Salud sexual: arriésgate o no te arriesgues

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Duración lectura: 4m. 4s.

Análisis

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) no puede disimular su opción preferencial por los jóvenes. Si en sus informes anuales siempre les dedica algún apartado, en el de 2003 son los protagonistas.

Aunque nos vamos acostumbrando, solo el UNFPA y compañía se permiten ese nivel de dramatismo en sus informes: “Actualmente, millones de adolescentes y jóvenes enfrentan perspectivas de matrimonios precoces, procreación temprana y educación incompleta, además de la amenaza del VIH/SIDA”. De ahí que el informe proponga “la comercialización social de anticonceptivos”, a través de los medios de comunicación y de jóvenes que persuaden a otros jóvenes.

No hacían falta 92 páginas de informe para una propuesta que cabe en una campaña del Ministerio de Sanidad español. Pero tanto el panorama que describe como la raíz de los problemas no encajan bien con lo que dicen los propios jóvenes unas páginas más adelante. Aunque es cierto que muchos adolescentes desconocen cuestiones básicas de sexualidad, algunas campañas han tenido que dar una vuelta de rosca más, pues ya no se trata de presentar a los chicos el preservativo, cómo se usa y para qué sirve, sino de convencerles para que sigan un protocolo sexual que, por lo que sea, no les convence. “¿Cuál es tu excusa?” es una de esas campañas de “segunda generación”, promovida en algunos países de Europa oriental, cuyo objetivo es reventar afirmaciones del tipo: “Me siento incómodo”, “A mí las cosas me gustan al natural” o “Tenemos confianza mutua”.

Pese a las objeciones de “segunda generación”, el informe asegura que el mensaje básico de prevención del sida y de embarazos precoces sigue siendo el enfoque “ABC” (Abstain from sex or delay it; Be faithful; use Condoms), que hizo suyo la asamblea de la ONU en 2001: abstenerse de las relaciones sexuales o aplazarlas; ser fiel a la pareja (no infectada) y utilizar sistemática y correctamente condones.

El estudio Sex, Condoms and STDs: What we now know, publicado por el Medical Institute for Sexual Health (MISH) -una organización sin ánimo de lucro que difunde información científica sobre salud sexual con el fin de eliminar riesgos, no de reducirlos- bucea en los datos y tesis del UNFPA y otros organismos, pero llega a otras conclusiones.

En cuanto a la eliminación o reducción de riesgos, el MISH afirma que si una persona no fuma y vive en un ambiente sin humos, elimina el riesgo de desarrollar el cáncer de pulmón relacionado con el tabaco. Sin embargo, si fuma cigarrillos con filtro solo reduce el riesgo y, quizás, no por un periodo largo de tiempo. Ambas conductas tiene una efectividad distinta. La abstinencia sexual, dice el MISH, elimina el riesgo, al igual que las relaciones sexuales con una pareja sana (sea porque no ha mantenido relaciones sexuales anteriormente, sea porque se ha hecho análisis de todas las enfermedades de transmisión sexual [ETS] y no está infectada). En cambio, el uso de preservativos solo reduce el riesgo.

Según el MISH, el matrimonio es el ámbito generalmente seguro contra la trasmisión de ETS. El incremento de parejas aumenta el riesgo, según demostró un estudio muy citado de la Universidad de Chicago (Sex in America, 1994). Este estudio afirma que, aunque se piense lo contrario, muy pocos individuos casados tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio, de ahí que sea un escenario seguro.

Sería una buena noticia que la “comercialización social del preservativo” bajara los niveles de ETS en la población, pero ¿qué ocurre con el individuo? ¿Qué eficacia tiene para él? Eso es, a fin de cuentas, lo que le interesa al adolescente; esa es la mayor dificultad para aceptar que los modelos públicos de salud sexual funcionen, se llamen “ABC” o como sea.

El informe del UNFPA recoge muchas iniciativas que se han puesto en marcha en países del Tercer Mundo para promover el uso del preservativo y el acceso a los servicios de “salud reproductiva”. En muchos casos, son trasplantes de campañas que ya se han experimentado en los países ricos, algunos de los cuales pueden tener a gala ser los países con la peor salud sexual de sus adolescentes.

De lo que no se habla en el informe es de la familia. Por lo que ahí se puede leer, da la impresión de que los jóvenes viven solos. Los padres no tienen nada que decir sobre la “salud reproductiva” de sus hijos. Para educarles ya está el UNFPA o sus coetáneos formados por el Fondo. A fin de cuentas, para el UNFPA la educación se reduce a contracepción.

Ignacio F. Zabala