El Despertar, el fenómeno de una generación en búsqueda de sentido

publicado
DURACIÓN LECTURA: 6min.
Foto: cortesía de It's Time To Think

*Nota editorial: Aceprensa ha sido patrocinador de El Despertar 

“Ante la precariedad, trabajo bien hecho. Ante la fragmentación, vínculos. Ante la falta de propósito, trascendencia”. Ese es el espíritu de El Despertar, el evento que ha reunido a más de 6.000 jóvenes en el Palacio de Vistalegre de Madrid para reflexionar sobre el sentido de la vida, la comunidad, la acción colectiva y sobre cómo recuperar unos valores compartidos que faciliten la convivencia y nos encaminen al bien común.

El evento apeló al “despertar de una generación”. Una generación, sugieren desde su manifiesto, que se ha cansado del nihilismo, que ya no quiere la libertad falsa del individualismo y que anhela conservar lo mejor de la tradición, con la esperanza de construir un futuro más bello.

Así, aunque todas las edades estuvieron presentes, el público de Vistalegre era fundamentalmente joven. De los que tienen títulos de doble grado y máster, sueldo mínimo y problemas para acceder a la vivienda. De los que están protagonizando el llamado “giro católico” y conservador. De los que quieren una conversación pública que trascienda el “zasca” y el último chascarrillo político. 

No surgió de la noche a la mañana

Todos los intentos por entender qué sucedió en Vistalegre serán en vano si antes no se repara en quiénes lo organizaron.

Detrás de El Despertar se encuentra It’s Time to Think, una iniciativa que busca acercar a los jóvenes a las grandes ideas, invitándoles a debatirlas, pensarlas, enfrentarlas y vivirlas. Se ha dado a conocer a través de los Thinkglaos, encuentros en los que un ponente habla sobre un tema sorpresa durante 18 minutos, mientras los demás lo escuchan, sentados en el suelo, preparándose para los 45 minutos siguientes de preguntas y diálogo. Se remata con cervezas y pizza, una manifestación del anhelo de crear comunidad a la vez que se para a pensar.

La vocación de It’s Time to Think es la de superar la polarización, fomentar la conversación y redescubrir cuáles son los valores universales que unen a los seres humanos. Esta suerte de filosofía de calle entre cañas, dirigida especialmente al público joven, ha logrado una enorme popularidad y a día de hoy los Thinkglaos se celebran ya en más de 30 ciudades y varios países. Su formato y éxito es lo que está detrás de El Despertar.

Fue este espíritu el único hilo conductor claro del acontecimiento, cuya identidad se mantuvo difusa. Desde el comienzo se dejó claro que no era ni un evento cultural, ni una conferencia, ni una fiesta… sino más bien una “chispa”. La manifestación de un anhelo: de volver a encontrarnos, volver a unirnos, volver a trascender. Algo que se lograría a través de tres diálogos, centrados en torno a la fragmentación, la precariedad y el sentido. Tres temas que permean la sociedad y vertebran la vida de los jóvenes 

Antes del diálogo se dio espacio para el silencio. Pues, como señaló Jacques Philippe, encargado de los 17 minutos dedicados a este tema, “esta actitud de recibimiento es lo que hace posible la comunión”. Este monje recalcó la importancia de callar al yo para acoger al otro. Resaltó la necesidad de apagar el ruido para poder escuchar y reflexionar sobre uno mismo y la propia historia personal. Toda una reivindicación de la interioridad en tiempos de saturación. 

Diálogo y autoafirmación

Las ponencias que siguieron, sin embargo, más que diálogos en los que se acoge al otro en su condición de otro o se examinan posturas contrarias, funcionaron más como ocasiones de autoafirmación. No es que no se hayan cuestionado ideas, sino que no hubo mucha necesidad de buscar un terreno en común, pues todos parecían estar de acuerdo y apuntando a una misma dirección, una que se conocía desde antes que se encendiera la “chispa”. Ponentes y público se retroalimentaron sobre las carencias sociales ya diagnosticadas, prescribiendo medicinas ya identificadas.

El primer panel, en el que intervinieron Ana Iris Simón, Juan Soto Ivars y Jano García, se centró en la fragmentación comunitaria y personal. Los tres ponentes reflexionaron sobre el significado de lo que nos ha sido dado y lo que hemos recibido para nuestra identidad. La escritora señaló lo crucial que es reconocer de dónde venimos para saber quiénes somos y a dónde vamos: “Somos lo que hemos recibido, no solo lo que elegimos”, dijo. García se centró en lo importante que es tener, y reconocer, unos valores comunes heredados. Y Soto Ivars, por su parte, subrayó cómo el antídoto para la fragmentación no es más que el lazo con el otro: “El vínculo anula el prejuicio”.

El siguiente diálogo se centró en el trabajo, la precariedad y cómo reencontrar el sentido en la profesión. Fabrice Hadjadj, Juan Manuel de Prada y Antonini de Jiménez reflexionaron sobre cómo escaparse de los “bullshit jobs” y la necesidad de actuar: si las instituciones están podridas, tenemos que generar nuevas; si los sindicatos están al servicio del poder, tendremos que crear nuevas organizaciones que defiendan al trabajador.

El último panel contó con René ZZ, Sarab Rey y Pedro Herrero, y versó sobre la falta de sentido y cómo encontrarlo. Mientras los primeros dos hablaron de encontrarlo en Dios, el último, “representante de los ateos”, se centró en cómo lo había descubierto en su familia. Aquí se presentó  la oportunidad más evidente de establecer un diálogo, en el sentido pleno de la palabra, cuando del público preguntaron qué admiraban los ponentes que creían en Dios del que no y viceversa. Lo cierto es que la pregunta no se respondió.

En conjunto, aunque algo extravagante y, en ocasiones, disperso, El Despertar logró el objetivo que se proponía: recordar que hay más conversación y puntos de vista comunes de los que parece a primera vista en el debate mainstream

Algunos medios han leído este evento en el marco del auge de una nueva derecha o del giro religioso. Pero lo cierto es que el aforo completo del palacio de Vistalegre tiene poco que ver con una conspiración partidista nacionalcatólica, y más con una huida del vacío que propone la fragmentación contemporánea y la precariedad material y existencial. No una huida al abismo, sino una búsqueda de propuestas verdaderas que trasciendan la oferta de los mesianismos políticos.

Su éxito es la manifestación de la necesidad de superar los debates polarizados y maniqueos, de articular una cultura del diálogo y, sobre todo, de buscar un sentido de la vida y de la libertad que trascienda el relativismo y el carpe diem. 

El Despertar quiere poner en marcha un movimiento, no una fuerza política; una corriente que todavía no tiene nombre (según reconocen los mismos promotores). Sí tienen claro de dónde vienen: de una posmodernidad que ha agotado su propuesta líquida. Pero no adónde van. Sin embargo, puede que no les haga falta. Parece que son de los que piensan que se hace camino al andar. 

 

2 Comentarios

  1. Asistí y nunca lo habría calificado de extravagante.
    Tampoco estoy segura de que no se respondiera la pregunta de qué valora un creyente de un ateo: eres buscado por Jesús (con todo lo que implica); y qué valora un ateo de un creyente: se ha sentido siempre cómodo cuando le han invitado.
    En lo demás coincido en el análisis.

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