“Parados de Europa, uníos”

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Duración lectura: 2m. 48s.

En los doce países de la Unión Europea hay 18 millones de parados, lo que supone el 10,8% de la población activa. Y aunque todo el mundo asegure que el paro es el problema más importante, los desempleados se quejan de que no reciben suficiente atención por parte de los sindicatos, cuyas reivindicaciones han beneficiado tradicionalmente a los trabajadores en activo. Siguiendo el lema de que la unión hace la fuerza, se fundó en 1990 la European Network of Unemployed (ENU), una red europea que hoy agrupa organizaciones de parados de 11 países.

Según un reportaje que le dedica Le Monde (28-XI-94), las asociaciones de parados -nacionales o regionales- que se adhieren a la red europea son bastante heterogéneas. Pero todas coinciden en combatir el aislamiento social de los parados. Las prestaciones a sus miembros pueden consistir en asesoramiento en cuestión de seguridad social, formación profesional y trámites judiciales. También suelen darse ayudas psicológicas para combatir el sentimiento de culpa que a veces provoca el desempleo.

La red de asociaciones británicas de parados ha promovido una iniciativa interesante y solidaria. Se trata del One Fund for All, con el que se pretende que los que tienen empleo dediquen una libra al mes para alimentar un fondo especial destinado a los parados.

En Gran Bretaña, la UCE disfruta del reconocimiento y ayuda de los sindicatos, aunque la pérdida de influencia de éstos les ha llevado a disminuir las subvenciones.

En Finlandia, las asociaciones de parados -de larga tradición- dejaron de existir al final de la década de los años 80, cuando el país batía los récords de crecimiento económico de la OCDE. Pero renacieron en 1991, durante una de las peores crisis de empleo acaecidas desde el final de la guerra. Los miembros de estas sociedades pueden seguir cursos de formación encargados a profesores o técnicos que han pasado en su mayoría por el paro y que reciben el salario de los sindicatos.

A diferencia de Gran Bretaña y Finlandia, lo habitual es que los sindicatos miren con recelo a las organizaciones de parados, que desean convertirse -es el caso de Holanda- en el cuarto interlocutor social, con el mismo derecho a dialogar con los sindicatos, la patronal y el gobierno.

Frente a las asociaciones de parados, los sindicatos holandeses han reaccionado creando un secretariado específico para desempleados. Pero Jo Bothmer, uno de los fundadores de la rama neerlandesa de la ENU, dice que sólo es una estrategia: “Los sindicatos fingen ignorarnos. Pero tienen un problema: afirman luchar a la vez contra el paro y a favor de la subida de salarios”.

En la antigua Alemania del Este, las iniciativas de asociaciones contra el paro eran hasta hace poco privadas o confesionales. Desde 1990 -coincidiendo con la caída del comunismo y una nueva avalancha de desempleo- se fundó la asociación de parados (ALV), con sede central en Berlín, y alentada por el partido socialista. La ALV está implantada en los seis nuevos Länder del Este. Sus sesenta empleados se encargan de la administración y dan trabajo a 2.500 voluntarios, muchos de ellos en paro. Desde el mismo año 1990 forma parte de la red europea ENU y ahora pretende implantarse en la zona occidental de Alemania.

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