La química de la irresponsabilidad

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Duración lectura: 4m. 18s.

Nuestra sociedad ensalza lo natural y mira con recelo los productos transgénicos o los sustitutivos químicos. Sin embargo, estamos lanzados a una loca carrera para enmendar la plana a la naturaleza humana con la química. No se trata ya de remediar con fármacos las deficiencias corporales. Ahora, en la “medicina del deseo”, se confía en que las pastillas sustituyan unos hábitos de vida sanos, que exigirían un esfuerzo educativo. Así, cada vez se toman más pastillas para estar un poco más delgado, para estar menos estresados o nerviosos, o para estar a tono en el trabajo. Y, en la mayoría de los casos, sin consultar con el médico.

En esta línea, se intenta ahora remediar la falta de autocontrol sexual entre jóvenes y menos jóvenes con la “píldora del día siguiente”, que tras una relación sexual impide que el óvulo fecundado se implante en el útero. También el gobierno regional de Madrid, por boca de su consejero de Sanidad, ha anunciado su intención de proporcionar a los jóvenes esta píldora, “sin por ello dejar de insistir en la necesidad de que los jóvenes sigan utilizando el preservativo como método preventivo”.

Pero si ahora parece indispensable esta píldora, es señal de que las anteriores campañas que prometían “sexo seguro” con el preservativo no protegen suficientemente a los jóvenes. Las que hoy solicitan esta píldora aducen que el preservativo ha sido mal utilizado o no usado, con lo que también pueden haber estado expuestas al virus del SIDA y a otras enfermedades de transmisión sexual. Así y todo, el consejero de Sanidad se reafirma en que “si hay que hacer una campaña similar a la de los preservativos, la haremos”. “Nuestra preocupación -dice- es fomentar la planificación familiar y la prevención entre los jóvenes. Por este motivo nos planteamos mejorar las vías de acceso a estas pastillas”. Difícil lo tiene el consejero. Con la misma lógica, el reparto de metadona sería un modo de prevenir la drogadicción. Pero cualquier idea de planificación -no digamos ya familiar- parece bastante ajena a una demanda que suele surgir como fruto de un fin de semana alocado, y que solo se acuerda de la prevención con una píldora “del día después”.

En realidad, el mensaje que se transmite a los jóvenes con la “píldora del día siguiente” es que los comportamientos irresponsables se reparan con remedios médicos fáciles. Sin duda, las adolescentes que afrontan un embarazo precoz y no deseado sufren una difícil situación. Pero una información verdaderamente preventiva exigiría sensibilizar a los jóvenes con el hecho de que la sexualidad no es inocua y que el acto sexual no es un juego sin consecuencias.

Si una píldora lo arregla todo, ¿por qué rechazar esas píldoras de “éxtasis” que les permitirán seguir la marcha a través de todo un fin de semana, sabiendo que, si el juego va demasiado lejos, en último término tiene el lunes la “píldora del día después”? Las drogas de diseño no las venden los laboratorios farmacéuticos, pero en la cultura juvenil forman parte de esas píldoras del estilo de vida que ahora se generalizan.

Cuando se tira la toalla ante una conducta irresponsable, suele alegarse que no se puede cerrar los ojos ante la realidad, que hay que acostumbrarse a convivir con el problema y que solo cabe reducir los daños. Pero esto no vale solo para el sexo. Es un hecho también que los jóvenes beben cada vez más alcohol. Según un reciente informe del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, más del 15% de los jóvenes entre 15 y 16 años son bebedores de riesgo. ¿Hay que proporcionarles una pastilla ad hoc? Hay píldoras que contribuyen a disminuir la euforia proporcionada por el alcohol, lo cual favorece que quien se iba a tomar cinco copas se conforme con tres. El daño orgánico es menor, pero los expertos dicen que desde el punto de vista de la adicción no se consigue nada. Si no hay un cambio en el estilo de vida, la pastilla no arregla el alcoholismo.

La tendencia a arreglar con pastillas lo que debería afrontarse con un esfuerzo por educar el carácter priva también a los afectados de la necesaria reflexión sobre su malestar. Se convierte así en una necesidad sanitaria “insatisfecha” lo que en realidad es un fallo educativo no reconocido.

La “píldora del día siguiente” podrá evitar embarazos indeseados que a menudo acaban en el aborto. Pero lo que no va a evitar es la irresponsabilidad sexual. Más bien es el símbolo de lo único que puede ofrecer un gobierno el día después de haber renunciado a su responsabilidad educativa y a una auténtica prevención de riesgos.

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