Papa Francisco: “Jóvenes, atrévanse a ser felices”

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Una versión de este artículo se publicó en el servicio impreso 20/15

“No lo olviden: la voluntad de Dios es nuestra felicidad”, ha recordado el Papa Francisco en su mensaje a los jóvenes, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se celebra cada año el Domingo de Ramos. En su preparación para la JMJ de 2016 en Cracovia, ha elegido como texto de reflexión un pasaje de las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8).

“Queridos jóvenes, todas las personas de todos los tiempos y de cualquier edad buscan la felicidad —afirma el santo Padre—. Dios ha puesto en el corazón del hombre y de la mujer un profundo anhelo de felicidad, de plenitud. ¿No notáis que vuestros corazones están inquietos y en continua búsqueda de un bien que pueda saciar su sed de infinito?”.

Para ilustrar en qué consiste la verdadera bienaventuranza, Francisco se remonta a los orígenes del ser humano, el momento de la creación, en que aquel vivía en comunión perfecta con Dios, con sus semejantes y con la naturaleza. “Todo era limpio y claro”, subraya, hasta que el hombre y la mujer quebraron el estrecho vínculo de comunión y confianza con Dios, y abrieron las puertas al pecado, con consecuencias que el Papa califica de “dramáticas”.

“El cristianismo no consiste en una serie de prohibiciones que apagan sus ansias de felicidad, sino en un proyecto de vida capaz de atraer nuestros corazones”

Con la irrupción del pecado, explica, “la brújula interior que los guiaba en la búsqueda de la felicidad pierde su punto de orientación y la tentación del poder, del tener y el deseo del placer a toda costa los lleva al abismo de la tristeza y de la angustia”, un abismo del que solo Dios los puede rescatar por medio de su Hijo.

Es el propio Jesús quien mejor conoce cómo han sido defraudadas las expectativas de los jóvenes contemporáneos. “Es Él —escribe Francisco, citando a San Juan Pablo II— la belleza que tanto les atrae; (…) quien les empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien les lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que suscita en ustedes el deseo de hacer de su vida algo grande”.

Pureza, la del corazón

Para que llegue ese “algo grande”, el Santo Padre insiste en la necesidad de “limpiar” el corazón, algo que Jesús les dejó claro en su momento a los que ponían el acento en rituales con agua que, en apariencia, “purificaban” exteriormente al hombre, pero que dejaban intacta la carga de podredumbre escondida en su corazón: “los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad” (Mc 7,15.21-22).

En ese sentido, Francisco pide a los jóvenes atender al hecho de que la mayoría de estas desviaciones nacen en el contexto de las relaciones con los demás, por lo que cada uno debe aprender a detectar todo aquello que “contamina” su corazón y ser capaz de discriminar entre lo que agrada a Dios y aquello que Él aborrece.

“El bien más precioso que podemos tener en la vida es nuestra relación con Dios. ¿Lo creen así de verdad? —interroga—. ¿Son conscientes del valor inestimable que tienen a los ojos de Dios? ¿Saben que Él los valora y los ama incondicionalmente? Cuando esta convicción desaparece, el ser humano se convierte en un enigma incomprensible, porque precisamente lo que da sentido a nuestra vida es sabernos amados incondicionalmente por Dios”.

“Es Jesús el que suscita en ustedes el deseo de hacer de su vida algo grande”

Rebelarse contra la banalización del amor

En otro fragmento, el Papa destaca la gran capacidad de amar y ser amado que emerge durante la juventud, e invita a chicos y chicas a no permitir que se falsee, destruya o menoscabe el amor, lo que es peligrosamente posible cuando se hace del prójimo un objeto que puede ser utilizado para satisfacer el propio egoísmo.

En tiempo en que menudean como nunca antes las definiciones confusas y erróneas acerca del amor, el Obispo de Roma remite a los jóvenes a la detallada catequesis de San Pablo sobre el tema, en Corintios 13: “El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es maleducado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”.

Una vez repasado y aclarado el concepto, Francisco pide a los jóvenes pasar a la acción. Les pide “rebeldía” para rechazar activamente la tendencia a banalizar el amor, que ha sido reducido casi exclusivamente a su dimensión sexual, sin que importen para nada factores tan inherentes a él como la belleza, la comunión, la fidelidad y la responsabilidad.

Volviendo sobre sus propias palabras en la JMJ de Río de Janeiro, en el verano de 2013, el Papa convoca a las nuevas generaciones a ser “revolucionarias” y desafiar las tendencias de un ambiente cultural que privilegia lo temporal y lo relativo: “Les pido que se rebelen contra esta cultura de lo provisional, que, en el fondo, cree que ustedes no son capaces de asumir responsabilidades, que no son capaces de amar verdaderamente. Yo tengo confianza en ustedes, jóvenes, y pido por ustedes. Atrévanse a ‘ir contracorriente’. Y atrévanse también a ser felices”.

Asimismo, les recomendó aprovechar la inquietud juvenil por explorar la realidad, para así descubrir el rico Magisterio de la Iglesia en el área de las relaciones de pareja. “Verán que el cristianismo no consiste en una serie de prohibiciones que apagan sus ansias de felicidad, sino en un proyecto de vida capaz de atraer nuestros corazones”, aseguró.

El Papa pide a los jóvenes que se rebelen contra la tendencia a banalizar el amor, reducido al aspecto sexual y sin compromiso

Para encontrar a Dios

Las palabras de Jesús –“…porque verán a Dios”– resuenan con fuerza en el mensaje de Francisco, que recuerda a chicos y chicas la invitación del Señor a cada uno de ellos para que se reencuentre con Él. “No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él”, subraya el Papa, en un extracto de su exhortación apostólica Evangelii gaudium, y aconseja a sus destinatarios dar el pequeño paso de acudir al Sacramento de la Reconciliación, como oportunidad para que la misericordia de Dios purifique los corazones.

Otros medios de encuentro personal con Dios que les sugiere son tratar de descubrirlo mediante la solidaridad con los hermanos más sufrientes: los que padecen pobreza material, hambre, cárcel, destierro… además de cultivar el hábito de la lectura de la Palabra –“un pasaje del Evangelio cada día, para comenzar”– y el de la oración.

Sobre este último, les anima a rezar con sencillez, como se habla con un amigo —en este caso “el amigo de más confianza”—, y a experimentar la misma satisfacción que un humilde campesino confesaba al santo cura de Ars acerca del rato que pasaba ante el Sagrario, sin hilar elocuentes expresiones, sino únicamente con una actitud: “Yo le miro y Él me mira”.

Vocaciones: interrogarse “con corazón limpio”

Por otra parte, el Santo Padre aborda el tema de la vocación. A quienes desean formar familia, les advierte sobre cierta extendida tendencia a pensar que el matrimonio y la familia son realidades ya “superadas”. “No es verdad —expresa—. Precisamente por eso, toda la Comunidad eclesial está viviendo un período especial de reflexión sobre la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”.

En cuanto a os que sienten la llamada a dedicarse a Dios, en el sacerdocio o de otra forma, les convida a interrogarse sobre ello “con corazón limpio”, y a no tener miedo a la voluntad de Dios..

Como colofón de su mensaje, el Papa rememora los 30 años transcurridos desde que San Juan Pablo II instituyó las Jornadas Mundiales de la Juventud y valora altamente los frutos que dicha iniciativa “providencial y profética” ha rendido en la vida de muchos jóvenes del orbe.

“Cuántos cambios de vida, cuántas decisiones vocacionales han tenido lugar en estos encuentros. Que el santo Pontífice, Patrono de la JMJ, interceda por nuestra peregrinación a su querida Cracovia. Y que la mirada maternal de la Bienaventurada Virgen María, la llena de gracia, toda belleza y toda pureza, nos acompañe en este camino”.

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