El Camino Sinodal alemán, entre las expectativas y la realidad

publicado
DURACIÓN LECTURA: 5min.
Camino Sinodal 2026
Asamblea del Camino Sinodal en Stuttgart, 31-01-2026 (© Synodaler Weg / Marko Orlovic)

Berlín. El Camino Sinodal alemán busca transformarse en una estructura estable, la llamada “Conferencia Sinodal”. Cambia el nombre, pero mantiene su aspiración a ser un órgano permanente de codirección. Sin embargo, el Vaticano ha advertido que una “instancia de control” sobre los obispos no tiene cabida en el Derecho canónico.

El Camino Sinodal alemán intenta dar un salto cualitativo: pasar de un proceso temporal a una estructura permanente. En un primer momento se propuso denominarla “Consejo Sinodal”; pero el Vaticano advirtió en repetidas ocasiones que un órgano de esas características no está contemplado en el Derecho canónico y que, por tanto, cualquier decisión en ese sentido de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) sería inválida, con las consecuencias jurídicas correspondientes. La advertencia más reciente llegó en una carta del 16 de febrero de 2024 firmada por el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin y por los prefectos de los dicasterios para la Doctrina de la Fe, Víctor Manuel Fernández, y para los Obispos, el entonces cardenal Robert Francis Prevost, con la aprobación expresa del Papa.

Tras ese freno, se puso en marcha un “Comité Sinodal” encargado de elaborar durante tres años la hoja de ruta hacia una nueva “Asamblea Sinodal”. Después de cinco sesiones, del 29 al 31 de enero se reunió en Stuttgart para elegir a los últimos 27 miembros de un órgano que ya no se denomina “Consejo”, sino “Conferencia Sinodal”. El cambio de título, sin embargo, no despeja las sospechas de fondo: muchos creen que se busca consolidar un mecanismo permanente de “seguimiento” del episcopado, en el que los laicos no sólo deliberen sino además tomen decisiones junto con los obispos, también sobre los presupuestos de las diócesis.

Los estatutos de la nueva Conferencia Sinodal ya habían sido aprobados por unanimidad por el Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK). Falta aún el visto bueno de la DBK, previsto para su próxima asamblea plenaria (de 23 a 26 de febrero). Pero incluso con esa aprobación, la estructura no entrará en vigor sin la recognitio de Roma.

Una advertencia de León XIV

En este contexto resuenan las palabras de Papa León XIV. En el vuelo de regreso de Beirut a Roma expresó su preocupación por que “muchos católicos en Alemania” no se vean reflejados en ciertos aspectos del proceso; y recordó que el Camino Sinodal no es “el único” camino posible en Alemania. Según Vatican News, el Papa percibe “grandes similitudes” con la sinodalidad de la Iglesia universal, pero también “diferencias significativas”. Por eso insistió en más diálogo y más profundo, y en una escucha real “para que ninguna voz sea excluida y el peso de los más influyentes no silencie a quienes, aunque numerosos, carecen de espacio para hacerse oír”. No fue un rechazo: anunció la continuidad del diálogo con los obispos alemanes para evitar que el camino alemán se aparte del de la Iglesia universal.

Mientras tanto, el apoyo social al proceso parece limitado o difuso. Una encuesta realizada en septiembre de 2025 y presentada en enero de 2026 indica que, en el conjunto de la población, un 16% lo considera “más bien correcto”, un 19% “más bien incorrecto”, un 39% “nunca había oído hablar” del tema y un 26% no respondió. Entre católicos, el 21% se declara a favor, el 17% en contra y el 58% no responde.

Los críticos ven en la Conferencia Sinodal una manera de concebir la Iglesia como una organización y relegar al segundo plano la evangelización y la renovación espiritual

Tampoco dentro del Camino Sinodal hay unanimidad. Un estudio de la Universidad Católica de Eichstätt-Ingolstadt –con respuestas de aproximadamente la mitad de los participantes, pero sólo de un tercio de los obispos– concluye que los sinodales “tienden a no creer” que se haya alcanzado el objetivo original de afrontar las “causas sistémicas de la violencia sexual”; y el efecto peor valorado fue la “recuperación de la confianza”. El informe describe una fractura de percepciones: un sector considera insuficientes las reformas; otro las juzga excesivas y denuncia presión y falta de escucha. Esa tensión estalló en la disputa sobre el sistema de votación, cuando el paso a votaciones públicas fue interpretado por algunos como transparencia y por otros como coacción.

Camino Sinodal 2026
Los copresidentes del Camino Sinodal, Irme Stetter-Karp, presidenta del ZdK, y Mons. Georg Bätzing, presidente de la DBK

Una disputa de poder

A la división en el diagnóstico se suma el debate económico. Las diócesis financian proyectos comunes a través de la Asociación de las Diócesis Alemanas (Verband der Diözesen Deutschlands, VDD), pero los críticos denuncian que el Camino Sinodal ha costado millones sin la debida transparencia. Varias diócesis –en particular Eichstätt, Colonia, Passau y Ratisbona– rechazan la nueva Conferencia Sinodal y, por tanto, no la financian. Para superar este problema –la VDD sólo aprueba una determinada financiación por unanimidad–, otras han creado una asociación de apoyo, sin aclarar si funciona sólo con donaciones. En paralelo, se acusa al ZdK de intentar cambios para reducir el poder de control financiero de los obispos dentro de la VDD, reforzando así la lectura de que se trata de una disputa de poder revestida de “sinodalidad”.

Ni siquiera entre partidarios faltan advertencias. El obispo de Maguncia, Peter Kohlgraf, reconoce que la unidad episcopal no se ha fortalecido y lamenta la ausencia de voces críticas en el futuro órgano. El seguimiento o “monitorización” es el centro de las mayores objeciones: crea una responsabilidad de facto de los obispos ante los órganos de laicos, simula el carácter vinculante de decisiones que no lo son según el Derecho canónico y establece un orden paralelo que se implementa a través de la gestión administrativa. Las voces críticas advierten del riesgo de una mentalidad organizativa que concibe la Iglesia como una institución controlable mediante acuerdos de objetivos e informes de progreso, relegando a un segundo plano la misión, la predicación y la renovación espiritual.

En este sentido resulta reveladora la intervención del cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich, durante la última sesión de la Asamblea: “No quiero una instancia superior que me controle constantemente como obispo. No es posible. Eso es precisamente lo que Roma no quería”.

La próxima cita decisiva será noviembre, cuando está previsto el inicio de la Conferencia Sinodal. Pero este paso depende de un factor determinante: el “sí” de Roma. Mons. Georg Bätzing, aún presidente de la DBK –aunque ya ha anunciado que no se presentará a la reelección– lo dijo con claridad: no habrá inicio sin la aprobación del Vaticano, porque “sería una provocación”.

Contenido exclusivo para suscriptores de Aceprensa

Estás intentando acceder a una funcionalidad premium.

Si ya eres suscriptor conéctate a tu cuenta. Si aún no lo eres, disfruta de esta y otras ventajas suscribiéndote a Aceprensa.

Funcionalidad exclusiva para suscriptores de Aceprensa

Estás intentando acceder a una funcionalidad premium.

Si ya eres suscriptor conéctate a tu cuenta para poder comentar. Si aún no lo eres, disfruta de esta y otras ventajas suscribiéndote a Aceprensa.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.