Salud reproductiva y salud digestiva en el Tercer Mundo

En su reciente asamblea dedicada a revisar la aplicación de la Conferencia de El Cairo (ver servicio 105/99), la ONU ha vuelto a insistir en el control de la población… perdón, quiero decir la salud reproductiva, la planificación de la familia, la promoción de la mujer, la igualdad sexual y el desarrollo sostenible. Para lograr todo eso se requieren cuantiosos recursos. El objetivo es alcanzar en el año 2000 un gasto de 17.000 millones de dólares anuales en el Tercer Mundo.

Pero la gente, sobre todo si es pobre, no siempre sabe bien lo que necesita. Un ejemplo: los obstáculos que encuentra la promoción del preservativo en los países en desarrollo. Por motivos de tradición y cultura, hay una resistencia muy extendida a usar ese producto. Es preciso, pues, estimular la demanda. Pero regalar preservativos no funciona, porque el público no los estima (ver servicio 150/94).

El método preferido, como cuenta The Economist (19-VI-99), es el llamado “marketing social”. Consiste en vender preservativos a bajo precio, subvencionados por organismos extranjeros, gubernamentales o no, que los difunden dentro de sus campañas de ayuda humanitaria. Los fabricantes que proporcionan la mercancía, como London International Group (LIG) -uno de los más grandes-, también son occidentales. Pero los beneficios de la salud reproductiva se quedan en los países pobres.

De este modo se está logrando, según un portavoz de LIG, que las ventas de preservativos en el Tercer Mundo suban un 15% anual.

No es un crecimiento impresionante para un producto subvencionado. Mucho más aumentan en el Tercer Mundo las ventas de agua embotellada: un 387% en la India, o un 135% en Filipinas, por ejemplo, de 1993 a 1997 (cfr. The Wall Street Journal, 18-VI-99). Y eso, sin necesidad de “marketing social”. Simplemente, en los países en desarrollo, a menudo el agua es insalubre y causa numerosas infecciones. Se calcula que en Pakistán, el 40% de la elevada mortalidad infantil (137 por mil niños menores de cinco años) se debe al agua.

Nestlé, propietaria de las aguas minerales Perrier y San Pellegrino, ha visto un filón. Ha creado una marca, Pure Life, especialmente dirigida al Tercer Mundo. Ya la elabora y distribuye en India y Pakistán, y planea introducirla en otros veinte países en desarrollo. El agua es obtenida, purificada y embotellada en el propio país, para poder venderla a precio asequible. Como las culturas del Tercer Mundo no impiden que la gente demande agua sana, Nestlé está obteniendo resultados prometedores: en Pakistán ya ha vendido más de ocho millones de litros de Pure Life en seis meses.

Sin embargo, el precio de Pure Life en Pakistán (18 rupias la botella de litro y medio) todavía es alto para mucha gente, pues allí los ingresos medios no llegan a 1.800 rupias mensuales. “Es cara -dice al Wall Street Journal una madre de cuatro hijos que gana 1.500 rupias al mes-, pero los niños la necesitan cuando se ponen enfermos”. El periodista habló con ella en una clínica de Lahore, adonde la mujer había acudido no por problemas de salud reproductiva, sino aquejada de dolores estomacales causados por beber agua en malas condiciones.

Parece que Nestlé no tiene intención de pedir subvenciones para hacer “marketing social” de Pure Life. Sin embargo, al pensar en la mala salud digestiva de tantos pobres del Tercer Mundo, uno se pregunta si no sería más social subvencionar el agua potable.

Rafael Serrano

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