La injerencia humanitaria, ¿un camino hacia la paz?

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Duración lectura: 5m. 18s.

Bernard Kouchner, fundador de Médicos sin Fronteras y Médicos del Mundo
Durante la década de los 90, el panorama internacional ha sufrido grandes modificaciones: con el fin de la guerra fría y de la oposición entre bloques, ha crecido la conciencia de que la comunidad internacional no podía quedarse inactiva ante las violaciones de los derechos humanos. Frente al sacrosanto principio de no-intervención en los asuntos de otros Estados, se ha abierto paso en el Derecho internacional el “derecho de injerencia humanitaria”. Uno de los portavoces más destacados de este derecho es Bernard Kouchner, diputado del Parlamento Europeo, ex ministro francés de Acción Humanitaria y fundador de las Organizaciones No Gubernamentales “Médicos sin Fronteras” y “Médicos del Mundo”.

Kouchner ha estado en Madrid, invitado por el Club de Debate de la Universidad Complutense, para dar una conferencia sobre “La Acción Humanitaria. Diplomacia Preventiva”. La generalización de las ayudas de urgencia aportadas en caso de catástrofe natural ha familiarizado a la opinión pública con la idea de una “injerencia” de tipo humanitario. En caso de situaciones de excepción creadas por la violación de los derechos humanos, la legitimidad del derecho de injerencia por parte de la comunidad internacional estaría por encima de la soberanía de los Estados. Pues este atentado contra los derechos humanos es un peligro para la seguridad de todos.

— ¿En qué se basa el derecho de “injerencia humanitaria”?

— También podría llamarse derecho de “urgencia internacional” o “dispositivo de prevención de guerras” o “diplomacia preventiva”. El principal problema hoy es evitar los conflictos y las catástrofes humanas masivas que producen. El mundo es de todos, ésta es una de las lecciones del humanitarismo. Para eliminar la opresión no basta con aplaudir la democracia, no se acaba con la guerra mejorando la acción humanitaria. ¿Acaso hay que dejar morir a miles de civiles con el pretexto de que la política debe recuperar su papel, la diplomacia su prudencia y la historia de la colonización sus fantasmas? ¿Van a seguir haciendo los voluntarios un trabajo en solitario, mientras los Estados conservan su soberanía y el derecho sobre la vida de sus ciudadanos?

Para parar una guerra

— Luego las organizaciones no gubernamentales no pueden suplantar el papel de los Estados…

— ¿Con qué dinero? La acción del voluntariado es fundamental, pero no suficiente. Sin dinero y sin armas no se puede parar una guerra. Lo vemos también en la ONU, donde estamos asistiendo a un episodio dramático de su historia. El problema de la ONU es que no tiene dinero, pide a los países el envío de tropas para evitar genocidios, y éstos no le han respondido. No es una crisis de la ONU, sino de los países que la forman. Espero que la situación cambie porque, sin la ONU, sólo nos queda Estados Unidos…

— En Francia se debate la posibilidad de crear un ejército profesional y sustituir el servicio militar por un servicio civil. ¿Cree usted que esto favorece al voluntariado?

— Hace falta crear un ejército profesional. Lo hemos visto en Bosnia, donde la presencia de nuestro ejército no ha sido eficaz porque estaba formado por soldados de reemplazo. Por otro lado, soy partidario de la idea de sustituir el servicio militar por un servicio cívico, incluso obligatorio, para hombres y mujeres. Tendría dos vertientes: una de ayuda humanitaria en el extranjero y otra dentro de Francia, para estar cerca de las personas que sufren en las cárceles, colaborar en la educación popular, en la defensa del medio ambiente, etc. Sería el modo de fomentar una conciencia cívica en los ciudadanos. Pero el debate no ha hecho más que comenzar.

La profesionalización de las ONGs

— Las organizaciones no gubernamentales avanzan hacia la profesionalización. ¿Es compatible la concepción altruista del voluntariado con estructuras cada vez más empresariales dentro de las ONGs?

— El voluntariado siempre es bueno, pero la profesionalización de las ONGs viene dada por la propia evolución técnica y científica de la acción humanitaria. Lo vemos en Francia con Médicos sin Fronteras. Hay personas que se marchan durante uno o dos años a países del Tercer Mundo y cuando vuelven se encuentran desconectados, sin trabajo, y eso no es justo; pienso que habría que pagarles algo. Esta evolución también se está dando dentro de la propia organización del Estado, con la creación de Ministerios de Medio Ambiente, de Sanidad y Ayuda Humanitaria, etc. Y lo más importante, está cambiando la conciencia en Europa. Actualmente la Unión Europea es la entidad que más dinero aporta a la ayuda humanitaria. Todo esto es profesionalización.

— Hay quien dice que esta dependencia del Tercer Mundo de la ayuda extranjera es una nueva forma de colonialismo.

— Pregúntelo a las víctimas… Una mujer que ve cómo mueren sus hijos por falta de alimentos jamás despreciará una ayuda, y tampoco nosotros podemos dejarlos morir, por miedo a un falso “colonialismo”.

— ¿Qué piensa del papel que está desempeñando Estados Unidos como árbitro de la ayuda humanitaria en algunos conflictos como los de Bosnia o Haití?

— Europa no ha sido capaz de imponer la paz en Yugoslavia. Lo ha hecho Estados Unidos y eso es mejor que nada. Pero nos hemos equivocado. Nos ha faltado coraje, nos hemos mentido a nosotros mismos. De todos modos, los acuerdos de Dayton sólo son el principio, aún hay que transformar esa paz cimentada sobre la purificación étnica, en una democracia auténtica.

— ¿Por qué Europa no toma más en serio la “diplomacia preventiva”?

— Porque los Estados aún se rigen en sus relaciones por el respeto a la soberanía nacional. Francia, por ejemplo, nunca cederá su defensa nacional porque sería como ceder su libertad nacional. Yo soy partidario de una Europa federal, de un gobierno federal, de una defensa común, pero hay que tener paciencia. Se necesitó un siglo para hacer los Estados Unidos, y Europa sólo lleva cuarenta años en formación. La Historia camina lentamente.

María Fernández de Córdova