México impulsa la agricultura orgánica como solución para campesinos pobres

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Duración lectura: 2m. 2s.

En México, cerca del 30% de la población -unos 30 millones de personas- vive en el campo. El 80% de los agricultores tienen poco terreno, dos hectáreas o menos. La mayoría son pobres y viven en zonas poco desarrolladas. No es extraño que muchos emigren a las ciudades o a Estados Unidos. Pero hay otra salida, que el gobierno está impulsando: los cultivos orgánicos, sin fertilizantes ni pesticidas artificiales y no trasgénicos.

Con la agricultura orgánica, las pequeñas explotaciones mexicanas son más rentables y competitivas. “Los cultivos orgánicos podrían resolver algunos de los graves problemas que tenemos en México -dice Javier Juseppe, del banco estatal Bancomext-. Hay explotaciones orgánicas de una hectárea o menos, y son viables” (The Wall Street Journal, 28-I-2004). Los costos son más bajos, porque no se usan productos químicos, y los precios de las cosechas más altos, por la creciente demanda de alimentos naturales, que en la última década ha aumentado un 20% anual. Por ejemplo, el café orgánico -que ahora representa el 60% de la producción orgánica mexicana- se paga al menos un 20% más caro que el convencional.

Los cultivos orgánicos mexicanos tienen todavía dimensiones modestas, pero crecen rápidamente. Ocupan a solo unas 30.000 personas, una pequeña parte de los campesinos mexicanos y también del millón largo de agricultores orgánicos que hay en el mundo. Pero el gobierno calcula que el número se habrá duplicado antes de 2010. La superficie cultivada alcanza 120.000 hectáreas, menos que en los veinte primeros países (por ejemplo, Australia tiene 10 millones de hectáreas), pero casi cinco veces más que en 1996. El 90% de las cosechas orgánicas mexicanas se exportan, y el año pasado reportaron al país unos 150 millones de dólares. Aunque es poco en comparación con el total de exportaciones agrícolas mexicanas (4.000 millones de dólares anuales) y el mercado mundial de alimentos orgánicos (20.000 millones de dólares anuales), se ha multiplicado por más de 1,5 desde 2000.

Para vender cosechas con la etiqueta de “producto orgánico” hay que obtener una certificación extendida por un organismo internacional. Los trámites llevan de uno a tres años, según el cultivo de que se trate, y cuestan unos 5.000 dólares. Las ayudas del Ministerio de Agricultura y de Bancomext cubren hasta el 75% de la tasa.