género más, al mismo nivel que el resto.

No es casualidad que la mayoría de los nuevos subgéneros de moda tengan nombres en inglés. Es en el mercado editorial anglosajón donde más se ha desarrollado la difusión y venta de libros por internet, y donde en mayor medida han florecido comunidades virtuales de lectores muy activos y comprometidos con sus subgéneros favoritos.

Romanticismo con muchos apellidos

El género romántico (se prefiere este término al más tradicional de novela rosa, que ahora se considera despectivo) es, con diferencia, el más leído en todo el mundo desde hace décadas y en la actualidad. Según el estudio What People Read Around the World, que estima lo que han vendido los distintos géneros durante 2024 y 2025 según el volumen de búsquedas que hayan generado en internet, la literatura romántica representa un 24% del total de ventas en todo el mundo. 

Young Adult, New Adult y Romantasy tienen en común una significativa carga de erotismo en sus tramas

Es el género favorito por los lectores en Brasil, Francia, Grecia, Portugal, Rumanía, Sudáfrica, Venezuela y España. En segundo lugar, figuran los long sellers clásicos, género que más gusta a los lectores de Estados Unidos y Gran Bretaña. Luego aparecen la fantasía, la poesía, el terror y la novela policiaca, género este último muy valorado en Noruega, Bélgica y Países Bajos.

Dentro de la literatura romántica, en las últimas décadas han ido naciendo y consolidándose una multiplicidad de etiquetas. Cada una hace referencia a un subgénero diferente, con algunas características propias, aunque otras son comunes. Entre estas, la principal es su fuerte carga de erotismo.

Young Adult y New Adult, erotismo más o menos disimulado

En primer lugar está el subgénero denominado Young Adult, novelas de temática muy amplia, aunque la mayoría entran dentro de la novela romántica. Están dirigidas a lectores entre los doce y los veinticinco años. 

Abordan conflictos que tienen que ver con el paso de la adolescencia a la edad adulta, pero desde la mirada más bien inexperta de unos protagonistas que se abren a nuevas experiencias sociales y emocionales. 

De manera disfrazada, pues ni en los argumentos ni en las portadas se explicita mucho este aspecto, estas novelas van bastante cargadas de contenido erótico, casi siempre desde una mirada femenina y desinhibida.

Donde el carácter sexual de las tramas ya aparece claramente anunciado desde la portada es en el New Adult. Las protagonistas de estas novelas son jóvenes entre los dieciocho y los treinta años –casi siempre mujeres– que se plantean la vida con una perspectiva ya más adulta. Se habla de los estudios universitarios, de los primeros trabajos y de las ansias de independencia y libertad sin el control familiar. Un “proceso de maduración” en el que el componente sexual es prioritario. Hay relaciones idealizadas, pero también mucha insatisfacción y mucho drama, que las protagonistas suelen abordar con afán de superación. 

Romantasy y Paranormal Romance: romanticismo + fantasía

Dentro de la literatura romántica, el subgénero que más ha crecido es la Romantasy, en el que a los ingredientes propios de la Young Adult o de la New Adult (es decir, con diferentes coloraciones eróticas) se añaden otros propios de los mundos mágicos o fantásticos donde se desarrollan sus tramas. Muy parecido, pero ambientado en un mundo a priori realista, es el Paranormal Romance: la presencia de criaturas sobrenaturales y circunstancias fantásticas dentro de una ambientación contemporánea se asumen con total naturalidad. Este subgénero comenzó a despuntar especialmente a partir del éxito de la saga Crepúsculo, de Stephenie Meyer. 

En las novelas del subgénero Grounded Speculative Fiction (Ficción Especulativa Terrenal), las tramas transcurren en un futuro distópico pero con argumentos cercanos a las inquietudes de los lectores actuales.

También dentro de la novela romántica se incluye el Dark Romance. En este subgénero, a los apasionados ingredientes amorosos, con bastante presencia de escenas eróticas, se suman tramas y subtramas que transcurren en ambientaciones extremas, con la aparición de relaciones oscuras y peligrosas. En ocasiones, el componente amoroso se transforma en una herramienta de control y posesión, con descripciones de abusos sexuales.

El Chick-lit, donde el componente amoroso no es tan predominante, sigue un estilo más ligero y cómico, como el de El diario de Bridget Jones

No tiene nada que ver el Dark Romance con otro subgénero, el Dark Academy, un conjunto de novelas que tienen lugar en ambientes educativos cerrados –residencias, colegios, internados de prestigio, universidades– en las que, a los intereses intelectuales, culturales y artísticos de los protagonistas, se suman historias de amor complicadas, con personajes que sufren carencias, trastornos o problemas emocionales. Suele citarse El Secreto, de Donna Tartt, como la novela que inicia esta tendencia “culturalista”. También Piranesi, de Susanna Clarke.

Chick-lit y Rom-Com: menos dramas, más humor 

La literatura Chick-lit fue uno de los subgéneros precursores de lo que ha venido después. Suele citarse la novela El diario de Bridget Jones, de Helen Fielding, publicada en 1996, como el origen de esta tendencia. Como sucede en esta novela, en el Chick-lit se cuentan las trayectorias profesionales y las vidas amorosas, también con sus fracasos, de jóvenes ya profesionales entre los 25 y 35 años, cuando empiezan a consolidarse las relaciones amorosas, personales y laborales. Ambientadas en el ajetreo de las grandes ciudades, no solo hablan de amor; también describen el enriquecimiento y la proyección personal de las protagonistas. Contrariamente al Romantasy o el Dark Romance, el estilo es ligero y desenfadado.

Otra variante de la novela romántica es la literatura Rom-Com (Romántica y Comedia), novelas que, con un tratamiento divertido, ligero y hasta cómico, desarrollan una temática amorosa que se enmarca dentro de las convenciones sociales actuales. Su objetivo es el entretenimiento. Y, por supuesto, y este es un ingrediente unánime en el género romántico, deben tener un final feliz.

Didactismo woke

Otra novedad en lo que se refiere a los subgéneros románticos actuales son las novelas Climate Fiction (Cli-Fi), que abordan el amor a la naturaleza y la sombra de los peligros del cambio climático. Por lo general, transcurren en escenarios distópicos, donde se han hecho realidad las predicciones negativas sobre los graves problemas que pueden ocasionar los desmanes en torno a la cultura ecológica.

En las novelas denominadas Romance LGBTQ+, los protagonistas proceden de estos colectivos y sus argumentos presentan también históricas románticas, a menudo con un contenido didáctico y de defensa de los derechos sexuales de la comunidad LGBTQ+.

Y, en relación con la novela romántica, lo dejo aquí, aunque la lista de subgéneros podía ser más amplia: romances multiculturales, romances de  multimillonarios, Novelas BIPOC (relaciones románticas de personas negras, indígenas y de color), romances médicos, Rockstar Romance…

Literatura para sentirse bien: Feel-good y Healing Fiction

Fuera ya del terreno propiamente romántico, aunque con bastantes elementos sentimentales, encontramos dos subgéneros pensados para “desintoxicar” al lector de los males de la vida moderna y devolverle una actitud positiva y calmada. Las novelas feel-good tratan temas personales y de enriquecimiento personal con mucha presencia de valores emotivos. Buscan contagiar optimismo, ternura y esperanza, recordando que la felicidad también se encuentra en lo cotidiano.

Parecida en sus intenciones, la Healing Fiction, literatura que procede de Japón y Corea, busca una sanación a través de la paz, la calidez y los valores sencillos. Por eso se ambientan en unos espacios cerrados y cálidos (una librería, una tienda de comestibles, una lavandería, una cafetería, un restaurante), que funcionan como contrapunto de unos estilos de vida que han acabado provocando infinidad de problemas mentales y emocionales.

La inabarcable variedad de la novela policiaca

El género de la novela policiaca ha vivido a lo largo de los siglos XIX y XX diferentes tendencias que han ido marcando su evolución, y que tienen que ver con sus respectivos protagonistas: del observador provisto de una lógica aplastante (el Auguste Dupin de Poe), al investigador estrafalario pero genial (Sherlock Holmes, Hércules Poirot), pasando por el detective sin escrúpulos de la novela negra clásica (la de Dashiell Hammett y Raymond Chandler).

El Domestic Noir, cuya novela emblemática es La asistenta, y el Cozy Mystery están teniendo buena aceptación

A partir de entonces, la novela policiaca ha ido parcelándose en diferentes modalidades, como la Novela negra moderna, una actualización a la realidad contemporánea del género anterior. Otra variante es la Novela policial, donde los protagonistas no son detectives o gente muy especial, sino la propia policía. En estas obras se exponen los métodos de la policía científica, la cadena de mando, o las relaciones entre diferentes departamentos policiales. Además, y es un rasgo que suele repetirse, se muestra la vida íntima y personal del policía encargado de la investigación. 

Con ingredientes muy propios, también hay que destacar la vitalidad de la Novela negra nórdica, muy enraizada en la cultura y los paisajes fríos de los países escandinavos, con tramas en las que la violencia ocupa un lugar muy especial. Suelen describir situaciones bastante deshumanizadas.

En el Domestic Noir, las novelas tratan de crímenes, secretos o situaciones violentas que transcurren en el ámbito cotidiano, familiar y doméstico. Sus protagonistas son personas que deciden investigar un crimen que les afecta; suelen ser mujeres que aportan a la trama su sello personal. Las novelas de Fredda Macfadden, como La asistenta y todas sus continuaciones y variantes, encajan en este subgénero.

El subgénero del Cozy Mystery está teniendo muy buena aceptación. Conecta con las novelas policiacas que se basaban en la resolución de un enigma pero sin escenas sangrientas y truculentas (como muchas de las de Agatha Christie). El crimen tiene lugar en lugares apacibles, como pueblos pequeños o comunidades tranquilas. Las protagonistas, que ejercen de detectives amateur, suelen ser mujeres normales que utilizan su intuición y perspicacia para descubrir hilos insólitos y avanzar en unas investigaciones que se resuelven de manera inteligente y pacífica. Hay intriga, sí, y también humor y el retrato de los personajes y lugares donde se desarrolla la acción.

Por último, la particularidad del True Crime es que sus argumentos no proceden de la ficción, sino que están sacados de la realidad, muchas veces de lo más truculento  de las crónicas de sucesos. Hay editoriales, como Al Revés, especializada en este género. Un ejemplo clásico de este género es A sangre fría, de Truman Capote.

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