Cambios familiares en la Unión Europea

Los cambios demográficos y sociales de la familia en Europa van a tener también importantes consecuencias económicas, con repercusiones en los gastos en pensiones, sanidad, atención a personas dependientes… Para tener ciertos datos básicos de la situación y apuntar sus posibles repercusiones, seleccionamos algunas páginas de un estudio de Mª Teresa López López, de la Cátedra de Políticas de Familia de la Universidad Complutense. El trabajo (1) ha sido publicado dentro del IV estudio “Familia y Economía”, editado por la Fundación Acción Familiar.

En la Unión Europea de los 25 [sin contar Rumania y Bulgaria, incorporadas este año] viven 461 millones de personas. Las últimas proyecciones demográficas estiman que hasta el año 2025 esta población irá en aumento, iniciándose entonces un descenso hasta alcanzar 450 millones en 2050, es decir 11 millones de personas menos. Aunque el comportamiento no es el mismo en todos los Estados miembros, sólo 11 tendrán ligeros aumentos de población (…).

Se trata de una población envejecida, con una pirámide casi invertida. Los jóvenes menores de 20 años representan el 23,5% de la población, y por el contrario las personas que superan los 60 años representan un 20,9%, siendo el 4% mayores de 80 años.

Cuatro tendencias demográficas

Este envejecimiento de la población de la Unión Europea es el resultado de cuatro tendencias demográficas que están interrelacionadas:

1. El número medio de hijos por mujer (tasa de fecundidad coyuntural) está en 1,5, muy por debajo de la tasa de remplazamiento de 2,1 necesaria para estabilizar el tamaño de la población en ausencia de inmigración. Está previsto un aumento limitado al 1,6 de ahora al año 2030.

2. El descenso de la fecundidad en las últimas décadas ha seguido al baby-boom de la posguerra que explica el aumento de la población actual de entre 45 y 65 años. La entrada de este grupo de población en la edad de jubilación hará necesario un mayor volumen de recursos para su financiación.

3. Después del aumento en 8 años de la esperanza de vida en el momento del nacimiento desde 1960, ésta podría continuar creciendo 5 años más de aquí a 2050. Esto puede implicar un aumento importante del grupo de edad formado por mayores de 80 años, que pasarán muchos más años en la jubilación y probablemente generarán más gastos sanitarios.

4. Europa acogerá nuevos flujos de inmigrantes importantes durante las próximas décadas. En un escenario prudente Eurostat prevé que alrededor de 40 millones de personas emigrarán a Europa, hasta 2050. Las repercusiones a largo plazo de estas nuevas entradas están aún por determinar, y dependerán de manera muy importante de la rigidez o laxitud con que se regulen las reagrupaciones familiares de estos trabajadores. Es una realidad que la emigración podrá sólo en parte compensar los efectos de la débil natalidad y el aumento de la esperanza de vida de los europeos.

Desde el punto de vista económico, el cambio en la población que puede tener mayores consecuencias es la disminución en 48 millones de personas en el tramo de edad de 15 a 64 años. La tasa de dependencia, es decir el número de personas mayores de 65 años que deberán ser «mantenidas» por la población más joven, aumentará de manera considerable. Los países con más envejecimiento deberán hacer frente a una mayor oferta de sus servicios públicos esenciales de carácter sanitario, vivienda, transporte, etc. Además, este envejecimiento viene acompañado de cambios en la composición de las familias, que se traducirán en un aumento del número de personas mayores que viven solas. (…)

Cambios en las familias europeas

Pueden observarse importantes cambios en los comportamientos sociales y demográficos de las familias europeas (tabla 1) que se concretan en:

No obstante, la diferencia entre hombres y mujeres, en lo que al empleo se refiere, sigue siendo elevada, sobre todo en algunos países y cuando la mujer tiene 2 o más hijos (tabla 2). La entrada de la mujer en el mercado de trabajo no es suficiente para acabar con la discriminación, que es en muchos casos el origen de algunas situaciones de pobreza. Es necesario además que pueda acceder a los mismos niveles salariales que los hombres y que permanezca en el mercado de trabajo cuando así lo desee con independencia de su situación familiar. Todavía son llamativas las diferencias que existen entre hombres y mujeres atendiendo a la situación familiar de estas últimas.

La función de cuidadora como actividad exclusiva de la mujer ha comenzado a debilitarse, pero aún no ha sido sustituida por la necesidad de una mayor corresponsabilidad familiar y social ni por un claro apoyo de los poderes públicos, sobre todo en algunos países. Es aquí donde los gobiernos tienen mucho trabajo por desempeñar, desarrollando acciones que van desde la más simple campaña de sensibilización social hasta la puesta en marcha de servicios para ayudar a las familias a atender sus responsabilidades.

Por otro lado, y en relación al segundo factor, Europa camina hacia un envejecimiento cada vez mayor, con una población incapaz de mantenerse y con una mayor inestabilidad familiar. Todos estos factores inciden de manera negativa en las tasas de pobreza. La esperanza de vida ha aumentado considerablemente a lo largo de las ultimas décadas, y una proporción cada vez mayor de europeos supera la barrera de los 70 y lo hace durante más años. Las cifras reflejan para esta población unas mayores tasas de riesgo de pobreza, sobre todo cuando estas personas viven solas, fuera de los núcleos familiares.

(1) Mª Teresa López López, “Propuestas para la puesta en marcha de una estrategia europea por la familia”, en AA.VV., Familia y Economía, Fundación Acción Familiar, Madrid (2007), 360 págs.

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