Dr. Francisco Güell: “Quienes acuden a la reproducción asistida no reciben información clara de los riesgos ni de la baja probabilidad de éxito”

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Dr. Francisco Güell: “Quienes acuden a la reproducción asistida no reciben información clara de los riesgos ni de la baja probabilidad de éxito”
Procedimiento de inyección intracitoplásmica de esperma en una clínica de reproducción asistida (ArtPhoto21/Shutterstock)

El anhelo de tener un hijo y la frustración por no conseguirlo empujan a cada vez más parejas o mujeres solas a las clínicas de reproducción asistida. Allí les dan esperanzas, que les mueven a afrontar los grandes gastos y las considerables molestias a que han de someterse. Pero no les cuentan toda la verdad, advierte el Dr. Francisco Güell en un libro lleno de datos.

El Dr. Güell, profesor e investigador del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra, ha pasado años examinando las prácticas de las clínicas de reproducción asistida –incluido un proyecto a escala europea– y de las sociedades médicas del sector. Ha recogido testimonios directos de personal de los centros y de pacientes. Ha estudiado las leyes y reglamentos de distintos países. El fruto de ese trabajo está en su libro El último in vitro (Amazon, 2025), del que existe también una edición en inglés.

Quien lo lea, se asombrará por la deficiente información que se da a los pacientes sobre la probabilidad de éxito y sobre los riesgos que implican las técnicas de reproducción asistida para los hijos y para las madres. Verá los conflictos de intereses, las colusiones, la acción de los lobbies y el gran volumen de dinero que mueve lo que hace ya veinte años una autora llamó baby business. Hemos pedido al Dr. Güell que nos explique sus principales hallazgos.

El último in vitro

Para quienes no logran tener hijos, la reproducción asistida se presenta como la solución. ¿Qué probabilidad de éxito tienen?

— La reproducción asistida se presenta con frecuencia como una solución eficaz, pero cuando acudimos a los datos oficiales y analizamos las cifras en términos de niños nacidos vivos, la probabilidad real es alarmantemente baja.

La clave está en cómo las clínicas comunican los resultados. Acabamos de publicar un artículo científico donde demostramos que las clínicas españolas ofrecen las tasas de éxito en términos de “embarazo” (esto es, qué probabilidad tienes de conseguir un embarazo), pero el objetivo de las parejas no es obtener un test positivo de embarazo, sino tener un hijo. Cuando se analizan las tasas en términos de nacimiento, los porcentajes descienden de forma significativa, especialmente con la edad.

Según datos europeos y registros nacionales (no estimaciones), con gametos propios, en mujeres menores de 35 años, la tasa por ciclo en términos de niño nacido vivo suele situarse en torno al 15%, y entre los 35 y 39 años, desciende progresivamente. A partir de los 40 años, la probabilidad cae de forma marcada, situándose aproximadamente en torno al 5-10 %, y a los 45 años puede estar en torno al 1-2 %.

La idea de que se trata de una solución eficaz a cualquier edad no se corresponde con los datos reales. Por eso es fundamental hablar con precisión: la probabilidad existe, pero está fuertemente condicionada por la edad y por la situación clínica de cada caso; y es, en todo caso, muy baja, también entre mujeres de treinta y tantos. Es decir, puede afirmarse que la mayoría de quienes acuden a la reproducción asistida no alcanzarán su objetivo. Sin embargo, ese amplio grupo de personas no tiene presencia en los medios de comunicación, o en el discurso público.

Dr. Francisco Güell
Dr. Francisco Güell (foto: Ivan W. Jaques)

Un amplio abanico de enfermedades

¿Cuáles son los principales riesgos que tienen estas técnicas?

— El abanico de enfermedades es muy amplio, porque amplio es el abanico de técnicas y de procesos, que varían de clínica a clínica, y ha variado a lo largo del tiempo. Yo propongo una clasificación de patologías en tres grupos, según su aparición.

En primer lugar, aquellas que pueden detectarse antes del nacimiento. Aquí encontramos un aumento de riesgo de determinadas malformaciones congénitas, especialmente en sistemas como el cardiovascular, respiratorio, nervioso, digestivo o genitourinario.

En segundo lugar, las patologías que se detectan en el momento del parto, o unos pocos días después del nacimiento. Destacan la prematuridad, el bajo peso al nacer, la necesidad de cuidados intensivos, la mortalidad perinatal y las convulsiones neonatales.

Y en tercer lugar, las enfermedades que pueden manifestarse a medio y largo plazo. La literatura científica ha descrito un aumento de riesgo de parálisis cerebral (que se diagnostica definitivamente en el segundo año de vida) y de algunos tipos de cáncer pediátrico –como leucemias, linfomas, melanomas, cáncer hepático o tumores renales–, así como una mayor incidencia de trastornos del espectro autista, trastornos del lenguaje, alergias, diabetes tipo 1, hipertensión o epilepsia, entre otras. Se trata de un patrón observado y repetido en grandes estudios poblacionales y en distintos países, y, en algunos casos, con evidencia desde hace ya décadas.

Hay una enfermedad que suele pasar desapercibida pero que conocen bien los que se dedican a la psicología y a la psiquiatría perinatal. Muchas mujeres de las que consiguen tener un niño a través de las técnicas han pasado por varias pérdidas gestacionales consecutivas, abortos de cuyos duelos no han sido tratados. Y esta falta de atención a los duelos hace que, ante el recién nacido, el vínculo materno-filial quede dañado y la mujer tenga dificultades para la crianza. Es un tema que, aunque no hay aún constancia empírica publicada, recojo en el libro por los numerosos comentarios de personal sanitario y asistencial del ámbito perinatal.

“Las técnicas de reproducción asistida suponen intervenciones en un momento crítico en el que pequeñas alteraciones en el entorno pueden influir en mecanismos que regulan la expresión de determinados genes”

Manipular la concepción es peligroso

— ¿A qué se debe este aumento de los riesgos de enfermedades graves en los concebidos por reproducción asistida?

— La biología del desarrollo muestra que alteraciones en etapas muy tempranas pueden tener consecuencias a medio y largo plazo. La estimulación hormonal, el cultivo embrionario, la microinyección espermática (ICSI) o la crioconservación suponen intervenciones en un momento crítico en el que los gametos o el embrión están programando procesos esenciales de regulación genética y epigenética.

En esa fase tan temprana, pequeñas alteraciones en el entorno –temperatura, medios de cultivo, oxigenación, manipulación química o mecánica– pueden influir en mecanismos que regulan y modulan la expresión de determinados genes. La biología del desarrollo nos ha enseñado que esos primeros días son decisivos.

De todos modos, es importante señalar que durante años se ha intentado atribuir el aumento de riesgo exclusivamente a factores como la edad materna, la prematuridad, los embarazos múltiples o la infertilidad previa, y no a las técnicas por sí mismas. Sin embargo, cuando los estudios comparan grupos homogéneos –mujeres de la misma edad, nacimientos únicos, se ajusta la prematuridad y se controla la infertilidad subyacente–, el exceso de riesgo no desaparece. Además, existe un patrón consistente: cuanto más invasiva es la técnica, mayor es el aumento de riesgo observado.

— En el libro muestra que el aumento de riesgo es muy elevado en bastantes casos, pero si el riesgo entre los concebidos de modo natural es muy pequeño, el riesgo absoluto resultante quizá sea poco significativo o aceptable.

— Es una observación razonable, y conviene explicarla bien. En epidemiología siempre distinguimos entre riesgo relativo y riesgo absoluto. Si una patología es poco frecuente en la población general, incluso un aumento relativo elevado puede traducirse en un número absoluto pequeño. Ahora bien, hay varios aspectos que deben tenerse en cuenta.

Primero, no hablamos de una única enfermedad, ni siquiera de un conjunto de malformaciones congénitas, sino de un amplio número de patologías con aumento de riesgo que se detectan antes de nacer, en el momento del nacimiento y a medio y largo plazo. Y el impacto acumulado deja de ser trivial cuando se considera globalmente.

Segundo, aunque los casos adicionales fueran pocos, el tipo de enfermedades implicadas –malformaciones, parálisis cerebral, determinados cánceres pediátricos…– no es de poca monta Si una intervención médica puede estar asociada, aunque fuera en un porcentaje reducido, a patologías graves, estamos ante un asunto relevante de salud pública. Nadie restaría importancia a un menú de un restaurante que, aunque fuera raramente, causara parálisis cerebral.

Tercero, cuando existe intervención técnica, existe también responsabilidad. Si se demuestra un aumento de riesgo, debe haber transparencia, seguimiento y, en su caso, habría que preguntarse si cabe establecer mecanismos de reparación para las familias afectadas. Este asunto lo trato con delicadeza y profundidad en el libro.

En definitiva, la cuestión no es si el riesgo absoluto parece pequeño en abstracto, sino si está siendo medido, comunicado y gestionado con la prudencia y la transparencia que exige una intervención médica que afecta a la salud de futuros hijos.

“La información sobre los riesgos de la reproducción asistida no suele aparecer de manera explícita y clara ni en las páginas web de las clínicas ni en los formularios de consentimiento informado”

Consentimiento no tan informado

— Esas consecuencias negativas de la reproducción asistida aparecen en estudios publicados en las revistas científicas. ¿Las conocen las personas que acuden a las clínicas de fertilidad?

— La evidencia científica está publicada y accesible en revistas especializadas, y la cuestión no es si existe, sino si esa información llega de forma clara y comprensible a las personas que acuden a las clínicas. La investigación que dirigí y coordiné durante tres años (B2-InF, un proyecto europeo que analizó la información que proporcionan las clínicas de reproducción asistida en 8 países) mostró que, en general, no: la población no conoce los riesgos porque esa información no suele aparecer de manera explícita y de forma desarrollada y contextualizada ni en las páginas web de las clínicas ni en los consentimientos informados.

Uno de los problemas es que la literatura está muy fragmentada: los riesgos aparecen dispersos en cientos de estudios, y cada estudio se centra en un grupo de patologías concretas, estudios donde muchas veces un resultado alarmante queda diluido por otros que no lo son. Esa dispersión dificulta tanto la comprensión por parte del público como la percepción global del fenómeno. Precisamente por eso he visto la necesidad de proponer una clasificación clara y fácilmente explicable de las enfermedades en los tres grandes bloques mencionados arriba.

— Quienes se someten a procedimientos de reproducción asistida ¿no firman un consentimiento informado?

— Sí, por supuesto que firman un consentimiento informado. El problema no es la existencia formal del documento, sino su contenido y la calidad de la información que realmente se transmite. He analizado este asunto en el libro de manera muy precisa, con ejemplos de consentimientos informados de clínicas, así como los modelos propuestos por las sociedades científicas y ampliamente utilizados por el sector. Puedo afirmar, después de la investigación llevada a cabo, que el consentimiento cumple una función más administrativa que verdaderamente informativa en lo relativo a los riesgos para la salud de los así concebidos. El consentimiento informado suele centrarse en los aspectos técnicos del procedimiento y en riesgos inmediatos –como la estimulación ovárica o la gestación múltiple–, y apunta a enfermedades cromosómicas y genéticas que sí puede detectar, pero no apunta a los aumentos de riesgo documentados en la literatura científica respecto a la salud de la descendencia que son de origen epigenético, aquellos que se pueden detectar antes, durante y después del nacimiento.

En definitiva, sí se firma un consentimiento, pero la cuestión clave es si ese consentimiento es realmente informado en sentido pleno. Y eso depende no solo de la firma, sino de la calidad, transparencia y exhaustividad de la información que la precede.

De hecho, ya ha habido una demanda por una pareja con un niño nacido con una enfermedad grave, y de nada le sirvió a la clínica defenderse diciendo que había usado el modelo recomendado por la Sociedad Española de Fertilidad: la familia fue indemnizada con 400.000 euros por no haber sido informada del aumento de riesgo de aquella enfermedad.

Pacientes que son clientes

— Los que acuden a las clínicas de reproducción ¿son pacientes o clientes?

— En teoría son pacientes, porque estamos ante intervenciones médicas que afectan a la salud. Desde ese punto de vista, la relación debería ser claramente clínica.

Sin embargo, en la práctica el sector de la reproducción asistida español funciona en gran medida dentro de un mercado sanitario del sector privado (más del 90% del volumen) y altamente competitivo. En ese contexto, las personas que buscan tener un hijo pueden ser tratadas también como clientes.

Esta doble lógica –sanitaria y comercial– genera una tensión evidente. Cuando predomina la lógica del paciente, la prioridad es la salud de la mujer y del futuro hijo, la prudencia médica y la información completa sobre riesgos y probabilidades de éxito. Cuando predomina la lógica del cliente, el énfasis tiende a ponerse en la captación, el marketing y la presentación optimista de los resultados.

El problema surge cuando esa dimensión comercial influye en la manera en que se comunica la información o en las decisiones clínicas. Por eso es especialmente importante reforzar los mecanismos de supervisión pública y garantizar que, incluso en un contexto de mercado, la relación siga siendo esencialmente médica.

— En cualquier caso –pacientes o clientes–, ¿no están amparados por las leyes sanitarias y por las de protección a los consumidores?

— Sí, en principio están amparados por ambos marcos normativos. Por un lado, por la legislación sanitaria, que regula la práctica médica y establece obligaciones muy claras en materia de consentimiento informado, seguridad y calidad asistencial. Y, por otro, por la normativa de protección de los consumidores, que exige que la información que se ofrece sobre un servicio sea veraz, clara y no induzca a error.

El problema no es tanto la ausencia de leyes como su aplicación efectiva. En nuestras investigaciones observamos una brecha importante entre lo que la normativa exige y la información que realmente se ofrece en muchos casos, especialmente en lo que se refiere a las tasas de éxito o a los riesgos asociados a estas técnicas.

Manga ancha en España

— ¿Es España un país laxo en la regulación de la procreación asistida?

— Sí. En términos comparados puede afirmarse que España se encuentra entre los países europeos con una regulación más permisiva en materia de reproducción asistida. La legislación española permite una amplia gama de técnicas, no limita el acceso (en lo público se limita por edad, en lo privado no) y mantiene características que en otros países europeos han sido restringidas o directamente prohibidas.

“La legislación española es una de las pocas en Europa que continúa cediendo a los intereses del sector al mantener el anonimato de los donantes, ignorando tanto las recomendaciones del Consejo de Europa como las reivindicaciones de la Asociación de Hijas e Hijos de Donantes”

El marco regulatorio de la donación de óvulos constituye, de hecho, un buen ejemplo de cómo la regulación puede no solo ser laxa, sino también ponerse al servicio de la expansión de la industria. En este punto puede afirmarse que la legislación española es una de las pocas en Europa que continúa cediendo a los intereses del sector al mantener el anonimato de los donantes. Lo hace, además, ignorando tanto las recomendaciones del Consejo de Europa como las reivindicaciones de la Asociación de Hijas e Hijos de Donantes, cuya misión es no solo visibilizar el sufrimiento que muchas personas concebidas mediante donación afirman experimentar, sino también promover la abolición del anonimato en la legislación española. Esta posición sitúa a España, además, al margen de una tendencia cada vez más visible dentro del propio ESHRE (European Society of Human Reproduction and Embryology), que en sus documentos y debates recientes viene subrayando la importancia de avanzar hacia mayores niveles de transparencia en materia de donación de gametos.

Ahora bien, cuando se analiza el contexto general de la reproducción asistida desde una perspectiva de salud pública y de derecho sanitario, el problema no se limita únicamente al grado de permisividad de la ley, sino también al modo en que esta se aplica y se supervisa en la práctica. Uno de los hallazgos del proyecto europeo B2-InF fue precisamente la existencia de una brecha significativa entre lo que exige la normativa y la información que efectivamente reciben las personas que acuden a las clínicas de reproducción asistida. Así lo muestran las recomendaciones del proyecto B2-Inf para el sector y el Gobierno de España, de las que se hizo eco la UE en su portal de investigación.

Por ello, más que hablar únicamente de una regulación “laxa”, quizá sería más preciso señalar que España combina una legislación relativamente abierta con una supervisión limitada en algunos aspectos clave, especialmente en lo que se refiere a la información proporcionada a los pacientes sobre las tasas reales de éxito y sobre los riesgos para la salud asociados a estas técnicas.

Un sector atractivo para el capital

— ¿Mueve mucho dinero la industria de la reproducción asistida?

— No soy experto en temas de economía, pero, sin duda, sí, la industria de la reproducción asistida mueve hoy una cantidad considerable de recursos económicos, tanto en España como a nivel internacional. En el caso español, hablamos de un sector en plena expansión, impulsado por el retraso de la maternidad y una creciente demanda social derivada, por un lado, del modo en que se están gestionando actualmente muchos problemas de fertilidad en el ámbito sanitario y, por otro lado, por el marketing salvaje del sector.

Para hacerse una idea de la magnitud del fenómeno, en España se realizan cada año cerca de 200.000 tratamientos de reproducción asistida, y los centros privados llegaron a facturar alrededor de 650 millones de euros en 2024, cifras que reflejan el crecimiento sostenido de esta industria en las últimas décadas.

Este proceso de expansión también se refleja en el creciente interés de grandes fondos de inversión por el sector de la fertilidad. Un ejemplo muy significativo fue la adquisición del grupo español IVI-RMA –uno de los mayores operadores mundiales de reproducción asistida– por parte del fondo estadounidense KKR. La operación, valorada en varios miles de millones de euros, puso de manifiesto que la reproducción asistida ha pasado de ser un ámbito estrictamente clínico a convertirse en un sector global altamente atractivo para el capital financiero. La entrada de este tipo de inversores introduce además una lógica empresarial orientada al crecimiento del mercado y a la rentabilidad económica, un contexto en el que la transparencia informativa y la supervisión pública adquieren todavía mayor relevancia.

“Muchas de las sociedades científicas que marcan las agendas de investigación, organizan congresos o publican estadísticas oficiales mantienen vínculos estrechos con empresas farmacéuticas y biotecnológicas que abastecen de productos y tecnologías a las propias clínicas”

— ¿Hay conflictos de intereses en los implicados en la reproducción asistida: clínicas, sociedades científicas, empresas farmacéuticas o de biotecnología?

— Sí, y es importante entender que no se trata solo de las clínicas. En torno a la reproducción asistida existe un entramado económico mucho más amplio que incluye a empresas biotecnológicas, laboratorios farmacéuticos, bancos de gametos, compañías de equipamiento médico y plataformas tecnológicas especializadas en genética y criopreservación. Todo ello conforma un ecosistema industrial complejo con intereses económicos muy significativos.

En ese contexto, muchas de las sociedades científicas que marcan las agendas de investigación, organizan congresos o publican estadísticas oficiales mantienen vínculos estrechos con empresas farmacéuticas y biotecnológicas que abastecen de productos y tecnologías a las propias clínicas. Esto no significa necesariamente que exista mala práctica individual por parte de los profesionales, pero sí plantea un problema estructural de conflictos de interés que puede influir en la forma en que se investiga, se comunican los resultados y se presentan los riesgos asociados a estas técnicas.

Hay otras soluciones

— Las parejas que sufren por no lograr concebir ¿tienen alguna opción fuera de la reproducción asistida?

— Sí, existen alternativas médicas fuera de la reproducción asistida, aunque lamentablemente son todavía poco conocidas por el público general, y por los propios sanitarios. Me refiero a los enfoques de medicina restaurativa de la fertilidad, que tienen como objetivo identificar y tratar las causas médicas que pueden estar detrás del por qué una pareja no alcanza a que el embarazo se dé y llegue a término.

En muchos casos, las dificultades reproductivas están relacionadas con alteraciones hormonales, inmunológicas, metabólicas o anatómicas que pueden diagnosticarse mediante un estudio clínico completo. La medicina restaurativa trata precisamente de abordar esas causas –mediante endocrinología, inmunología, radiología, cirugía mínimamente invasiva o cambios terapéuticos en el estilo de vida– con el objetivo de restaurar la función reproductiva natural en lugar de sustituirla mediante técnicas.

“El modelo asistencial dominante tiende a derivar con rapidez hacia técnicas de reproducción asistida sin haber realizado previamente una investigación médica exhaustiva de las causas de la infertilidad”

Este enfoque tiene dos ventajas importantes. En primer lugar, se centra en tratar la enfermedad o la alteración subyacente, lo que supone un beneficio directo para la salud del hombre y de la mujer. Y, en segundo lugar, permite lograr el embarazo mediante concepción natural, evitando la manipulación de gametos y embriones que caracteriza a las técnicas de reproducción asistida, eliminando la posibilidad de dañar al embrión y a la salud del futuro hijo.

Además, los datos disponibles muestran que en un porcentaje significativo de casos las parejas que no han logrado un nacimiento tras recurrir a la reproducción asistida pueden finalmente conseguirlo mediante estos enfoques restaurativos (una de cada cuatro, o una de cada cinco parejas, según el estudio). Sin embargo, estas opciones siguen siendo poco conocidas porque el modelo asistencial dominante tiende a derivar con rapidez hacia técnicas de reproducción asistida sin haber realizado previamente una investigación médica exhaustiva de las causas de la infertilidad.

Por eso, una de las cuestiones clave desde el punto de vista sanitario es recordar que la infertilidad es, en muchos casos, una condición médica que merece ser diagnosticada y tratada, y no simplemente sustituida mediante una intervención tecnológica. Ofrecer esa posibilidad a las parejas forma parte también de una medicina verdaderamente centrada en el paciente y en su salud a largo plazo.

— Usted ha publicado su libro por sus propios medios en Amazon. ¿No ha encontrado quizás una editorial dispuesta a distribuirlo?

— Me lancé a la autopublicación por Amazon por tres motivos principales. El primero tiene que ver con el control de los contenidos y de los tiempos. Empecé a escribir el libro en 2018 y tenía muchas ganas de que viera la luz. Entrar en un proceso editorial largo, en el que probablemente se me habría pedido suavizar o eliminar algunos de los contenidos más polémicos, era algo que quería evitar. En el libro menciono de manera explícita a instituciones, asociaciones científicas, partidos políticos y sus dirigentes, empresas farmacéuticas y biotecnológicas, actrices, influencers, clínicas de reproducción asistida y ginecólogos e investigadores, todos con nombres y apellidos, y consideraba importante poder abordar esas cuestiones con plena libertad.

El segundo motivo es que quería que fuera un documento vivo. La autopublicación permite corregir y actualizar el texto con facilidad. Es un libro en el que expongo datos (todos referenciados a sus fuentes) que, lógicamente, pueden ser contrastados. Si en algo estuviera equivocado, lo razonable sería revisarlo y corregirlo. La autopublicación, donde se imprime el libro a demanda, permite introducir esas mejoras de forma ágil, algo mucho más difícil, si no imposible, en el circuito editorial tradicional.

Y el tercer motivo es la difusión internacional. Con Amazon el libro puede adquirirse desde cualquier lugar del mundo con un simple clic, algo especialmente importante en un trabajo que aspira a tener alcance internacional. De hecho, ya he publicado la versión en inglés, y el libro se está comprando en distintos países, desde Japón hasta varios países de América. Ese nivel de distribución global es muy difícil de conseguir, si no imposible, con cualquier editorial.

Además, la autopublicación garantiza algo importante: el control total sobre la disponibilidad del libro. Sin intermediarios, resulta mucho más difícil que pueda ser retirado del mercado por presiones externas o decisiones editoriales. En cualquier caso, está ocurriendo algo que ya imaginaba: con el libro en circulación, varias editoriales de prestigio internacional se han puesto en contacto conmigo, interesadas en adquirir los derechos. Ahora mismo estoy valorando esas propuestas y estudiando con calma los pros y los contras.

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