La ruina demográfica amenaza el futuro de Ucrania

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Mujeres y niños ucranianos huyen del país hacia Moldova en los primeros días de la invasión rusa (foto: UN Women/Aurel Obreja)

Toda guerra supone una devastación demográfica, pero en el caso de Ucrania puede que no tenga vuelta atrás. Ya antes de la invasión, el país tenía que lidiar con una tasa de fertilidad escuálida: 1,2 nacimientos por mujer.

El año pasado cayó a 0,9. Y las estimaciones para este año resultan menos optimistas: se espera que descienda hasta el 0,7, según indica un informe del IDSS, el Instituto de Demografía y Estudios Sociales ucraniano.

Sangría de refugiados

A este panorama desolador se añaden los preocupantes datos de las migraciones. Porque, aunque en la antigua república soviética los problemas políticos –corrupción, falta o mal funcionamiento de los servicios públicos– y económicos –paro, bajos salarios– ya habían llevado a la población a traspasar las fronteras, buscando suerte en países vecinos, el conflicto armado con Rusia se ha saldado con 6,3 millones de refugiados, según ACNUR.

Más de la mitad de ellos son mujeres –se calcula– y un tercio, menores de edad. Los varones lo tienen más difícil, ya que los adultos menores de 65 años, salvo quienes tienen tres o más hijos, están en el frente o movilizados y se les ha prohibido absolutamente abandonar el país. Eso, como consecuencia, ha desestabilizado la composición por género: Ucrania ha dejado de ser un país mayoritariamente femenino (había 86 hombres por cada 100 mujeres), a uno en el que la proporción se ha invertido y es de 110 por 100.

En esas circunstancias, la nación deseada por Rusia ha quedado esquilmada desde un punto de vista demográfico: si tras la independencia, en 1991, contaba con 52 millones de habitantes, al empezar la invasión quedaban 44, y hoy, en medio de la contienda, se han contabilizado 34 millones (32 si se descuentan los territorios ocupados por los rusos). El futuro tampoco pinta bien, pues de continuar la sangría –y la guerra– se calcula que en 2033 habrá entre 26 y 33 millones, en torno a un 40% menos desde que Kiev se desligó de la URSS.

Una esperanza de vida más corta

Un estudio del WIIW, instituto de investigaciones económicas con sede en Viena, publicado hace unos meses identificaba los cinco problemas con mayor impacto en su situación demográfica que afronta el país. Se trata de debilidades que, sin embargo, no tienen su origen en la guerra; arrancan en tiempos anteriores y casi se pueden considerar endémicos, aunque innegablemente la invasión rusa los ha recrudecido. 

La salida del país de mujeres y niños ha repercutido no solo sobre el tamaño de la población, sino también sobre su envejecimiento

Junto a la baja natalidad y las oleadas migratorias, los expertos hacen referencia, en tercer lugar, a la baja esperanza de vida: los hombres viven de media hasta los 57,3 años (antes, hasta los 66,4); las mujeres, por su parte, hasta los 70,9 (hace unos años, la esperanza de vida se situaba en los 76,4). A las bajas en la guerra de soldados –según las autoridades ucranianas, han caído 300.000 desde el comienzo de la invasión rusa– y de civiles, de las que no existen datos oficiales, hay que sumarles las provocadas por las penurias y enfermedades causadas por el asedio.

La salida del país de mujeres y niños ha repercutido no solo sobre el tamaño de la población, sino también sobre su envejecimiento, que es el cuarto de los dilemas demográficos. Por último, el informe alude al precario mercado laboral, lo que incentiva la migración y afecta negativamente las condiciones de vida de quienes se quedan en el país.

¿Quién regresará?

A medida que se alarga la guerra, la reconstrucción y la vuelta a la normalidad se dificultan sobremanera. Es cierto que ha regresado parte de los más de seis millones de los que abandonaron el territorio: el 18%. Las encuestas, además, informan que el 62% de los refugiados no tendría inconveniente en volver si acaba la guerra o no se compromete su seguridad. Solo el 20% se resiste a regresar.

Ahora bien, estos porcentajes solo expresan deseos. Hay que tener en cuenta que muchas familias están reconstruyendo sus vidas, criando a sus hijos y disfrutando de nuevas oportunidades en otros lugares. Por otro lado, los apuros que tendrán que afrontar quienes se queden cuando concluya la contienda puede obligarles a buscar suerte en naciones vecinas. Por no hablar de lo que puede suceder si Rusia logra la victoria.

A Marina Tvedorstup, una de las analistas que trabaja en el WIIW y es experta en Europa Oriental, le preocupa que las bajas en los combates, el éxodo de las familias y el envejecimiento dejen sin mano de obra al país cuando más lo necesita: precisamente cuando se requiera levantar de nuevo la economía y se precise de la fuerza, la preparación y el estímulo de los jóvenes para dotar a Ucrania de un futuro próspero.

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