Los puntos conflictivos para el debate de Pekín

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Duración lectura: 13m. 16s.

Conferencia Mundial sobre la Mujer
La IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, que organiza la ONU en Pekín del 4 al 15 de septiembre, discutirá una Plataforma de Acción para impulsar el avance de la mujer. Tras las diversas reuniones preparatorias ya celebradas, todavía no hay acuerdo sobre puntos importantes del documento, que, a falta de consenso, figuran entre corchetes. Ofrecemos una síntesis de los puntos más debatidos, basada en el análisis realizado por Aurora Pimentel en una publicación de la Fundación Promoción Social de la Cultura (1).

En el estado actual del borrador la situación entre corchetes de determinadas expresiones o párrafos enteros pone de manifiesto un desacuerdo sobre importantes cuestiones de fondo (2). El borrador se divide en doce áreas de especial preocupación en relación con la mujer. Cada área comienza con el estado de la cuestión a escala mundial, tras de lo cual se fijan unos objetivos estratégicos y las acciones concretas que deben emprender los gobiernos, las organizaciones intergubernamentales, el sector privado, etc.

Pobreza y economía

A la hora de explicar las causas de la pobreza, el documento no se limita a echar la culpa al crecimiento de la población, como ocurría en la conferencia de El Cairo. Considera que las raíces de la pobreza están no sólo en el incierto clima económico mundial, sino también en los conflictos bélicos, el desplazamiento de poblaciones y la degradación medioambiental, que han perjudicado la capacidad de los gobiernos para satisfacer las necesidades básicas de sus pueblos.

El documento resalta que la pobreza afecta de manera especial a las mujeres. Este fenómeno lo atribuye a que las mujeres tienen un acceso más limitado a la educación y a los medios de producción y financiación. También destaca que muchas mujeres desarrollan su actividad en trabajos precarios del sector informal de la economía, mientras que las políticas macroeconómicas y los sistemas de protección social se centran sólo en el sector formal. Entre los objetivos estratégicos propone dar a las mujeres de las zonas rurales igual acceso a los recursos productivos y a los mecanismos de crédito, así como garantizar por ley el derecho a la propiedad de la tierra.

En general, en este capítulo no se tiene suficientemente en cuenta que un factor fundamental de la feminización de la pobreza es la inestabilidad y deterioro de las familias (maternidad en solitario, abandono de la pareja, divorcio…).

Las referencias a la reducción o condonación de la deuda exterior de los países en vías de desarrollo siguen en discusión. No parece que las instituciones financieras y los gobiernos de los países acreedores vayan a adoptar una decisión al respecto en este marco. Entre los objetivos estratégicos del apartado de Economía aparece el de promover la igualdad de salarios para trabajos de igual valor, la creación de estructuras laborales más flexibles que permitan compaginar familia y trabajo, y la ampliación de la protección social a los sectores donde las mujeres trabajan mayoritariamente (trabajo por cuenta propia, pequeñas empresas, cooperativas…).

Educación

Si bien se ha logrado un avance general en la enseñanza primaria y ha habido progresos en la secundaria y superior, todavía más de 100 millones de niños -de los cuales 60 millones son niñas- no tienen acceso a la escuela primaria. También, de los 960 millones de analfabetos de todo el mundo, las dos terceras partes son mujeres.

En este capítulo, hay una serie de objetivos estratégicos que suscitan consenso (igualdad de acceso a la educación, superar los estereotipos sociales en el material escolar, más atención a la educación tecnológica y científica de la mujer…).

En cambio, está entre corchetes cualquier referencia a la ética, los valores o el respeto a la libertad de conciencia y de religión en la escuela.

También suscita controversia la inclusión de la educación sexual y reproductiva en el sistema formal de educación, sobre todo porque está entre corchetes la anotación “teniendo en cuenta los derechos, deberes y responsabilidad de los padres”.

Salud

Este capítulo es uno de los más discutidos, como puede comprobarse por los numerosos párrafos aún entre corchetes. El desacuerdo refleja diferentes interpretaciones sobre conceptos que ya fueron polémicos en la Conferencia de El Cairo, como “salud reproductiva”, “derechos reproductivos”, “aborto en condiciones de seguridad”…

Es llamativo que el 80% del texto se refiera a salud reproductiva, mientras apenas se abordan otros graves problemas sanitarios. Por ejemplo, sólo se habla dos veces de las enfermedades tropicales, que, según la OMS, afectan a unos 650-850 millones de personas.

Bajo el concepto de “salud reproductiva”, se enfrentan dos planteamientos:

a) Por un lado, una ampliación de los derechos reproductivos de las mujeres, centrados en el derecho a utilizar todo tipo de métodos anticonceptivos; la mujer es la única depositaria de los derechos reproductivos durante el embarazo y el parto; el aborto en condiciones de riesgo aparece como una de las mayores amenazas a la salud de la mujer; los jóvenes tienen derecho a servicios de salud reproductiva y sexual, sin que tengan que saberlo sus padres; frente al SIDA, prevención a través del “sexo seguro”.

b) El otro planteamiento insiste en la necesidad de que se dé una información completa a las mujeres sobre todas las opciones, sin omitir los efectos secundarios y contraindicaciones de los distintos métodos anticonceptivos; exige eliminar las intervenciones coercitivas del Estado que impidan el derecho a reproducirse; pone énfasis en los métodos naturales de regulación de la natalidad, que involucran al varón, respetan más a la mujer y no tienen efectos secundarios; su idea de los derechos reproductivos subraya también la atención durante el embarazo y el parto, e insiste en compartir las responsabilidades entre el varón y la mujer; la información a los jóvenes debe hacerse teniendo en cuenta las responsabilidades de los padres; para la prevención del SIDA, es preciso inculcar la lógica del “sexo responsable”.

Violencia y conflictos armados

El documento hace un buen análisis de los riesgos de violencia contra la mujer en la familia (malos tratos, mutilaciones genitales…), en la comunidad (violación, acoso sexual en el trabajo, prostitución forzada…), y de la violencia perpetrada o consentida por el Estado. Al hablar de los conflictos armados se reconoce las especiales consecuencias que tienen en las mujeres, tanto por los atentados contra los derechos humanos (asesinatos, violaciones sistemáticas…) como por el alto número de mujeres refugiadas y desplazadas, y por el hecho de que la mujer queda en muchos casos como único responsable de los hogares.

Sin embargo, no hay acuerdo, y permanecen por lo tanto entre corchetes, otros actos de violencia como los abortos y esterilizaciones forzosas, la selección prenatal por sexo, el infanticidio femenino o la imposición por el Estado del número de hijos.

Respecto a la prostitución, el documento rechaza sólo la “forzada”, por ser un acto de violencia. Pero otros mantienen que la prostitución debe rechazarse en cualquier caso, ya que este fenómeno está ligado por lo general a situaciones en que la mujer, debido a las circunstancias que le rodean, no actúa con libertad.

Poder y toma de decisiones

En este apartado se aborda la escasa participación de las mujeres en los órganos de poder a todos los niveles, y fundamentalmente en el poder político. Esta situación se atribuye a la persistencia de prácticas discriminatorias y a la mayor dificultad de las mujeres para compaginar la actividad política y la vida familiar.

Como solución, se sugieren una serie de medidas que giran en torno al establecimiento de cuotas o porcentajes de mujeres en los órganos de decisión. Sin embargo, este tipo de políticas es discutido, ya que parece basarse en la suposición de que las mujeres forman un grupo compacto y que con más mujeres en el poder -sean cuales sean sus ideas- automáticamente todas las mujeres estarán mejor defendidas; por otra parte, supone que los intereses de hombres y mujeres son radicalmente distintos.

Derechos humanos

Este es uno de los apartados más cruciales del documento y su contenido está en gran parte entre corchetes. Varias razones de fondo explican el desacuerdo.

– La primera es el debate sobre la universalidad de los derechos humanos: frente a quienes defienden que los derechos humanos deben respetarse del mismo modo en todas partes y para todas las personas, otros apelan al carácter específico de la propia cultura para legitimar una concepción diferente de estos derechos. Por ejemplo, pese al principio de no discriminación por razón de sexo, hay países donde la legislación sigue impidiendo que la mujer herede, acceda al crédito, etc.

– Otro enfrentamiento se da entre la “igualdad de derechos” y la “equidad de derechos”. La primera posición implica que todos los derechos humanos son derechos de las mujeres, pero también puede justificar que se niegue una especial protección en ciertas circunstancias (por ejemplo, en la maternidad). Por otra lado, la posición de “equidad de derechos” puede permitir el reconocimiento de derechos específicos de las mujeres, pero supone también un peligroso camino para la negación de derechos fundamentales en virtud de su “especificidad”.

– Otro motivo de polémica es la consideración de nuevos derechos, tales como los llamados “derechos reproductivos”, concepto acuñado en la conferencia de El Cairo, pero con numerosas reservas y declaraciones. También suscita reparos porque parece que tales derechos sólo competen a la mujer y no a ambos cónyuges.

– Entre los puntos que requieren aclaración está el rechazo de toda discriminación por la “orientación sexual”, lo que podría llegar a significar un apoyo al reconocimiento de derechos en ciertas situaciones (por ejemplo, que se reconocieran a las parejas de homosexuales los mismos derechos que a los matrimonios).

Derechos de las niñas

Este apartado sale al paso de las discriminaciones contra las niñas que se practican en diversos países: preferencia por el hijo varón y en consecuencia selección prenatal mediante aborto (feticidio femenino) o postnatal (infanticidio), distribución discriminatoria de alimentos en el hogar, mutilación genital femenina, matrimonios tempranos, descuido de la escolarización de las niñas…

Entre los objetivos para asegurar el reconocimiento de los derechos de las niñas, vuelve a aparecer lo relativo a servicios de educación sexual y reproductiva. Este objetivo sigue aún en discusión: mientras, por un lado, se insiste en la necesidad de incluir tales servicios, por otro se pide asegurar que éstos tengan en cuenta los derechos y deberes de los padres en esta materia.

Medios de comunicación

Se aborda aquí el papel que pueden jugar los medios de comunicación en el avance de las mujeres. Se considera necesario cambiar la imagen de la mujer hoy predominante en los medios, por el efecto perjudicial que tiene el mantenimiento de estereotipos que confinan a las mujeres en papeles tradicionales y en una concepción principalmente de consumidora, así como por los contenidos pornográficos que explotan la imagen de la mujer.

Para cambiar esta imagen negativa, el documento sugiere implantar formas de autorregulación de los medios informativos por medio de códigos de conducta y otros instrumentos que implican a asociaciones de telespectadores y radioyentes, medidas que figuran entre corchetes.

Familia

Las referencias de la Plataforma de Acción a la familia se centran fundamentalmente en la necesidad de que los varones participen en las tareas domésticas y familiares, en el reconocimiento de los derechos de las mujeres en el ámbito privado y en el modo de evitar la violencia en el hogar. En cambio, quedan por dilucidar ciertos aspectos como la influencia de la inestabilidad familiar en la feminización de la pobreza y el reconocimiento de los derechos, deberes y responsabilidades de los padres respecto a la educación e información sexual de los hijos.

También sería necesario que el documento hiciera más énfasis en la responsabilidad del varón y su papel dentro de la familia, si se quiere defender la familia basada en el matrimonio. En su redacción actual, se silencia la importancia de la paternidad.

¿Qué repercusiones tiene la Conferencia?

En sentido estricto, las resoluciones y recomendaciones de Naciones Unidas no obligan legalmente. Firmar la Plataforma de Acción no equivale a que las legislaciones nacionales cambien automáticamente. El programa es efectivo cuando se usa como guía para la legislación nacional y cuando ayuda a delinear las prioridades internacionales en el futuro.

Sin embargo, a pesar de que los documentos finales no obliguen legalmente, las delegaciones oficiales tienen el derecho a realizar reservas sobre determinados contenidos de los documentos.

Los acuerdos sobre fuentes de financiación y medidas institucionales, que figuran al final del documento y que a veces reciben poca atención, son vitales. De ellos depende que se lleven a cabo acciones concretas. Además, las actividades de muchos organismos y programas del sistema de Naciones Unidas se ven comprometidas por esos acuerdos.

Así, aunque un país haga constar sus reservas respecto a determinados aspectos del documento, sus reservas pueden quedar invalidadas de hecho, ya que los organismos, los programas y las ONG actuarán asumiendo el contenido del documento. Esto es especialmente importante en el caso de los países en vías de desarrollo, que pueden depender más de esos organismos de Naciones Unidas.

¿Qué se entiende por “género”?

El término gender (género), utilizado profusamente en el borrador del documento preparado para la Conferencia de Pekín sin explicar su significado, se ha convertido en un concepto polémico. La distinción entre sexo y género pretende discernir entre los aspectos biológicos de la sexualidad y los factores culturales (cfr. servicio 89/95). Pero el empleo que se hace de este término en el documento para Pekín ha despertado la sospecha de que se intenta relativizar la noción de “sexo”, de modo que, en vez de dos sexos, existirían varias “orientaciones sexuales”. A fin de aclarar este asunto, después de la última conferencia preparatoria en Nueva York el pasado abril, se formó una comisión para buscar un acuerdo sobre el significado de este término en el contexto de la Plataforma de Acción.

La comisión ha publicado una declaración en la que afirma que la palabra gender ha sido ya utilizada en otras conferencias de Naciones Unidas y que el documento para Pekín no pretende acuñar un nuevo sentido o connotación.

En el contexto de este documento, “lo que se entiende comúnmente por la palabra gender se refiere a las funciones atribuidas en la sociedad a hombres y mujeres, así como a las responsabilidades y oportunidades que se derivan, para los hombres y las mujeres, de esas funciones sociales”.

En consecuencia, la comisión reafirma que el término “género”, tal como es usado en el documento, “quiere ser interpretado y comprendido de acuerdo con su uso ordinario, generalmente aceptado”.

_________________________(1) Notas sobre la IV Conferencia Mundial de la Mujer. Fundación Promoción Social de la Cultura. Madrid (1995). 36 págs. 500 ptas. (Dirección: Profesor Waksman, 5. 28036 Madrid. Tel.: 3440176. Fax: 3440366).(2) Cfr. servicio 89/95 sobre la postura de la Santa Sede ante el borrador de la Plataforma de Acción.

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