Otro modo de trabajar, para que la sociedad mejore

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Duración lectura: 14m. 6s.

CD-ROM sobre empresa y bien común
La idea de que el trabajo hecho con competencia y sentido cristiano es un medio para ir hacia Dios no solo transforma la vida del trabajador, sino que también repercute positivamente en su entorno. Así puede comprobarse en los testimonios recogidos en un CD-ROM (1) publicado por el IESE Business School-Universidad de Navarra, en el que personas de los cinco continentes cuentan cómo las enseñanzas del Beato Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, han influido en su modo de plantearse el trabajo.

Carlos Cavallé -profesor del IESE que ha seleccionado los testimonios- asegura que el CD servirá de ayuda y consulta para todos aquellos que “desde la empresa tienen la preocupación de poner en práctica el mensaje de la santificación del trabajo que difundió el fundador del Opus Dei”. El disco está dividido en nueve temas y cada uno contiene entre diez y quince testimonios, muy vivos, de personas de todo el mundo. Además, el CD incluye citas y selecciones de vídeos del Beato Josemaría Escrivá sobre la santificación del trabajo. Seleccionamos algunos fragmentos de testimonios de cada tema.

Enfrentarse a la corrupciónMatthew Njogu. Gerente. Kenia.

Soy gerente de Hawkings Associates, una consultora de recursos humanos en Nairobi. Cuando alguien me pregunta sobre cómo influye en mi trabajo el espíritu del Opus Dei, suelo responder comentando algunos aspectos.

La honradez. En los negocios está muy extendida la mentalidad de que el objetivo es “ganar cuanto antes y cuanto más, mejor”. Esta mentalidad hace fácil sucumbir a la tentación de las comisiones y sobornos. En el Opus Dei he aprendido a tener fortaleza. En nuestra empresa, por ejemplo, tenemos por norma no aceptar ningún regalo. Todo regalo es devuelto con una carta en la que se explica el porqué de nuestro modo de proceder (aunque algunos no lo entiendan). Recuerdo una ocasión en que nos adjudicaron un proyecto del gobierno. Fui a entrevistar a la segunda persona más importante del ministerio del que dependía el asunto. Después de saludarme, me preguntó: “¿Qué regalo me ha traído usted? Seguramente sabrá que tendré que firmar todos los cheques que ustedes cobren”. Me quedé de piedra. Por supuesto, le dije que no habría regalo alguno. Gracias a Dios, el contrato estaba ya firmado y, poco después, aquel individuo fue trasladado a otro departamento.

La preocupación por los demás. En mi empresa trabajan dieciséis empleados. La hora del almuerzo no constituye ningún problema para los directivos, pero sí para los empleados que viven lejos y no pueden permitirse el lujo de comer fuera de casa todos los días. Por eso, decidimos instalar un snack en el local para los empleados. Algún empresario nos comentó que eso era un disparate, que nos resultaría costoso y que la gente abusaría de nuestra generosidad. En la práctica, todo ha ido bien.

Valorar a las personas. He aprendido en el Opus Dei a ver en cada persona un hijo de Dios. Para nosotros, toda persona merece consideración -más si está apurada buscando trabajo- y su tiempo no es menos importante que el nuestro. Por eso, tratamos de no hacer esperar a la gente: anotamos en un impreso la hora en que llega una persona a nuestras oficinas; luego, anotamos la hora en que se le atiende. Y estudiamos la forma de evitar que por culpa nuestra pierdan el tiempo.

La defensa de la familia. Hemos prohibido a los empleados que se queden a trabajar hasta horas tardías porque somos conscientes de que los hijos necesitan de sus padres. Esta prohibición rige con especial firmeza para las mujeres.

Editar con competencia profesionalSerah Mwangi. Editora. Kenia.

Me incorporé al sector editorial en 1991 cuando, con mi hermana Rose y dos amigos, constituí Focus Publications Ltd., de la que soy directora general. Nuestro principal objetivo es transmitir a través de la palabra impresa nuestros ideales cristianos.

La mayoría de los kenianos no leen por entretenimiento, por lo que apenas compran novelas. Y los que leen, compran bestsellers occidentales, más pendientes del nombre del autor que de la calidad del contenido. Nosotros deseábamos promocionar obras de ficción de autores noveles, un campo que, por poco lucrativo, estaba abandonado.

Muchos de los autores que recurren a nosotros tienen poca experiencia. Cuando descubrimos a un escritor potencialmente bueno, no escatimamos esfuerzos para ayudarle a desarrollar su talento; procuramos inculcarle el hábito de transmitir valores humanos nobles en sus escritos. Esto exige largas conversaciones con el autor, infundiéndole una visión optimista y positiva de la vida, incluso cuando el tono del argumento de sus libros es más bien gris. Muchas veces, resulta una tarea ardua hacer ver al autor que su libro se venderá sin necesidad de recurrir a lo morboso. Hemos tenido grandes alegrías en este campo: dos o tres novelas publicadas por nosotros, además de venderse bien, han ganado premios nacionales e internacionales, lo cual nos da la razón.

Estos éxitos han atraído a autores veteranos y, para gran sorpresa nuestra, sus obras están libres de pornografía, incluso cuando otros libros publicados en otras editoriales sí la tienen.

Otro frente en el que debemos luchar es el de los impresores. Ofrecer libros de calidad exige mucha paciencia y tiempo: a algunos impresores les cuesta entender por qué nos molestamos tanto en asegurar un registro igual en todas las páginas de un libro, o una misma intensidad de tinta o un buen corte de los bordes del papel para que no se rompa el lomo del libro. Cuando insistimos en que cuiden estos “pequeños” detalles, nos catalogan como clientes difíciles. Sin embargo, poco a poco, es posible ver cierta mejora en el acabado de los libros, e incluso los propios impresores acaban por enorgullecerse de la calidad de su trabajo.

En julio de 2000, publicamos un libro titulado AIDS Education for the Youth. Se dirige a los jóvenes y les ayudar a comprender el papel del sexo en el amor humano, tal como Dios lo creó. El autor señala los peligros de la infección por SIDA como consecuencia de la promiscuidad, a la vez que anima a los jóvenes a practicar la abstinencia y a prepararse para el matrimonio con un noviazgo limpio. Este libro se ofrece como libro de texto a los institutos de enseñanza secundaria.

Nuestro objetivo es inundar el mercado con esta publicación para que los jóvenes sepan atenerse a la verdad antes de que les engañen. Para lograrlo, hemos ofrecido el libro a organizaciones de las Naciones Unidas como UNICEF, a ONG como Maendeleo Ya Wanawake, Plan International y a distintas confesiones religiosas. Estas entidades suelen comprar libros a gran escala para distribuirlos gratuitamente entre los jóvenes. Podrán llegar a mucha gente dentro y fuera de Kenia. Estoy convencida de que su inversión vale la pena.

Un pie en HollywoodHeriberto Schoeffer. Productor de cine. Estados Unidos.

En lugar de quejarme del influjo negativo que la industria del espectáculo tiene sobre la dignidad de la persona, decidí, hace diez años, hacer algo al respecto: me trasladé con mi familia a Hollywood para fundar una productora de cine. No ocultaré que ha sido un trabajo arduo: empecé con poca experiencia, no conocía a nadie en el sector y carecía del capital necesario. Me dije: “lo mejor es enemigo de lo bueno” y, paso a paso, con la gracia de Dios y con mucho trabajo, he conseguido montar una pequeña productora de cine independiente cuyo objetivo es producir y distribuir películas orientadas a la familia, que sean entretenidas y convincentes, que expresen afirmación de la vida, que lleven la esperanza al público y que eleven su sensibilidad espiritual.

Hace poco que produjimos nuestra primera película. Es un film inteligente que tiene un mensaje positivo para las familias. Los actores -muy conocidos- se sintieron atraídos por el guión debido a su mensaje optimista. Terminada la película, la enviamos a la Motion Picture Association of America (MPAA) para que le dieran su calificación. Uno de los directores de la MPAA hizo algo tan poco habitual como llamarme para comentarme: “¡Su película es una bocanada de aire puro. Ojalá tenga éxito para poder seguir haciendo películas así!”.

Lentamente, la compañía se está forjando una reputación en Hollywood. Un productor cinematográfico de éxito contactó conmigo para hablar de la posibilidad de participar en la producción de un nuevo film, una comedia romántica. Tras reunirme con él unas cuantas veces, nos convocó para asistir a una reunión de desarrollo creativo. El argumento de la película en cuestión gira en torno a la relación entre un hombre y una mujer procedentes de estratos socioeconómicos muy dispares. Estaba previsto que la pareja protagonista entablara relaciones prematrimoniales; sugerí que esperaran a estar casados. La idea fue aceptada y el guión fue enmendado.

No siempre sale bienHéctor Arancibia. Directivo. Chile.

En 1979, tenía yo 26 ó 27 años cuando fui llamado a participar en un proyecto capaz de satisfacer las aspiraciones del más ambicioso ejecutivo. Una empresa de tamaño regular, dedicada a la pesca en alta mar, se había propuesto convertirse en la empresa más grande de mi país. Me ofrecieron un cargo en la dirección, y acepté la oferta.

Trabajamos de lo lindo: en la década 1979-1989 conseguimos crear entre todos una gran empresa, eficiente y próspera que daba trabajo a mucha gente. Por aquel entonces yo no era del Opus Dei; mi mujer, sí.

A partir de 1987 comencé a leer las obras del Beato Josemaría y a asistir a los retiros que organizaba el Opus Dei. Descubrí lo que buscaba: la dimensión cristiana de mi vida de familia, de mi vida de trabajo… En 1989 pedí la admisión y me lancé a hacer apostolado: les decía a mis colaboradores que si es bueno hacer las cosas bien, más gozo se siente cuando el trabajo bien hecho se ofrece a Dios. Ellos se daban cuenta de que su jefe, gracias al Opus Dei, había dado un hondo cambio.

A principios de los noventa, se inició -a alto nivel- una campaña de fusión de empresas que comportaba la supresión de muchos empleos. Yo no podía ver con buenos ojos que toda aquella gente que había contribuido a levantar la Empresa Grande fuera puesta en la calle. Durante tres años luché contra el despido ofreciendo diversas alternativas. A la larga, se optó en las altas esferas por la solución más cómoda y utilitarista de eliminar gente. Después de asegurarme de que no podía hacer nada más por mis trabajadores, renuncié a mi puesto de directivo en 1993. Todavía doy gracias a Dios y al Beato Josemaría por haberme dado fuerzas para luchar por los puestos de trabajo de mis empleados hasta el final. Ahora puedo ofrecer a Dios el disgusto de no haberlo logrado. Él sabe más.

Mantener los puestos de trabajoFranz Borgers. Sector de automoción. Alemania.

A mediados de los 90, los precios de las materias primas experimentaron subidas espectaculares y muchas empresas de nuestro sector arrojaron la toalla. Las mejores se vendieron a los grandes conglomerados.

Mi empresa recibió un par de ofertas muy prometedoras. Eso representaba un alivio para nosotros, pero también una tentación: la de seguir el camino más fácil, que no era el más conveniente para asegurar el trabajo de nuestros empleados.

Por eso, reflexionando sobre las enseñanzas del Beato Josemaría, decidí no vender. Expliqué mis razones a los otros miembros de la familia, puse en marcha en la empresa una campaña de ahorro e innovación y, poco a poco, fuimos superando la crisis. Los despidos no fueron catastróficos y tuvieron una corta duración.

Franz Borgers

Hoy, nuestro negocio ha crecido en calidad y cantidad: hemos aumentado nuestra plantilla, ofrecemos productos nuevos y mejores, y tenemos algunos excelentes proyectos a largo plazo que empezaremos a desarrollar en los próximos años.

Reconozco que el fundador del Opus Dei ha influido en muchos aspectos de mi trabajo. Uno de ellos es la voluntad de tener presente en todo y para todo a la Virgen María; los vestíbulos de todas nuestras plantas en Europa (un total de 19 en 17 ciudades) están presididas por una imagen de Nuestra Señora (¡todas distintas!), en la mayoría de los casos acompañada de flores frescas. Esta costumbre resulta poco habitual en el norte de Alemania, y aún menos en Suecia, Inglaterra y la República Checa. Esto explica por qué no se ven fotos de mal gusto en nuestros talleres, como desgraciadamente suele ocurrir en las fábricas de automoción.

En cierta ocasión, un joven de Alemania Oriental, hijo de un antiguo funcionario comunista de alto rango, visitaba una de nuestras plantas. Al descubrir una imagen de la Virgen, comenzó a hacer preguntas. Pronto iniciamos clases de catecismo con el joven. Hoy, ha recibido el bautismo, ante la gran sorpresa de su padre ateo.

Algo similar ocurrió a un joven empleado francés en prácticas que, al volver a su país, recibió el bautismo porque había palpado el espíritu cristiano en una de nuestras plantas de Alemania.

Viviendas para los trabajadoresRamón Santos. Empresario. Filipinas.

Ramón Santos es ex presidente de una compañía multinacional estadounidense que produce alumbrados eléctricos para instalaciones residenciales, comerciales e industriales. Con el tiempo, se dio cuenta de que muchos trabajadores de su fábrica se pasaban las tardes después del trabajo bebiendo con sus amigos: no tenían ganas de volver a casa, con sus familias. Muchos de ellos malvivían en chabolas. Sus hijos hacían otro tanto: se quedaban a merodear por las calles al salir del colegio. Eso provocaba otros problemas, como un bajo rendimiento escolar de los niños.

Ramón calculó que lo máximo que estas familias podían llegar a aportar para la construcción de su vivienda era el 20% de sus ingresos netos totales, incluyendo los del marido y los de la mujer. Se dirigió al Consejo de Administración de la empresa para que le cedieran un pequeño e improductivo solar situado cerca de la fábrica y de las chabolas de los trabajadores. También pidió a la compañía que se creara un fondo de 2 millones de pesos para costear la edificación de unidades de alojamiento; el fondo se repondría con los pagos mensuales de los trabajadores, a medida que las viviendas se fueran construyendo.

La ventaja de construir al mismo tiempo muchas viviendas fue que el coste se rebajó, de modo que encajaba en el plan de pagos mensuales que Ramón había calculado. A largo plazo, el proyecto proporcionó techo al 90% de los trabajadores de la fábrica, beneficiando a doscientas familias.

Más notable es aún el efecto que este proyecto tuvo sobre los trabajadores y sus familias: los trabajadores dejaron de haraganear después del trabajo; preferían irse directamente a sus casas. Esto propició una mayor paz doméstica y aumentó el sentido de dignidad entre los miembros de las familias. Las familias suprimieron todos los gastos innecesarios, a fin de ahorrar lo suficiente para cumplir con su obligación del pago mensual. También por eso muchos de los trabajadores dejaron de salir a beber por las noches. Los niños, por su parte, ya no vagaban por las calles al salir del colegio.

Una vez construidas las casas, el presidente y su señora hacían dos veces al mes visitas de fin de semana para reunirse con estas familias en sus nuevos hogares. En estas reuniones mantenían conversaciones con los trabajadores sobre sus familias y la educación de sus hijos, se hacían cargo de sus problemas y procuraban transmitirles ideales cristianos. El programa fue beneficioso para ambas partes. La dirección de la compañía estaba muy contenta con los resultados, porque mejoraron la moral y la productividad en el seno de la compañía. A su vez, la relación con el sindicato local se volvió más amistosa y productiva.

______________________________(1) El CD-Rom fue presentado en el Congreso Internacional “La grandeza de la vida ordinaria” (Roma 8-11 de enero de 2002). Se puede adquirir en IESE Publishing (Belén Sáez, [email protected], +34 93 253 64 20) o en las librería de la cadena Troa (30 €).