Un día de cólera

Alfaguara. Madrid (2007). 408 págs. 19,50 €.

GÉNERO

Próxima la celebración del bicentenario del 2 de mayo de 1808, Pérez-Reverte ha convertido estos hechos históricos en la materia narrativa de una novela, como ya hiciera con la batalla de Trafalgar. Son sucesos de los que existe abundante documentación -informes militares, relaciones de muertos y heridos, libros de memorias de protagonistas y espectadores de los hechos…-, que el autor emplea con soltura. Este peso de la historia condiciona la tarea del novelista, pues quedan pocos resquicios para la invención. Pérez-Reverte mueve unos 350 personajes, todos reales, que entran y salen de la narración dando forma al pueblo y a la ciudad de Madrid, protagonistas de esta novela. De todas maneras, la atención se centra en unos cuantos personajes que adquieren mayor visibilidad, como los capitanes Daoiz y Velarde.

A diferencia de otros libros suyos, y aunque se mueva en un territorio narrativo similar, Pérez-Reverte ha preferido mantener una cierta distancia de los hechos y contar lo sucedido de manera aséptica, como si se tratase de un reportaje. Eso sí, como sucede en el resto de sus novelas, no desaprovecha oportunidad para lanzar sus habituales y nada asépticos ataques contra la Iglesia católica.

Se nota, quizá demasiado, su intención de “despojar de manipulación al Dos de Mayo”. Para él, no fue un movimiento patriótico ni tampoco una sublevación nacional: fue un motín callejero que adquirió poderosas dimensiones por el hartazgo que producía entre las capas populares la prepotencia de las tropas francesas. Sin embargo, aunque los sucesos no se extendieron más allá de un solo día, su trascendencia, como apunta el autor, es significativa: “Es fascinante cómo un movimiento de cólera, un cabreo colectivo, puede dar lugar a un acontecimiento de unas consecuencias tan largas, tan imprevisibles, tan enormes y tan trascendentes para la historia de España y para la historia de Europa también”.

La novela contiene muchos aciertos literarios. Sin embargo, cuesta entrar de lleno en la trama: la historia se basa en sucesos suficientemente conocidos, con lo que se elimina el factor sorpresa; también porque el lector se siente abrumado con tanto desfile de personajes, lo que impide centrar la atención.

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