La psicología ante los abusos sexuales por parte de clérigos

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Duración lectura: 4m. 36s.

En una larga entrevista publicada por la agencia Zenit (29 y 30-04-2010), el psiquiatra holandés Gerard van den Aardweg analiza desde un punto de vista psicológico lo que revela el caso de abusos sexuales de menores por parte del clero.

Gerard van den Aardweg ha trabajado como terapeuta durante casi 50 años en Holanda, especializándose en casos de homosexualidad y de problemas conyugales, y ha escrito mucho sobre la homosexualidad y la pedofilia.

En la entrevista recuerda que, según los datos más completos sobre denuncias de abusos sexuales por sacerdotes en EE.UU. –y la información disponible en Europa apunta un patrón similar– aproximadamente el 20% de los casos afectaban a niños, y pueden considerarse, pues, como pedofilia. La mayoría se referían a muchachos adolescentes. “Los pedófilos, en general, ya no se interesan en los niños después de que estos entran en la fase de la pubertad y desarrollan sus primeros rasgos masculinos”. “La mayor parte de los delitos deben ser atribuidos a sacerdotes y religiosos que no eran ‘pedófilos’, sino de hecho personas con una orientación homosexual ordinaria”.

Aardweg cita que “aproximadamente una cuarta parte de los hombres homosexuales activos han informado de relaciones sexuales con chicos de 16 años y de menor edad, incluyendo con chicos prepúberes”.

Aardweg no piensa que la “orientación” hacia niños o adolescentes entre miembros del clero se desarrolle por la formación recibida en el seminario: “Un joven que es psicológica y emocionalmente maduro cuando se le admite en el seminario nunca acabará interesándose por la homosexualidad o la pedofilia. Si se siente excitado sexualmente y da rienda a sus sentimientos, buscará una mujer”.

“La ‘orientación’ hacia niños o adolescentes en los sacerdotes que han abusado de los jóvenes nunca se ha originado durante los años de seminario o durante el sacerdocio. En algunos casos, inicialmente puede haber sido más o menos latente, débil, pero siempre está esta laguna en sus sentimientos, la falta de sentimientos normales heterosexuales.

”En determinadas circunstancias, al enfrentarse con jóvenes, o durante un período de desilusión o soledad, el dormido anhelo homosexual puede inflamarse”.

Para Aardweg, el origen de esta crisis no es el celibato ni la doctrina católica sobre la sexualidad, sino precisamente el relajamiento en el modo de vivirla durante unas décadas en las que se sitúan la mayoría de los abusos (1965-1990): “Muchos de los escándalos sexuales que finalmente desencadenaron la reacción pública en los Estados Unidos, que está actualmente continuando en Europa, y que sirve de tan abundante material para la propaganda anti-católica, son una consecuencia lógica de décadas de rechazo abierto y de ignorar tácitamente la Humanae vitae y la visión cristiana de la sexualidad que subyace en ella, por parte de importantes sacerdotes, moralistas y obispos”.

El papel de las terapias psicológicas
Ya que los terapeutas han estado implicados tanto en el tratamiento de sacerdotes abusadores como en el asesoramiento a obispos para tratar estos problemas, le preguntan a Aardweg sobre la eficacia de estas técnicas psicológicas. La terapia “ha sido una de las medidas estándar. Este enfoque no ha sido diferente al utilizado en casos similares en las instituciones laicas”. “Mirando hacia atrás, este manejo puede haber sido adecuado en muchos casos, pero a menudo no lo era.”

“Las autoridades de la Iglesia –no menos que las autoridades judiciales laicas– compartían una confianza demasiado optimista en las pujantes ciencias psicológicas y psiquiátricas. Encomendar un caso de abuso sexual a un psiquiatra o psicólogo era visto como la garantía más sólida contra la reincidencia. Esto definitivamente no era una garantía, y sigue sin serlo. El efecto a largo plazo de la psicoterapia o la medicación en muchos casos de delincuentes sexuales es mínima, también porque la motivación de una persona para luchar la dura batalla consigo mismo puede ser bastante artificial y dependiente de la presión de las circunstancias”.

”La tendencia laica de la psicología era la de enfatizar el aspecto de enfermedad mental de los delincuentes en general –pacientes, víctimas de la educación, etc.– en vez de en su responsabilidad ante su comportamiento inmoral.

“El elemento de disciplina y castigo –en el caso de los sacerdotes y religiosos, la penitencia– era impopular, y a esto se añadió frecuentemente una flagrante falta de consideración de los sufrimientos y las necesidades de las víctimas de estos delitos.

”La psicología tiene una gran responsabilidad sobre esta visión distorsionada e ideológica, y sin ninguna duda afectó profundamente en la forma en que las autoridades de la Iglesia reaccionaron ante las acusaciones de abusos sexuales que se les presentaron”.

Sobre las críticas a la Iglesia por haber permitido que regresaran al ministerio sacerdotes que habían cometido abusos, Aardweg comenta: “Esta crítica está justificada. A las autoridades, en esos casos, se les puede recriminar el hecho de que no tuvieron la prudencia para esperar unos dos años, verificar los resultados del tratamiento, y que no siguieran personal y críticamente el caso. Sus reacciones demasiado débiles fueron, en ocasiones, el camino más fácil. También es verdad que, en general, los psicoterapeutas tenían, y siguen teniendo, demasiada confianza en sus ideas y métodos”.