Mejoran los beneficios, pero no para los trabajadores

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Una tónica general en las empresas de los países industrializados en los últimos años son los buenos resultados económicos. Pero esta situación de bonanza empresarial no está repercutiendo en los salarios de los empleados. Según un estudio de UBS Warburg, la parte de los beneficios empresariales en la renta nacional de los países del G-7 ha llegado a un máximo histórico. En cambio, en los últimos veinte años la parte de los ingresos de las empresas destinados a salarios y otros beneficios para los trabajadores han bajado del 70% al 64%, de acuerdo con las estadísticas de la OCDE.

Incluso en Alemania, a pesar del mal momento que está pasando su economía, los negocios están despuntando. Desde General Electric hasta Deutsche Bank, los buenos balances están reportando dividendos significativos a los accionistas. Pero frente a esto, en el cuarto trimestre del año pasado su economía se contrajo un 0,2% y los salarios, descontada la inflación, cayeron un 1,5% respecto al año anterior. Los empresarios se defienden diciendo que para mantener estos buenos resultados en sus empresas tienen que “mimar” a los accionistas con buenos dividendos.

Uno de los factores que influyen en el estancamiento de los sueldos es la globalización. En un momento en que el comercio internacional ha aumentado hasta suponer un 28% del PIB mundial el año pasado, comparado con el 19% de 1991, las empresas ven cada vez con mejores ojos la deslocalización de sus actividades a países con salarios más bajos. Y no solo las actividades que tradicionalmente se han deslocalizado, sino también otras que hace unos años no eran consideradas susceptibles de sacarse del país, como la contabilidad o la facturación. Gracias a las nuevas tecnologías ahora no es ningún problema tener estos servicios en la otra punta del mundo.

Por este fenómeno globalizador, en las negociaciones salariales cada vez hay que tener más en cuenta la relación con el nivel retributivo en otros países. Algunas compañías, entre las que se encuentra Siemens, consiguieron que sus empleados se comprometieran a ampliar la jornada laboral amenazándoles con llevar las fábricas a Europa del Este. ¿Y los trabajos que solo se pueden hacer en el propio país? Tampoco es un problema para estas empresas, ya que la tónica general es de una gran disponibilidad de trabajadores, sobre todo en aquellos puestos de baja cualificación.

Algunos economistas consultados por el “International Herald Tribune” (11-04-2005) opinan que esta tendencia al escaso aumento de los salarios no puede durar mucho tiempo. Existen varios motivos. Por un lado, la ventaja comparativa de los salarios más bajos en los países en desarrollo tenderá a desaparecer. En la medida que los países de Europa del Este y de Asia se desarrollen más, las demandas salariales de los trabajadores aumentarán.

Otro factor para esperar una normalización de los salarios es la relación que estos tienen con la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Si la capacidad adquisitiva se reduce, caerá el consumo, lo que a la larga perjudica a las propias empresas. En América el crecimiento de los últimos años ha sido propulsado en gran medida por el gasto de consumo, impulsado por créditos baratos, pero esto no es previsible que dure mucho. En Europa, la alta tasa de desempleo debilita los gastos de consumo, y ya se empieza a notar en las economías.

Pero para otros economistas, estos motivos no son de gran peso, sobre todo por lo que se refiere al consumo. Gracias a la globalización, las empresas ya no son tan dependientes del consumo nacional. Las multinacionales cada vez miran más a los mercados exteriores en sus planes de expansión. Por ejemplo, la francesa Carrefour planea para este año y el que viene abrir la mitad de sus nuevos almacenes en China. Por su parte, las empresas de EE.UU. obtuvieron un 27% de sus beneficios en el exterior, comparado con el 21% de 1999.

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