Progreso y religión en Asia y Europa

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Duración lectura: 4m. 3s.

“Valores y religión en relación con el progreso” es el título de uno de los cuatro grupos de trabajo del Foro Euroasiático de Manila que reunió en la capital filipina en diciembre de 1997 a 130 personalidades del mundo europeo y asiático de las más diversas tendencias, creencias y nacionalidades. El informe del Foro acaba de hacerse público el pasado marzo. Las conclusiones del grupo reflejan una visión extremadamente positiva del papel de la religión en el progreso, y ello a pesar de, o gracias a, la diversidad de religiones (islámica, hinduista, budista y cristiana), y a la diferencia de culturas de las personalidades presentes en el foro.

El Foro estaba organizado por el Centro de Investigación y Comunicación de Manila y el Instituto Asiático de Estrategia de Kuala Lumpur, con el apoyo de la Comunidad Europea. Su objetivo: aportar experiencia y elaborar recomendaciones políticas para las relaciones entre Europa y Asia, y especialmente para los debates de la reunión intergubernamental conocida por ASEM (Asia Europe Meeting) que ha tenido lugar en Londres en abril de 1998. Extractamos algunas de las conclusiones.

Progreso y valores. Al medir la influencia de los valores y de la religión en el progreso, se debe corregir la idea de que el progreso sólo ha tenido un efecto negativo en los valores tradicionales. Progreso y valores interactúan constantemente. La visión secular y neutra del progreso, un punto de vista típicamente occidental, unido a un extremado individualismo y liberalismo ha tenido efectos dañinos. Por el contrario, Asia ha tratado más bien de buscar un equilibrio entre el conocimiento y otros aspectos de la vida. Para la mayoría de los asiáticos el progreso ha supuesto un resurgir en la apreciación de los valores y de la religión.

Progreso no significa necesariamente secularización. Para lograr un progreso humano verdadero, todo desarrollo tecnológico y económico deberá llevarse a cabo en el contexto de los valores humanos. Religión, valores y cultura constituyen las bases del progreso material. La dimensión espiritual es el marco de todo buen gobierno y constituye su verdadero fin. Es entonces cuando el progreso promueve un auténtico desarrollo humano.

Valores en Asia y en Europa. En vez de hablar de ‘valores europeos’ y de ‘valores asiáticos’ parece más apropiado hablar de valores en Asia y en Europa. En cada una de las dos culturas hay también contravalores o vicios. Para promover el verdadero progreso no hace falta crear una especie de paquete de valores idénticos en Europa y en Asia. Sin embargo, es necesaria una actitud de apertura mutua que permita descubrir las creencias básicas que subyacen en los diferentes valores y promover los positivos.

En lugar de señalar las culpas de los demás podemos ayudar activamente al otro. Asia puede aprender de Europa y Europa debería también aprender de Asia. Debemos evitar las comparaciones que suponen colocar una cultura por encima de otra.

Diferencias religiosas. Las diferencias en las creencias religiosas, valores, comportamientos y maneras diferentes de actuar deben ser respetadas. Pero esto no significa relativismo. El respeto mutuo entre gente de ideas y prácticas diferentes es compatible con un proceso objetivo y sincero de clarificación. Podemos identificar los valores humanos genuinos, los llamados valores universales usando un parámetro común o un marco basado en la verdad acerca del hombre. Los auténticos valores humanos dependen de la verdad y la verdad se hace patente en la religión.

Una auténtica relación con Dios lleva a la comprensión, a la buena voluntad y a la cooperación entre los pueblos. El problema puede surgir de la discrepancia entre los principios y el comportamiento.

Deberes y derechos. Tanto europeos como asiáticos deben reconocer que la persona es un ser social por naturaleza. Sus acciones individuales tienen consecuencias sociales, y por ello suponen derechos y deberes. Se recomienda elaborar una Declaración Universal de Deberes o Responsabilidades Humanas como complemento a la Declaración Universal de Derechos Humanos. En esta Declaración se prestará especial atención a las responsabilidades de los líderes, cuya conducta debe responder a pautas especialmente exigentes, puesto que su papel es servir a la sociedad. La declaración insistirá, entre otras cosas, en la necesidad de mantener un alto nivel ético, que incluye la necesidad de luchar contra la corrupción. El grupo de trabajo insiste en la importancia de la familia. Nos parece que Europa tiene mucho que aprender de Asia en este campo.

La política social debe respetar la integridad y libertad de las familias, al tiempo que atenderá a los derechos del individuo y en particular a mujeres, niños y ancianos.

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