Se estrena en Nochebuena esta película de reuniones familiares que tiene el sello de uno de los denominados “autores de culto” del cine norteamericano: Jim Jarmusch (Paterson, Flores rotas, Coffee & Cigarettes). Como es habitual en él, esta película se divide en partes independientes, conectadas por el argumento común de las relaciones conflictivas entre padres e hijos. Todas estas historias tienen un tono amargo, el de los encuentros obligados por la burocracia o la necesidad más que por el afecto.
El primero de los encuentros es el más medido y brillante. Adam Driver y Mayim Bialik interpretan a los hijos de un padre desastroso al que da vida Tom Waits, uno de los actores fundamentales de la filmografía de Jarmusch. La decadencia familiar se muestra de forma precisa a través de la concisión y acidez de los diálogos, el diseño de vestuario y la decoración caótica de la casa.
El segundo episodio está protagonizado por Charlotte Rampling, una madre gélida y estricta que recibe a sus dos hijas, perfectamente antagónicas en sus caracteres. Vicky Crieps interpreta a la rebelde e ingeniosa, mientras que Cate Blanchett da vida a la tímida y responsable. En esta parte intermedia el carisma interpretativo de las tres actrices es muy valioso, pero el guión no acaba de superar la superficialidad y el estereotipo en el desarrollo de personajes.
En la última historia no aparecen los padres más que en los recuerdos de los hijos, interpretados por Indýa Moore (Pose) y Luke Sabbat (Los muertos no mueren). Este desenlace muestra a unos padres ausentes y a dos hermanos que han sobrevivido manteniendo una conexión inquebrantable con el paso del tiempo. Para buena parte de la crítica, éste último tramo es el más conseguido por la sugerencia y profundidad que transmite.
La película tiene más puntos de conexión con el frío romanticismo de Flores rotas que con el humanismo lírico y conmovedor de Paterson. En cualquier caso, es un filme que probablemente fascinará a los seguidores más convencidos de este cineasta tan original, y dejará indiferente al resto de espectadores.
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