Educar a los jóvenes para que sepan manejar riesgos

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Para superar la tendencia fatalista de la cultura del miedo, Frank Furedi concluye su libro (1) con una propuesta de cambio sobre el modo de socializar a las nuevas generaciones.

“Las nuevas actitudes modernas sobre la crianza y la educación desempeñan un papel principal en el aumento de la importancia concedida al miedo en nuestra vida”.

“Que algo realmente importante ha fallado en la socialización de los jóvenes se demuestra por las numerosas iniciativas lanzadas para proporcionar a los niños y a los jóvenes más autoestima, más confianza, más resiliencia o más valentía. (…) Desgraciadamente, la introducción de una nueva moda es difícil que mejore la situación, ya que apela a una técnica para resolver un problema de socialización”.

“Los que propugnan enseñar resiliencia y valor asumen erróneamente que esas técnicas pueden servir para formar el carácter de los niños. Este enfoque tiende a percibir el carácter como resultado de una técnica que se adquiere con entrenamiento. Pero cualquiera que haya dedicado tiempo y esfuerzo a cultivar el carácter en las aulas sabe que de lo que se trata es de estimular el desarrollo de las cualidades morales. El carácter es un concepto moral que implica la posesión de virtudes, la más importante de las cuales es tener buen juicio”.

“Los adultos deben abandonar su confianza unidimensional en la validación terapéutica como primer instrumento de socialización. Necesitan tomarse más en serio la educación moral de los jóvenes”.

“El modo actual de proteger a los niños no les ayuda a estar más seguros, ya que los impulsa a ser esclavos de su seguridad”

“Calificar a los niños como grupo ‘vulnerable’ y ‘de riesgo’ no les hace ningún favor. Padres, profesores y otros adultos quieren naturalmente proteger a los niños de los posibles daños. Pero el modo actual de proteger a los niños no les ayuda a estar más seguros, ya que los impulsa a ser esclavos de su seguridad. Este ethos de protección infantil refuerza una prolongación de la dependencia –innecesaria y sin precedentes– respecto a los padres y los adultos. (…) En vez de aislar a los niños de los aspectos estresantes y amenazantes de la vida, deberían ser educados para comprenderlos y para desarrollar su capacidad de manejar las experiencias decepcionantes y dolorosas”.

Miedos de adultos

Esta fijación en la seguridad de los niños es en el fondo un recurso de los adultos contra sus propios miedos, sostiene por su parte el psiquiatra norteamericano Mark McDonald. En una sesión pública convocada por las autoridades escolares de Orange County (California) a propósito del coronavirus, McDonald dijo (su intervención fue recogida en parte por The Wall Street Journal, 15-07-2020):

“Los padres habremos de afrontar muchos momentos de ansiedad: ver a nuestros hijos ir por primera vez a la guardería, a su primer campamento, a su primer día en la universidad. Quizá queramos tenerlos en casa para protegerlos del mundo, que puede ser sin duda temible. Pero seamos claros: cuando obramos así, en realidad no estamos protegiendo a nuestros hijos. Solo intentamos gestionar nuestra propia ansiedad, y eso va en perjuicio de ellos”.

“Hemos de tomar decisiones en el mejor interés de los hijos. Si no –si, paralizados por el miedo, seguimos actuando por puro interés propio–, criaremos a toda una generación de jóvenes traumatizados, condenados a adolescencia perpetua en casa de sus padres, incapaces de abrirse paso en la vida con independencia, valentía y confianza. Ellos se merecen algo mejor, y nosotros se lo debemos como padres”.


(1) Frank Furedi, How Fears Works. Culture of Fear in the Twenty-First Century, Bloomsbury Continuum, Londres (2018).
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